Políticas que matan en Argentina
Las políticas públicas prohibicionistas desembocan en muertes de usuarixs de drogas que podrían haberse evitado. ¿Cómo? llegando a tiempo con el acceso a información, consejería y acompañamiento. Reduciendo daños al testear las sustancias y emitiendo alertas tempranas que eviten que las personas usuarias paguen con su salud o con su vida las deudas de las políticas de drogas.

“Debe verse a las víctimas de todo un sistema que no acudió a tiempo

y advertir que sólo nos queda hacer ciencia con dolor.

Levantar los ojos de las leyes prohibitivas y la parafernalia represiva

 que no han logrado modificar en un ápice las realidades sociales.”

Elias Neuman, 2002.

En la Argentina contemporánea nuevamente la adicción a las drogas más poderosas -el dinero y el poder- conjugada con una política pública errada da por resultado muertes. Muertes de usuarixs de drogas que podrían haberse evitado si no se hubiera llegado tarde. Nuevamente. Deja vú; sensación de algo ya visto, ya vivido en ocasión de la tragedia de la Fiesta Time Warp en 2016 en Costa Salguero, pero también en múltiples pequeñas tragedias que sin repercusión mediática significaron vidas humanas perdidas.

En Argentina otra vez se llega tarde. Llegan tarde las órdenes judiciales y las acciones policiales, también las políticas sociales para evitar que un joven vulnerable encuentre sentido a su vida volviéndose dealer o soldadito, llegan tarde las políticas de prevención y asistencia del consumo de drogas y también se llega tarde con la política de cuidado al que consume para que no se muera.

Tragedia anunciada que ilustra los costos del abordaje de las drogas y su fracaso junto al ya sabido fracaso del Prohibicionismo. Es la Prohibición de las drogas lo que las vuelve mortales; la falta de control de su composición química, la clandestinidad del consumo y el mercado negro. Una tragedia, que al igual que la otra podría haberse evitado si el Estado en vez de perseguir y penalizar a los usuarios de drogas, persiguiera y penalizara a los que lucran y se enriquecen con la venta de drogas, los que atraviesan fronteras, acceden a precursores químicos, explotan eslabones intermedios de la cadena de distribución que reclutan entre la pobreza y las adicciones, lavan dinero y hacen su vida cada vez más lujosa junto a la rentabilidad de un negocio y la diversificación del mercado.

La Prohibición contribuye también a la avidez de dinero y poder de los eslabones intermedios, a la maximización de la violencia sin códigos ni límites y a la corrupción política, judicial y policial. Mientras la existencia de los consumidores de drogas se vuelve cada vez más compleja junto a la posible adicción y/o dependencia, su vida se vuelve cada vez más pobre junto a los riesgos y los daños, riesgos de muertes por adulteraciones o sobredosis pero también por violencia, SIDA, riesgos de ser detenidos y daños irreparables de la prisión.

La prohibición mata

Las tragedias pueden evitarse si el Estado en vez de perseguir usuarios y dar grandilocuentes discursos contra las drogas, invierte su presupuesto en salud; en prevención, educación y también asistencia, con instituciones asistenciales adecuadas, dispositivos clínicos centrados en los sujetos y las problemáticas psicopatológicas. Pero es prioritario incluir el abordaje de Reducción de daños tanto para quienes tienen un consumo problemático como para los usuarios de drogas recreativos y ocasionales. Reducir daños es garantizar el acceso a información, consejería y acompañamiento. Reducir daños es testear las drogas y emitir alertas tempranas a los consumidores y a los sistemas de salud.

«Es prioritario incluir el abordaje de Reducción de daños tanto para quienes tienen un consumo problemático como para los usuarios de drogas recreativos y ocasionales».

En estos tiempos, entre las personas que usan drogas hay dos fenómenos que hacen más peligroso el consumo; el policonsumo y la tendencia a la experimentación. De igual manera los dealers diversifican su oferta y tratan de volver innovador y más potente su producto con combinaciones tan novedosas como arriesgadas. Ambos fenómenos pueden abordarse desde la Reducción de daños; informando sobre los riesgos de combinatorias, capacitando equipos y pares para actuar ante emergencias, garantizando acceso a material estéril y testeando sustancias con pruebas colorimétricas sencillas que permiten advertir tempranamente sobre adulterantes peligrosos o la presencia de una droga distinta de la que el usuario supone.

La Prohibición mata en Argentina, como en tiempos de la Ley Seca en Estados Unidos y esto no significa hacer un elogio del alcohol o de las drogas. Los expertos, los políticos y los vecinos coincidimos seguramente en que no queremos que los consumidores de drogas terminen internados o muertos, aunque no coincidamos en el cómo. Es probable que muchos coincidamos también en que las detenciones por tenencia para consumo personal dan visibilidad a otro daño asociado al uso de drogas en Argentina

Las personas que usan drogas no pueden seguir pagando el precio de una política más tóxica que la misma droga. El abordaje legislativo continúa vulnerando a los vulnerables con la penalización de la Ley 23.737 y el abordaje sanitario sin la Reducción de daños y sin instituciones públicas adecuadas, resulta un despropósito. Terminan presos por tenencia de una dosis de popper o LSD por ejemplo -que es indudablemente una detención por tenencia para el consumo personal- también estamos dando visibilidad a nuevos daños como la criminalización.

