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Sexo, Cannabis y Tercera Edad con Carmen Segonds
Carmen Segonds es icónica. Se lo digo de inmediato para que sepa del entusiasmo en mi voz. Le cuento “quería ser sexóloga”, desinhibo mi risa y me pregunta la edad; dice que estoy a tiempo. Para ella es totalmente natural ser ginecóloga, sexóloga, haberse graduado en el ‘64 y hablar de marihuana en el siglo XXI. Del otro lado del teléfono hay una mujer que no le teme a sus dotes de transgresora.

La primera pregunta para Carmen fue irónica “¿Qué haces envuelta en el flagelo de la droga?”. Su edad física es la de una abuela pero su edad mental dista bastante cuando comienza a hablar: “El cannabis es una maravilla total, como arma terapéutica me da muchísimo resultado”. Acto seguido comenta que se incorporó en la capacitación de la ONG Cannabis Medicinal Rio Negro —de la que forma parte— “a ver si algunos colegas empiezan a entender la diferencia que hay entre una droga y un homeostático”. Por supuesto que en ambos casos son sustancias, pero lo que le preocupa es cómo sigue ganando el prejuicio en la consulta médico-paciente.

El sistema endocannabinoide es un sistema homeostático, busca regularse por sí solo, tiene cierto criterio de autonomía biológica pero no lo puede todo. Ahí es donde los fito-cannabinoides (los cannabinoides de la planta) pueden ayudarnos.

“Nosotros sabemos que el sistema endocannabinoide termina de desarrollarse a los dieciocho años entonces no es conveniente fumar (cannabis) antes. Pero por otro lado, como abuela, me preocupó mucho el alcoholismo en los jóvenes; ¡pero mucho!”. Cuando habla Carmen, habla la Carmen médica, la Carmen abuela, la Carmen mujer, la Carmen cannábica y hasta la Carmen adolescente.

«Como abuela, me preocupó mucho el alcoholismo en los jóvenes; ¡pero mucho!». Ante una charla con sus nietxs, “redescubrió” el uso adulto responsable. «Me pone muy contenta que con dos o tres porros puedan divertirse, hacer chistes, bailar… y no toman alcohol o toman muy poquito».

“¿Cómo era necesario emborracharse para divertirse?”, reflexiona sobre los consumos asociados a lo que llamamos gestión de placer y que vienen emparentados con la reducción de daños. Ante una charla con sus nietxs, “redescubrió” el uso adulto responsable, mal llamado “recreativo”. “Necesitamos algo más natural” cuenta que le dijeron sus nietxs “y ahi empecé con las plantitas”, sigue. “Me pone muy contenta que con dos o tres porros puedan divertirse, hacer chistes, bailar… y no toman alcohol o toman muy poquito. Porque los efectos del alcohol son catastróficos en el cuerpo”.

Los estigmas de la tercera edad

Abrimos la cortina de la polimedicación y la tercera edad, como si se tratara de dos temas  que vienen aparejados con el transcurso de la vida. Si bien hay fármacos que no son estrictamente “reemplazables” por el uso de cannabis, Carmen señala que es posible la reducción de dosis en ciertos fármacos como los AINE (medicamentos antiinflamatorios no esteroideos) o el paracetamol. “Entonces vienen estos adultxs mayores”, se detiene y se ríe: “yo soy un adultx mayor”. Continúa: “de más de setenta años y me dicen (ya en tratamiento cannábico): ‘Tengo más ganas de vivir, tengo ganas de pasear’ y esa mejora en la calidad de vida es fundamental”.

La tercera edad tiene el estigma de la polimedicación. Aunque es necesario ir un poco más allá y derribar la pared de la tercera edad como la franja etaria que se polimedica por excelencia. En este sentido, los estigmas de la tercera edad tienen mucho para enseñar a la sociedad sobre los balances, el “vive rápido, muere joven” y la gestión de placeres.

“Vivimos en una cultura de la pastilla y del resultado rápido”, argumenta. Por lo que cuenta que “se toma el tiempo” para explicarle a los pacientes que los tiempos del cannabis son más lentos “porque está cambiando la manera de funcionar del cuerpo”.

¿Hay similitudes entre los estigmas sobre la tercera edad y sobre el cannabis? ¿Qué fuiste encontrando en las consultas?

Carmen hace una diferencia y amplía el horizonte de la entrevista. “Si lo presentamos como medicamento, no presenta ningún estigma”, pero señala que la cuestión se complica cuando la planta ingresa al plano de la sexología.

“La gente piensa que lxs viejxs no cogemos, lo cual no es cierto”, exclama con cierta indignación y jolgorio cómplice a la vez.

Al lado de ella está su compañero escuchando, con quien se había tomado unos mates antes de atenderme.

Le insisto con lo que la tercera edad nos puede enseñar, desde lo erótico, a salir del coitocentrismo. Y responde, “Claro, porque se confunde genitalidad con sexualidad. La genitalidad está relacionada con el coito y los órganos sexuales, pero la sexualidad está relacionada con todo el cuerpo”.

