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Ilustración de Adriel Radovitzky
Salvia Divinorum, Miley Cyrus & Hamilton´s Pharmacopheia
Ahondamos en la experiencia personal de un usuarie que vincula su viaje con Salvia Divinorum a un capítulo de la serie Hamilton’s Pharmacopheia. Una mezcla de sensaciones subjetivas con información clave sobre la etno-farmacobotánica de esta planta maestra y una mirada crítica al mundo de la farándula que ha hecho un uso irresponsable de esta planta sagrada. Enterate por qué es tan importante consagrar este tipo de la experiencias con la intención y el respeto que el sacramento demanda. 

(x10)

Luego de tres o cuatro caladas, desde la más profunda oscuridad y silencio, el velo de la realidad se corrió cual telón detrás del que nada había sino más oscuridad; mostrándome que toda mi vida había sido un sueño; el sueño de otro ser: primitivo, cavernícola, tosco y sin lenguaje, al que por haber fumado desperté.

Rápidamente tomé consciencia de la tragedia que ello implicaba: mi familia, mis afectos, mis estudios, mi cultura; la casa donde me había mudado recientemente, todo ¡TODO! había sido siempre el sueño de aquel homínido anómalo que estaba despertándose, y cuyo desvelo ponía en crisis mis treinta años de existencia onírica. Rogaba porque la bestia siguiese durmiendo, dejándome vivir un rato más. Pero no, a medida que el ser despertaba, yo desaparecía.

Pero a su vez, yo también despertaba, y reaparecía en otro plano de realidad, cual Neo/ nato recién parido por la Matrix, anclado eternamente en el desenlace de The Truman Show. Y es que el homúnculo imberbe y yo éramos, a fin de cuentas, el mismo.

Mi compañerx entonces, que había estado conmigo antes, en aquella realidad virtual-irreal-soñada-ilusoria, aún seguía ahí, en esta otra realidad real-concreta, de la “verdadera” vigilia. Me asistía y yo no entendía qué había pasado, por qué aún me cuidaba, ni en dónde estábamos, mientras me reincorporaba. De su persona emanaba cierta complicidad benigna.

Hasta que, respondiendo a la pregunta que finalmente pude articular: “¿tomé algo?”, dijo las palabras mágicas decisivas: Sí, fumaste salvia.

¡Abracadabra! ¡todos los rastros dispersos de mi estallada identidad comenzaron a conectarse nuevamente como en una red!, ¡los recuerdos fragmentados que configuraban la ficción de mi vida comenzaron a encajar nuevamente, como un rompe-cabezas! Fui entonces yo quien rompió en una larga y desbocada carcajada de felicidad: 

¡Qué inmensa alegría no haberme simplemente desvanecido; que no haya sido todo un sueño; que mi vida no fuera del todo una ilusión! ¡Gracias, gracias, infinitas gracias! 

Neurofarmacobotánica de Ska Pastora 

Ska María, hierba María, hierba de los dioses, salvia “de los adivinos” es una hierba perenne perteneciente a la familia de las mentas, que crece en las sierras de Oaxaca, México, de la cual la etnografía ya reportaba usos hacia fines de los años ‘30. Sin embargo, fueron Wasson y Hofmann los primeros foráneos en conseguir material vegetal para su identificación taxonómica.

Su principio activo mejor conocido es la salvinorin-a (aislado recién en los ‘80) una molécula natural que le sigue en potencia (peso/psicoactividad) a la semi-sintética LSD pero cuyos efectos son únicos e incomparables con cualquier otro psiquedélico u enteógeno.

De hecho, se suele referir a este compuesto como un onirógeno, es decir un generador de ensoñaciones y, a diferencia de casi todos los enteógenos, es no nitrogenado, por lo tanto no se trata de un alcaloide. Dato de color: de las moléculas psiquedélicas consabidas, sólo el THC comporta esta misma característica. 

En México el ritual de Salvia está muy emparentado con el de los Niños Santos, como suele llamarse a los hongos psilocibios. En efecto, esta se utiliza en sustitución de aquellos cuando escasean, aunque a decir verdad las moléculas involucradas y sus receptores cerebrales son muy diferentes en ambos casos. En palabras de la chamana María Sabina: “Si quiero curar a un enfermo en tiempos en los que no hay hongos, debo recurrir a las hojas de la pastora. Al molerlas e ingerirlas trabajan igual que los niños. Desde luego, la pastora no tiene tanto poder como los hongos” (en Las Plantas de los Dioses, Hofmann y Schultes).

