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Foto de Florencia Sigaudo
Vienen por un trámite y se llevan salud
Desde el lanzamiento del Registro del Programa Cannabis (Reprocann) cientos de profesionales de la salud se dispusieron a registrar usuaries y cultivadorxs. El tránsito hacia la legalidad amplía derechos y disminuye miedos para quienes pueden acceder a una consulta médica. En esta nota, conocemos la experiencia de un médico que da acceso a la salud a través del Reprocann.

Desde el lanzamiento oficial del Registro del Programa de Cannabis (REPROCANN) el 12 de marzo del año pasado, la comunidad cannábica que hace un uso terapéutico vio ampliados sus derechos de acceso a la planta. 

Aunque la reglamentación actual tiene como objetivo brindar un marco legal que “permita un acceso oportuno, seguro e inclusivo y protector de quienes requieren utilizar el Cannabis como herramienta terapéutica” las personas muchas veces llegan al consultorio a buscar un permiso para cultivar porque tienen miedo de ir en cana, ser criminalizadxs. 

Ampliación de derechos cannábicos

Con la derogación del decreto reglamentario anterior de la ley 27.350, la nueva reglamentación (883/2020) se puso en marcha una ampliación de derechos para todas las personas usuarias y cultivadoras de cannabis. Pero demos un paso para atrás, recordemos qué se permitía con la antigua reglamentación: acceder a formulaciones farmacéuticas de aprobación por ANMAT/FDA (Importadas, carísimas) para patologías de “consenso internacional”, que en aquel momento era como anticonvulsivante epilepsia refractaria, estimulante del apetito en personas con SIDA y como antinauseoso para personas en tratamiento con quimioterapia. En particular me gusta mucho un fragmento del decreto 883/2020 que dice, casi como pidiendo perdón: “estas restricciones reglamentarias (las de la ley original) configuraron barreras al acceso oportuno del Cannabis por parte de la población y como respuesta a ello, un núcleo significativo de usuarias y usuarios han decidido satisfacer su propia demanda a través de las prácticas de autocultivo”. Porque siendo muy sincero… ¿En qué mente cabe que una ley que promete garantizar el acceso a la salud de una población a través del Cannabis, lo hiciera poniendo tantos palos en la rueda? ¿En qué mente cabe que la población tenga que elegir entre su salud y la ley penal? Gracias a esas personas que eligieron el camino del riesgo y la militancia, es que hoy tenemos una nueva reglamentación de la ley 27.350 que dio paso a nuevas posibilidades para Registro del Programa Cannabis (Reprocann)

Consecuencias de la ilegalidad 

El Reprocann, con todo lo que podemos criticar, trajo tranquilidad a un montón de usuaries y cultivadorxs. Ese es un beneficio innegable para la salud mental. Porque estar midiendo a quién dejas entrar a tu casa, preocuparte cuando en época de floración se siente mucho olor en el edificio, no poder hablar de tu uso de cannabis con tus profesionales de la salud y hasta sentir pánico si un patrullero se estaciona en la cuadra de tu casa, son situaciones que constituyen un daño a la salud mental en sí mismas. Se puede aprender a vivir con el miedo a la criminalización y se pueden buscar alternativas en la desobediencia civil, en la militancia, en el cultivo solidario por fuera de la ley. Sí, por supuesto. Pero la mejor evidencia que puedo poner sobre la mesa es el testimonio de usuaries que acompañé en este último año y un patrón que se repite: la sensación de sacarse algo horrible y pesado de encima.

El Reprocann trajo tranquilidad a un montón de usuaries y cultivadorxs. Ese es un beneficio innegable para la salud mental.

Por supuesto que al festejo hay que acompañarlo de prudencia. Recordemos que todavía hay fuerzas de seguridad que desconocen o desobedecen la habilitación del Reprocann, en situaciones completamente denunciables, que suelen ser difundidas y repudiadas por la comunidad cannábica. Sigue existiendo en época de cosecha el peligro del cogollero, aunque ahora podría ayudarnos la inscripción al registro para denunciar el robo de una planta, de la misma manera que denunciamos cualquier otro bien material.

La consulta por el Reprocann

Pero además de quitarle a la gente el miedo de ir en cana, en la consulta buscamos entender la relación que cada persona desarrolla con el cannabis. A mí me gusta abrir la conversación preguntando: “¿cómo sentís que el cannabis mejora tu calidad de vida?”, y ahí muchas veces uno entiende que además de un uso adulto y responsable, se puede estar haciendo automedicación de diferentes síntomas físicos y psíquicos. Y acá quiero aclarar que cuando digo automedicación no lo digo con el sentido que solemos escucharlo, que es como un reto o un castigo, sino describiendo lo que genuinamente ocurre: que la persona además de fumar cuando tiene ganas, fuma cuando necesita aplacar un síntoma indeseable. Es recién desde ahí que podemos acompañar a la persona a pensar si le convendría alguna estrategia, que puede ser la incorporación de un aceite sublingual, de una crema tópica, de una manteca cannábica, de un té de cogollos, de medidas no farmacológicas, e incluso farmacológicas si se requiere, para que pueda seguir haciendo uso del cannabis cuando lo desea y no cuando necesita aplacar un síntoma, con una reducción de daños de los productos de la combustión.

La consulta es una buena oportunidad para revisar qué aspectos de la salud de la persona no estuvieron siendo atendidos en el último tiempo, así mucha gente que viene buscando un trámite se termina llevando salud. En cuánto al número de plantas, me parece que cultivar 9 plantas en floración te brinda 9 posibilidades de encontrar una cepa con el efecto que necesitás. A la vez que te da un margen de error ante problemas de cultivo y permite abastecerse de suficiente materia vegetal si lo que se busca es hacer extracciones, tinturas, aceites, para lo que se necesita mucha producción.

Y a mí en lo personal me gusta siempre darle a la persona herramientas para que pueda volver a consultar, por ejemplo, si siente que está fumando más de lo que le gustaría o si no le está haciendo bien, recordando que es algo que nos puede pasar a todes y que tampoco hay que demonizar tanto. En ese sentido creo que si dejamos a la persona problematizar su consumo, podemos lograr un mejor vínculo terapéutico.

¿Derecho o privilegio?

Es importante reconocer que todavía hay una deuda muy importante con la población que no puede acceder a una consulta privada, que tampoco cubren las obras sociales y que desde el Estado se cubre solo con profesionales comprometidxs que se capacitaron por voluntad propia y a cuentagotas. En esa línea, se puede llegar a pensar que el Reprocann sirve  para beneficiar a la medicina privada (declaro abiertamente mi conflicto de intereses por dedicarme al sector privado). A un año de su creación, está claro que la vinculación al Reprocann se convirtió en un bien de consumo más y que ese acceso no tiene tanto de “oportuno, seguro, inclusivo y protector” para quien no puede acceder realmente.

Me gusta pensar que es lo mejor que tenemos, mejor sería la despenalización del autocultivo con indicación médica y mejor todavía sería la despenalización del autocultivo, lisa y llanamente. Me gusta pensar que en eso estamos.

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