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Ilustración de Natalia Benedetich
El patriarcado en los recitales no se fuma más
La experiencia de mujeres y disidencias está teñida por el patriarcado. A la hora de pensar la salida, el goce y el uso de sustancias; las mujeres y disidencias enfrentan una experiencia diferida. La organización «Un paso atrás – no me toques» logró que el reclamo por el fin de los abusos en recitales llegue a los escenarios. En este artículo, pensamos las posibilidades de una experiencia de disfrute donde el uso de drogas no se guíe por el temor a violencias sexuales con el aporte de las reflexiones de una integrante de la organización y de una antropóloga feminista.

A fines de abril un grupo de pibas de La Plata comenzó a organizarse para hospedar y acompañar a aquellas que llegaban de otras ciudades de Buenos Aires y provincias para asistir a los recitales que la banda de rock La Renga tenía programados en el Estadio Único. Pero la cosa no quedó ahí, y el grupo de Facebook Insoportablemente Vivas se convirtió en una red que se activó en los sucesivos recitales de La Renga en Corrientes; e incluso también participan seguidoras de otras bandas que también quieren autogestionar cuidados.

Como su descripción dice, se organizan “para visibilizar la opresión y los abusos que sufrimos por parte del patriarcado en los banquetes, donde el público en su mayoría está compuesto por varones” e interpelan: ¿Si somos FAMILIA, ¿Por qué no nos cuidan?”. De esta manera, en los “banquetes” (como les llaman a los recitales) de abril y mayo se recolectaron los frutos de tantos años de crecimiento del movimiento feminista. La red de mujeres puso nombre y apellido a los manoseos, toqueteos, apoyadas, a los pesados, a los que “se zarpan”, a las avivadas del público rockero: son abusos sexuales y no se toleran más.

Una experiencia desigual

Fue así que al abrir la puerta a nombrar los abusos también se visibilizó la posibilidad desigual que las mujeres y disidencias tienen de disfrutar un recital y en ese contexto hacer uso de sustancias como tomar una cerveza o fumar un porro, por nombrar algunas. Es decir, mujeres y disidencias pueden quedar aún más expuestas a sufrir distintos tipos de violencias durante una experiencia con sustancias, haya exceso o no.

Mujeres y disidencias pueden quedar aún más expuestas a sufrir distintos tipos de violencias durante una experiencia con sustancias, haya exceso o no.

Leticia Corral, antropóloga especializada en género y militante feminista piensa los motivos por los que la pregunta por el disfrute y el consumo recreativo comienzan a ser cada vez más un tema del feminismo; y por qué a tantos hombres les sorprende la visibilización, y hasta dicen “nunca vi chabones manoseando pibas”.

“Claro, ellos no tienen incorporada esa dimensión de lo probable, pero nosotras sí; es como que una lo calcula a la hora de vestirse, o sea, todos esos cálculos para salir a la calle nosotras siempre los hacemos; los tenemos internalizados, pero no significa que no existan. Entonces eso que hoy le podemos poner el nombre, son abusos y que ahora al visualizarlo podemos decir, ¿a quién no la manosearon en un recital, en un boliche, eventos donde hay muchedumbre? Y vemos que todas, alguna que otra vez, en mayor o menor medida sufrimos algún tipo de abuso.

Me parece que esta cuestión de vincularlo también al uso de las drogas también es otra dimensión en la que nosotras tenemos que pensar. Porque una no corre con el relajamiento de decir bueno, me fumé un porro y ya está, porque si vos sabés que te fumás un porro en un lugar donde no sabés qué garantías tenés de que no te vayan a violar, por ejemplo, es un problema”, piensa.

Ilustración de Natalia Benedetich

Efecto dominó

“¡Que las bandas se hagan cargo que en sus recitales pasan estas cosas! ¡Que nos den una mano! Tendrían que frenar todo como cuando hay bengalas!”. 

“Sensación de asco y de querer morirme”.  

“Moretones en las dos nalgas a causa de las agarradas de culo, y que entre el medio del pogo te apoyen y busques desesperadamente salir de ahí”. 

“Me desmayé en pleno pogo y cuando me despierto un varón me está chapando y tocando”.