Foto cortesía del autore

Las hojas de Salvia, en la tradición indígena, también se ingieren de a pares. Los mazatecos usan a partir de 13 pares, pero el efecto umbral ya se puede sentir con 6. De esta manera, los efectos comienzan casi después de 10 minutos y duran 45, según Hofmann y Schultes. Sin embargo, en mi experiencia y la de tantos otros reportes, puede demorarse hasta 30 minutos. El jugo producido en la boca no se traga. La absorción más eficiente de los principios enteogénicos se produce en las membranas mucosas de la boca (Ott, 1993).

Por otra parte, hay que tener en cuenta que una planta adulta de Salvia Divinorum no da una cantidad abundante de hojas. Para aventurarse a un viaje intenso (supongamos 40 pares de hojas) se necesitarán una buena cantidad de plantas adultas (de media a una decena aproximadamente). De ahí que la práctica más común sea el fumado. Para ello bastan 1 o 2 hojas secas. Sin embargo, con este dosaje, los efectos obtenidos a veces no sobrepasan por mucho el umbral de la percepción. Es por ello que se confeccionan extractos.

Un extracto es una concentración de un principio activo, usando comúnmente un solvente para “arrastrarlo” desde la materia prima. Cuando se habla de extracciones de “x10” por ejemplo, de lo que se trata es de una relación 10 a 1. Es decir, que en un gramo de materia vegetal, hay 10 gramos concentrados. De esta manera, x20 son veinte gramos en 1, y x50 son cincuenta en uno. Es como si se tratase de un atajo, de un acceso directo para, en vez de fumar 50 gramos en 3 minutos (lo cual es literalmente imposible) poder hacerlo gracias a la pericia que puede concentrar en 1 gramo la potencia de 10, 20 o 50.

Las experiencias reportadas, sobre todo con extractos fumados, hablan de realidades aleatorias, caóticas y absurdas, vivenciadas como más reales que esta realidad, pero con las características de un sueño. 

Desde 2002 se sabe que la salvinorin-a es un agonista de los receptores opioides kappa. Tiene un fuerte efecto analgésico y disociativo, más disfórico que eufórico, que subjetivamente se experimenta como una desconexión, a veces total, con el propio cuerpo y el medio, catapultando la conciencia a parajes impensados. Las experiencias reportadas, sobre todo con extractos fumados, lo cual es una práctica moderna, hablan de realidades aleatorias, caóticas y absurdas, vivenciadas como más reales que esta realidad, pero con las características de un sueño. Articular palabra aquí solo puede conducir al balbuceo.

Daniel Siebert, quien por los años 90 fuera el primero en idear la extracción de salvia a fines de potenciar el efecto de las hojas fumadas, estableció la siguiente fenomenología de efectos posibles:

  1. Convertirse en un objeto inanimado. 
  2. Tener visiones de cintas y membranas.
  3. Volver a lugares del pasado, especialmente de la infancia.
  4. Perder el cuerpo y la identidad.
  5. Sentir movimientos, o ser empujado por fuerzas de algún tipo.
  6. Reír incontrolablemente.
  7. Vivir realidades superpuestas, estar en varios lugares al mismo tiempo. 

Genéticamente hablando, el origen de la planta es un misterio. Se suponía que era una cruza con la variedad S. Cyanea, luego con la colombiana S. Venulosa (con la que está genéticamente más emparentada), pero en 2010 se ha refutado la hibridación. Y para sumar al misterio, se la ha encontrado crecer naturalmente sólo en aquel lugar del mundo que parece ser la cuna enteogénica del planeta: México.

II

Vuelvo a fumar, sin saber en absoluto qué esperar, dónde me ha de llevar, cómo ha de seguir. Mi conciencia nuevamente sale disparada fuera de mi cuerpo, pero esta vez a miles de millones de kilómetros de distancia. Aunque esa unidad de medida resulta sumamente inexacta, porque a la vez, desde allí, yo podía verme aún. Era una lejanía no – local. No se trataba de una distancia material, sino más bien ¿dimensional? 

Podía verme yo, ver mi vida, mis rutinas, mi entorno y sus alrededores, como desde el cielo, pero se trataba más bien de otra dimensión. Un amigo me recordará la alegoría de Carl Sagan para explicar el salto de la segunda a la tercera dimensión, y la encuentro sumamente resonante.

Pero entonces ¿desde los ojos de quién (o qué) me veía? Sentía entonces habitar fugazmente el cuerpo y la conciencia de una especie de langosta alienígena, una especie de mantis religiosa, aunque tal vez agnóstica, que sobrevolaba los aires. 

