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Drogas y Reducción de Daños en la Argentina contemporánea
Un folleto de reducción de daños que repartió el municipio de Morón (Provincia de Buenos Aires) causó polémica y despertó la reacción conservadora. El material había sido realizado con el asesoramiento de la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina (ARDA). En esta nota escribe Silvia Inchaurraga Doctora en Psicología, Master en Drogadependencias y Secretaria General de ARDA.

“Primum non nocere”

Hipócrates.

Una parte de la sociedad argentina se horroriza en 2022 por un folleto que intenta transmitir información para reducir riesgos y daños del consumo de drogas en un municipio. Casi de la misma manera en que parte de  la sociedad rosarina a mediados de los años 90 se horrorizaba por la creación de un programa de Reducción de Daños en el ámbito de la Universidad Nacional de Rosario con acciones en un hospital público y en la comunidad dirigidas a quienes no podían o no querían dejar de drogarse, horror que devino nacional cuando el Programa incluyó entre sus acciones la distribución de equipos de inyección para los usuarios de drogas inyectables. Los medios nacionales y locales tuvieron en su portada la noticia “Repartirán jeringas a drogadictos”; “Un cambio para evitar el contagio”.

Nos apoyamos en la evidencia científica con que contábamos en el marco del Estudio Multicéntrico de la Organización Mundial de la Salud (1998) acerca de una población que se inyectaba en su mayoría cocaína, durante un promedio de entre diez a veinte veces al día, de la cual el 70% compartía el material de inyección, casi el 90% no estaba en contacto con el sistema de salud y el 63% era VIH positivo. También avalaban nuestro Programa datos epidemiológicos oficiales de aquellos países que tempranamente habían implementado estas medidas y logrado controlar la incidencia de VIH en usuarios de drogas inyectables bajo el 5 % (Países Bajos, Suiza); o inferior al 1% (Reino Unido, Australia). Llegábamos tarde, pero teníamos lecciones aprendidas y desde la Academia se instaló un abordaje frente al cuál las políticas públicas se resistían. No faltó por aquellos tiempos algún ministro de salud provincial hablando de apología del consumo e incentivo al uso inyectable. En Rosario tuvimos respetables voces que avalaron nuestros estudios y programas como las del Dr. Raimundo Sabao, Dr. Damian Lavarello, Dr. Daniel Erbetta y Profesor Luis Giunípero.

La Reducción de Daños es un modelo que busca reducir las consecuencias negativas del consumo de drogas, aunque dicho consumo persista. Reducir riesgos como el uso compartido de material de consumo, combinatorias de sustancias, clandestinidad, adulteraciones, experimentación y reducir daños como el VIH/SIDA, hepatitis, sobredosis, muertes evitables. Daños en el campo de la salud y también daños sociales como la criminalización, estigmatización y el encierro. Las herramientas de este modelo van desde el trabajo en terreno con agentes de salud formados, consejería en salud y promoción de derechos, distribución de información verídica y pragmática y material estéril de consumo, testeos de pastillas, alertas tempranas, salas de consumo, administración médica de drogas, sucedáneos e instituciones amigables de asistencia. Otros daños a reducir en Argentina son los daños que causa una ley obsoleta como la 23.737 y la penalización de la tenencia de drogas para consumo personal con las consecuencias de estigmatización, discriminación y criminalización.

Otros daños a reducir en Argentina son los daños que causa una ley obsoleta como la 23.737 y la penalización de la tenencia de drogas para consumo personal con las consecuencias de estigmatización, discriminación y criminalización.

La Reducción de Daños ni promueve ni legitima el consumo de drogas, no hace apología de las drogas o de su consumo, sino que reconoce su existencia y la necesidad de abordarlo cuando la prevención fracasó y la asistencia puede no ser una alternativa inmediata. Incluso en ocasiones las estrategias de Reducción de Daños accediendo a los que no llegan al sistema sanitario con mensajes pragmáticos y amigables, puede convertirse en un puente para el usuario de drogas con el sistema de salud.  Es necesario aclarar que este modelo es tan válido para abordar sujetos con consumos problemáticos, o sea con relaciones de dependencia o adicción con las sustancias, como sujetos que hacen un uso ocasional y/o recreativo dada la implicancia de riesgos y daños en todo consumo, maximizados por la ilegalidad del mercado y las adulteraciones, el policonsumo y la clandestinidad.