Desde el CEADS UNR y ARDA tampoco queremos que nadie vaya preso por tenencia para consumo y que sigan los usuarios de drogas pagando los precios de una ley dañina y una política ausente. El sábado 7 de mayo MARCHAMOS EN ARGENTINA POR UNA NUEVA LEY DE DROGAS, POR LA DESPENALIZACION DE LA TENENCIA Y LA REDUCCION DE LOS DAÑOS ASOCIADOS A LAS DROGAS Y A LAS POLITICAS QUE FRACASARON.

Luego de la tragedia en la Fiesta Time Warp se instaló en el país el debate sobre la Reducción de Daños como parte de la política oficial,  incluso los ¨testeos de sustancias¨ que podrían permitir un mapeo realista del consumo y las sustancias y contribuir a evitar más muertes asociadas al uso de drogas en la clandestinidad. Sin embargo, nada cambió.

Consideramos que hoy más que nunca la Reducción de daños debe ser legitimada y volverse parte de la política del Estado con presupuesto acorde a la envergadura del problema. Nuestra experiencia en terreno desde el año 1994 con el Programa de Reducción de daños dice que es necesario contextuar las intervenciones y apoyarlas en una relación de confianza  y legitimidad de la organización emisora del mensaje.

El trabajo en terreno demostró ser un abordaje puente con el sistema sanitario al aportar información sobre riesgos, qué hacer si un amigo se desmaya o descompone. Mensajes como ¨más puede ser menos¨, cuanto más se consume menos se siente el efecto y hay riesgos de sobredosis, si no se conoce qué se va consumir,  o se cambió de proveedor. La intervención en el campo de la Reducción de daños es precisa y pragmática, adecuada al escenario, coherente con patrones relevados y modalidades de consumo, con un rol clave de los promotores de salud, los pares y las consejerías.

La ley 23.737 y su art.14 -a pesar del fallo Arriola- continúa criminalizando a los usuarios de drogas y alejándolos del sistema de salud, sea que haya una causa judicial sea que ocurran detenciones policiales. A esto también contribuyen los  mensajes que demonizan la sustancia, y los que demonizan los barrios marginales o las fiestas o sindican a las drogas como ¨problema¨.

¿Cuál es el verdadero problema?

El uso de drogas es un problema antes que nada para las políticas públicas,  en tanto demuestra el fracaso de la represión y de la lógica de la abstinencia. La Prohibición no ha funcionado; las drogas se siguen diseminando, su composición química se diversifica, las combinatorias son múltiples e indefinidas. Enfrentar el problema es –antes que nada- preservar a las personas que consumen drogas (lo cual no implica claudicar en luchar contra el Narcotráfico, o en prevención y asistencia). Ellas siempre están expuestas al problema de la discriminación y el encierro, pero también a que se maximicen y no se reduzcan los riesgos y los daños.

Es tarde, pero no demasiado tarde para reformar la política de drogas en Argentina, para perseguir y castigar narcotraficantes y no usuarios de drogas o perejiles, despenalizando  la tenencia y a los usuarios de drogas e instalando un abordaje real y pragmático de Reducción de daños. Es tarde, pero es necesario el debate sobre la regulación de las drogas, su legalización controlada. Para los consumidores, regular las drogas marcaría la diferencia entre comprar drogas en el mercado negro o en la Farmacia, entre consumir cualquier cosa o consumir un medicamento. Puede ser la diferencia entre la muerte por drogas adulteradas, por consumo de venenos o por sobredosis y un consumo controlado o a lo sumo una adicción crónica.

En definitiva, también deberíamos darnos otro debate, si es viable seguir legalizando las mentiras del Prohibicionismo, la doble moral argentina de “lucha contra la droga”, mientras el Narcotráfico sigue gozando de buena salud y nuestros consumidores de drogas mueren.

En la actual coyuntura, más que nunca, la Reducción de daños debería ser parte de la política oficial, para que en Argentina no haya más ciudadanos internados o que paguen con su salud o con su vida las deudas de las políticas de drogas. Ya suficientemente los usuarios de drogas han pagado y siguen pagando con sus derechos e inclusive con su libertad las deudas de la política legislativa.

*Doctora en Psicología. Directora del Centro de Estudios Avanzados en Drogadependencias y SIDA (CEADS) de la Universidad Nacional de Rosario UNR. Secretaria General de la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina (ARDA).

¿Qué debería hacerse con las drogas?

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