Esta vez, a diferencia de la primera, era desde lo alto desde donde me soñaban. Una entidad más elevada, y no más baja, observaba desde lejos mi minúscula y patética forma de existencia, mis pequeños intentos de descentrar mi conciencia y pensaba con altivez “qué banal, qué inútil todo eso”. 

Lentamente fui descendiendo desde los aires metafísicos, aterrizando en este plano, encarnando mi cuerpo y mi conciencia otra vez, ya sin miedo, angustia ni crisis. 

Post-scriptum

No hubo “alteración” de la percepción, ni ilusión o alucinación.  Todas las cosas estaban en su lugar y sin embargo, es la relación entre estas la que cambia de la A a la Z, reseteando por completo la configuración del mundo y el mecanismo interpretativo de mi pensamiento. Descentramiento de mi conciencia, de mi “humanidad”, de mi antropomorfismo. Lo único sensato es esta certeza sensible, en lo más íntimo de mis fibras, de que la noción de “realidad” e “ilusión” son arbitrarias. 

Imperiosa lección de humildad: yo, sujeto “culto” y “civilizado”, bien podría ser el sueño de un ser primitivo e imberbe. Mi existencia (y la de mi especie) no representa entonces sino algo insignificante, a escala no sólo universal, sino ya en lo inmediato. 

A la salida de esta ontología ¿cómo no sentir que el único camino posible es la celebración? Ya todo sea ilusiones pasajeras, prontas a desvanecerse, o no, ¿por qué no hacer de esta vida un buen sueño?

Hamilton Morris y la Etnopsiquedelia

El tercer capítulo de la primera temporada de Hamilton’s Pharmacopheia trata precisamente sobre Salvia Divinorum o Ska Pastora y despliega una interesante revisión de lo que de esta planta (y su química) ha hecho nuestra cultura y sociedad occidental, en clave de grave contrapunto con su empleo, modo de uso y acercamiento, en la tradición mazateca. Bueno, nada muy distinto de lo que ha sucedido con todos los otros sacramentos enteógenos.

Comienza poniéndose de relieve el uso lúdico pero sobre todo irresponsable, por no decir imbécil, di-vulgarizado mediante la plataforma youtube, en una (mala) suerte de fascinación por lo absurdo de su potencia y del comportamiento bizarro de les usuaries que la fuman, en forma de extracto. 

Esta vía de administración, si bien no es la tradicional mazateca (donde es mascada o ingerida en forma de jugo), quizás no sea precisamente la razón del acto profanador. Pues bien podemos participar de lo numinoso, el estado místico o enteogénico por vías no-tradicionales. El punto es que si no se consagra la experiencia con la intención y el respeto que el sacramento demanda, éste nos devolverá poco o nada.

No es una cuestión moral sino vincular. En el orden de ningún intercambio energético-simbólico vamos a recibir algo allí donde no invertimos ni el más mínimo céntimo de nuestra energía y nuestro afecto.

Volviendo a la serie, no hará falta ser un visionarie para notar que, antes de haber sido comprendida por nuestra cultura, la planta ya ha sido coaptada por el mercado, convertida en producto, y difamada virtual y viralmente hasta el punto del ridículo. No suyo, si no nuestro. 

He ahí la civilización del progreso y la razón, una vez más pisoteando el jardín botánico de los ancestros indígenas, profanando otra medicina ancestral y como ya ha sucedido reiteradas veces, haciendo de este regalo de los dioses otra banalidad, si no otro veneno. 

Basta entonces que luego, Miley Cirus sea noticia por fumar la planta, para que en 2010 sea ilegalizada en Estados Unidos y que como de costumbre, en torno a las políticas de drogas, ésta medida se contagie a países de todo el planeta. 

¡Gracias influencers de la nada y aburridores youtubers aburridos! ¡Por ustedes, perdemos todes!

No obstante, desde algún resiliente confín de la ciencia, el doctor en sociología que Hamilton entrevista hace su apuesta: de algo sirven esos miles de videos de personas fumando Salvia, no son completamente en vano: constituyen, cuanto menos, un enorme banco de evidencia acerca de los efectos psiconeuromotrices de la salvinorin-a. 

Por su parte Hamilton, con un noble espíritu investigador, emprende un viaje a México para localizar algún un(a) chaman(a) con quien realizar una ceremonia tradicional de Salvia Divinorum, para dar con el saber originario en torno a esta planta maestra. 