Añade que “La piel tiene muchísima importancia… los aromas. Tiene muchísima importancia no tener olor a viejito”. Entonces, plantea que la sexualidad es una idea integral. Mientras que la genitalidad es “cuando el hombre tiene que demostrar una erección eficiente. Es un mandato terrible. Cuando atiendo algún problema sexual masculino, falta de erección o eyaculación precoz, le digo que en vez de estar en una democracia, estamos en una falocracia. Porque el hombre pierde el falo erecto y pierde su lugar en la sociedad, su autoestima y su valoración”.

«Cuando atiendo algún problema sexual masculino, falta de erección o eyaculación precoz, le digo que en vez de estar en una democracia, estamos en una falocracia».

Volver a la sexualidad

Hablamos de cómo los casos de parálisis fuerzan a la exploración de zonas erógenas; de juegos sexuales; diferencias fisiológicas en los orgasmos; y algunos detalles más personales, “esto no va a la columna”, le dije y nos reímos.

¿Qué importancia le damos a la masturbación y cuáles son las alternativas al coitocentrismo? Enseguida concluimos que la masturbación existe cerca del autoconocimiento y el auto-cuidado; y que el sexo tántrico, que aparece un tanto reiterativo, no es la única opción aparte de la inclinación fálica.

“Primero que para los occidentales es muy difícil que alcancemos el sexo tántrico. Yo, en todos mis años de experiencia, una sola persona (conocí)”. Y contó haber tenido una maestra que le mostraba láminas orientales, una cultura que acompañaba el sexo con comida, aromas y música. Al mismo tiempo, comparó, los occidentales teníamos relaciones sexuales con fines reproductivos y “con un trapo en el medio”. Y agregó “porque el sexo, para nuestra tradición judeo-cristiana, nos jodió”. Y volviendo a los orientales, remarcó practicar con diferentes texturas: bebida, un dulce, lija, esponja o pluma.

“Siempre volver a los sentidos”, remarca.

Cuando se le preguntó por el lugar del cannabis en la práctica sexual, respondió que en el caso de los cuerpos con pene, disminuye la ansiedad de la erección y la frustración de la posible eyaculación precoz. En el caso de los cuerpos vulvo-portantes, identifica también un despertar de la sexualidad por sobre la genitalidad.

“El otro mito es ‘si está enamorado de mí, va a hacer lo que a mí me gusta’. (Pero) nadie es adivino” Carmen apoya en la comunicación otro pilar del erotismo, decir lo que nos gusta, intercambiar, disentir y encontrar(nos).

El clítoris no envejece

Carmen explica que el clítoris no envejece, explicando que las terminaciones nerviosas no envejecen, pero sí se da una atrofia en la vulvagina por la menopausia, que reduce la circulación sanguínea. Por eso destaca el valor del uso del vibrador. “Es como ir al gimnasio”, interrumpo. Y Carmen reflexiona que el clítoris, con el tiempo, se vuelve más sensible porque los epitelios se vuelven más finitos y, por lo tanto, requiere más lubricación.

¿Qué paralelismo hay entre la Educación Sexual Integral y el uso adulto de cannabis? “La responsabilidad”, dijo. “La excitación sexual que tanto miedo le da a esta sociedad existe y es biológicamente necesaria”, afirmó con firmeza en la voz.

Carmen sostiene la crítica en la historia, lo que la Iglesia asoció al pecado fue cambiando pero lamentamos todavía estar cerca de aquellos prejuicios. “En el siglo XIX, ¿quiénes se adueñaron de la idea de sexualidad? Los médicos, entonces, transformaron el pecado en enfermedad”. Continúa, “Y la Argentina, en el 2012, fue pionera en reglamentar los distintos géneros y sexualidades” y concluye que “son muchísimos los años de represión que tenemos”.

Una cuestión de sapiencia

“(La sapiencia) tiene el lugar en cuanto la necesitamos. Porque tampoco podés hacer una uniformidad en todas las clases culturales o sociales. La edad no tiene que ver exactamente con la sapiencia”.

Pausa.

“Vos pensá que hay una generación cuya iniciación sexual era con prostitutas”.

Hoy en día, la generación que nació con internet, es más propicia a una familiarización con imágenes pornográficas que podrían tender a una idealización del acto sexual. Carmen agregó: “Yo soy partidaria total de la ESI pero también hay que formar a los docentes porque no es explicar genitalidad. Es otra cosa, hay que poner los sentimientos y la atracción; valores más humanos, más de la sexualidad”.

Finalmente, cannabis

De manera que el cannabis podría trascender este uso de objeto mediador e integrarse a la práctica sexual; alejarnos de esa voz interior que nos pregunta cómo lo estamos haciendo. “(El cannabis) forma parte de la relación sexual en tanto nos conecta más con los sentidos, nos saca del papel de espectador para volver a ser actores”.

¿Qué debería hacerse con las drogas?

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