Cientos de testimonios enviados por mujeres de todas las edades al instagram Un paso atrás – no me toques fueron recabados por Yesi, que sigue a La Renga desde su adolescencia. Desde ahí no solo visibiliza, sino que sirve como otra red para organizar la previa a los recitales junto a sus compañeras de Insoportablemente Vivas; pintar murales, hacer stencil, y entrar todas juntas al estadio. Como explican en notas que les hicieron, el objetivo fue llegar con su reclamo hasta la banda y que ésta desde su lugar, el escenario, nombre al movimiento de pibas para deslegitimar que los varones cometan abusos. Hoy son más de 15 mil personas, mayoría mujeres que interactúan y cuentan sus experiencias; les da fuerza todo lo que consiguieron juntas.

El 7 de mayo, durante la última presentación en vivo de La Renga, Chizzo, el cantante hizo un parate antes del comienzo del pogo y se dirigió a los muchachos. “Dijo a las mujeres hay que tratarlas con cariño”, recuerda Yesi, que analiza ese proceso de transformación que impulsaron: “A muchas pibas les chocó las palabras que usó, pero bueno, sabemos que Chizzo es un chabón de la vieja escuela. Nosotras re contentas porque se notó que la banda estaba al tanto de todo lo que sucedía con nuestro movimiento y bueno, lo mismo pasó anoche con Eli de los Gardelitos; se recontra explayó durante todo el recital, pidió respeto por las pibas”.

Quizá el primer gesto público contra los abusos por parte de músicos de rock fue el de Luca Prodan en 1987. Sumo hacía vibrar el estadio Obras cuando tres mujeres subieron al escenario. Las pibas, contentas, reciben como reacción de los varones el grito de “putas”. Luca frenó el recital: “Nada de machismo” pidió.

Yesi cuenta que no pudo estar en el recital de La Renga en Corrientes donde ahí sí Chizzo paró el recital y lo dijo claramente. “Pidió respeto, dijo “necesitamos que las pibas estén en los recitales”. Así que sabemos que ahora nosotras podemos generar que el líder de la banda abra un poco las cabezas”, piensa Yesi. Hasta que el pogo sea un lugar para disfrutar por igual.

¿Consumo responsable o consumo temeroso?

Las bandas de rock por lo general piden que el público se cuide y cuide al que tiene al lado, tal vez como tradición post Cromañón, quizá también relacionado con el consumo de sustancias en eventos culturales.

En ese sentido, el grupo de pibas también interpela al conjunto del público y a la banda sobre las posibilidades de pensar una experiencia de disfrute donde el uso de drogas no se guíe por el temor a quedar más expuesta a violencias sexuales.

Leticia también habla de lugares distintos del disfrute y reflexiona: “Nos fumamos el porro pero, en definitiva, sabemos que es hasta contraproducente para nosotras porque estar drogada o alcoholizada es como un argumento más para justificar por qué te suceden los abusos, entonces también desde ese lugar y desde esa educación es otra de las cosas en las que tenemos que pensar a la hora de, por ejemplo, disfrutar de los efectos de una droga, por ejemplo”.

El género difiere la experiencia: “Como que una capaz que se fuma un porro y está más paranoica, querés dejarte llevar por la música, pero tenés que estar atenta al que tenés atrás».

Yesi cuenta que junto con una amiga y compañera de la facultad usan el cannabis para trabajar porque les permite estar “más despiertas, se nos ocurren más cosas”; y se pregunta cómo sus amigos que van a los recitales de La Renga, fuman porro y nunca vieron “que manosearan a una piba”. El género difiere la experiencia: “Como que una capaz que se fuma un porro y está más paranoica, querés dejarte llevar por la música, pero tenés que estar atenta al que tenés atrás”.

Una de las preocupaciones de las pibas también es cómo actuar en red entendiendo el consumo como una práctica individual que se realiza en colectivo. “Una puede pensar, uy, esta que se tomó una pepa no le importa nada, pero, ¿Por qué no le importa nada?, pregunta Yesi y se responde: “Porque hay un gil que enseguida quiere aprovecharse del momento porque vivimos en una sociedad de mierda donde las pibas no pueden consumir tranquilas como los pibes”. Ese pensamiento, dice, sigue estando presente todavía y uno de los desafíos es cómo autogestionar los cuidados. “Nosotras siempre tratamos de que el consumo sea consciente, y si vemos un exceso tratamos de intervenir, de acompañar, transmitir que se consuma con conciencia. Cuando viajamos y es un evento multitudinario, o si salimos entre cuatro pibas, porque siempre puede pasar”. 

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