Hamilton aceptará, sin cuestionar a priori, las vías de administración que se le proponen (en forma de jugo, y luego hojas mascadas) e inclusive vestirá con ropa tradicional indígena, portando también objetos simbólico-rituales, como prescribe la médica tradicional. 

El registro de la misma habla por sí solo. No hay punto de comparación entre las blasfemias infantiles de los youtubers fumadores de extracto y el excelso arte sanador de la sacerdotisa mazateca. 

Por lo demás, todo lo que nos retrata Hamilton, en este y otros episodios, es -más allá de lo farmacológico- un bello trabajo de campo etnográfico, que abre mil puertas y hace justicia a la pericia ancestral indígena, tanto como a la ciencia psicodélica, exponiendo el ridículo del mediático mundo occidental, ora consumista, ora prohibicionista.

El valor de esta obra documental, a mi entender, es póstumo, si consideramos que fue televisada y dirigida principalmente al público estadounidense, tan ávido de emociones intensas, a la par de desconsiderado con tradiciones extranjeras.

Se trata, sin lugar a dudas, de un periodismo de investigación psicoactivo y a la vez transcultural. 

¿Por qué mirar la serie Hamilton´s Pharmacopheia?

Para les interesades de las drogas y la química, hay mucho para aprender. Hamilton, además de un avezado psiconauta, es un químico experto. Y siendo joven, nos habla como un amigo con el que nos estamos tomando una birra.

Más allá de lo farmacológico, gran parte de su trabajo puede concebirse como etnográfico, ya que recorre distintas geografías y culturas, relevando en cada lugar el uso de distintos compuestos-drogas-enteógenos. Se trata, sin lugar a dudas, de un periodismo de investigación psicoactivo y a la vez transcultural. 

La directriz será siempre “la sustancia», pero por este hilo se hilvanan desde los fenómenos de zombificación haitiana, hasta la historia de la venta de drogas callejeras en Sudáfrica, pasando por los usos ancestrales de sacramentos como los hongos, el peyote, la salvia e incluso la vacuna amazónica del kambó, en nuestro continente.

La fotografía y la banda sonora del trabajo suelen ser de muy buen gusto. El humor del protagonista es ácido pero digerible. Por supuesto, siempre hay sesgos anglo-heteropatriarcales que deconstruir. Hamilton nos instruye tanto gracias a su saber, como a pesar de sí. Puede que veamos en él algo de nosotres: citadine joven, native de la cultura digital, con una estética signada por el MTV de los 90′. Pero a la vez, quizá podamos reconocernos tanto o más en sus informantes: el obrero latino, la hispanohablante indígena. 

La serie opera entonces como caja de resonancia de diversas problemáticas socioeconómicas, colonialistas, tercermundistas; donde vemos tanto la hospitalidad y cooperación del informante “subdesarrollado”, como las tensiones e inclemencias del choque cultural, simbólico y material primermundista. En ocasiones, la exposición a la que el propio Hamilton, en tanto gringo, es sometido en contextos que le son evidentemente mordaces, como la selva amazónica, suele provocar la risa. 

Su trabajo retrata fidedigno la complejidad del fenómeno “drogas” en tanto objeto multidimensional: historia, política, farmacología, botánica, antropología, psicología y mística, son distintos niveles que se entraman para denotar algunas perspectivas de la compleja mirada psicoactiva.

Ilustración de Adriel Radovitzky 

Adivina adivinadore

La odisea de este capítulo culmina con el “emperador blanco de la salvia”, quien después de unos años de haberse hecho una fatídica celebridad viral, se muestra al principio de la entrevista un poquito más sabio (mejor dicho, menos necio) para concluir decepcionándonos una vez más, puesto que para “disculparse” con los “dioses de la salvia” todo lo que hace es volver a ponerse una cámara, escribir una carta y fumar nuevamente sin sentido alguno, en lo que no cuesta leer otro regresivo impulso infantil al exhibicionismo.

En fin, que no ha aprendido nada. Y ya que éste niño rico no sabe disculparse, hemos de pedir perdón en nombre de él y de todes les que no saben lo que hacen. 

Pedimos perdón a la Salvia, a sus Dueñes, y les damos las gracias. 

Gracias, gracias, gracias. Y perdón.



REFERENCIAS:

– Las plantas de los Dioses (A. Hofmann y R. Schultes, 2000)

– Pharmacotheon (Jonathan Ott, 1993)

 -Ethnopharmacologic search for psychoactive drugs Vol II (editado por Dennis Mckenna, 2017)

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