Con el paso de los años, hubo en el país tímidos avances como la Resolución 351 de Sedronar en 2001 pero su inserción en la política pública fue débil y discursiva, no en la práctica, como ocurre hoy con la Ley de Salud Mental. No fue el estado nacional, ni fueron los estados provinciales o municipales los que incluyen en sus presupuestos formación en Reducción de Daños, programas, kits de consumo, testeos de pastillas o folletería sobre cómo consumir drogas reduciendo riesgos y daños, seguimos siendo nosotros quienes desde la Universidad o entidades de la sociedad civil como la Asociación de Reducción de Daños de la Argentina, ARDA y otras, cubrimos esos baches de la política pública. En ocasiones se tercerizan recursos para la sociedad civil a través de espacios gubernamentales, así ocurrió con Campañas focalizadas y Proyectos financiados por Banco Nación, ONUSIDA y ocurre con programas que llevamos adelante actualmente en la ciudad de Rosario con el apoyo del Programa Municipal de SIDA. Hay funcionarios que hablan de Reducción de Daños banalizando el concepto y quienes piensan que garantizar el acceso a agua potable en una fiesta, trasmitir mensajes masivos sin hablar de drogas o contactar usuarios de drogas en los barrios o darles asistencia social es hacer Reducción de Daños.

Otros folletos de reducción de daños de ARDA.

Los sucesos de esta semana me recordaron una anécdota. Allá por el año 2005 hubo un pequeño escándalo en la ciudad de Rosario cuando una médica sacó de contexto un material comunicacional que le mostró un paciente y lo difundió por los medios acusándome de apología del consumo. El material era uno de los primeros materiales de Reducción de Daños en fiestas electrónicas, que llevaba mi autoría: un desplegable fluor con información pragmática y tres claves del uso responsable: “ojo con las mezclas, cuidado con los experimentos, no compartás” y que además incluía información sobre el uso de ketaminas. Lo que esta profesional no sabía era que habíamos relevado en Rosario el uso en fiestas de este anestésico disociativo de uso veterinario como sucedáneo más económico del éxtasis, y también más peligroso. No era un material dirigido a población general o a cualquier usuario, sino para usuarios de drogas en escenarios de fiestas electrónicas.

Un folleto dirigido a usuarios de drogas del municipio de Morón que dice: “Si vas a consumir acordate de estos consejos” escandaliza porque no dice “No te drogués, la droga mata”.

El folleto de la polémica en Morón.

Un folleto dirigido a usuarios de drogas del municipio de Morón que dice: “Si vas a consumir acordate de estos consejos” escandaliza porque no dice “No te drogués, la droga mata” y porque es un estado municipal el que se hace responsable de abordar pragmáticamente el tema. Algo similar ocurrió hacia 2003 en la ciudad de Mendoza con otro material de ARDA, un folleto de Reducción de daños y uso de marihuana propuesto por el Plan Provincial de Adicciones. También nuestros folletos escandalizaron y escandalizan (“Marihuana, si la usás, leéme”, “Drogas; para que la información también sea protagonista de la fiesta”, “Cocaína, que necesitas saber?”, “Manual de inyección Si te vas a Picar”, “Si te das, hacéla bien” etc) porque escandaliza la realidad de que cada vez hay más consumo de drogas, el mercado se diversifica, la tendencia al policonsumo y la imperiosa ambición de rentabilidad de los que lucran hacen de la adulteración un campo de experimentación y una carrera de potencias y efectos innovadores que maximizan daños. También escandaliza la falta de políticas de drogas, nulo compromiso del Estado que cierra instituciones como la Agencia de Prevención del Consumo de Drogas y Tratamiento Integral de las Adicciones (APRECOD) de la provincia de Santa Fe en 2020 en Rosario con un Servicio público asistencial en Drogadependencias (SADyS) de veinticinco años de trayectoria en el Centro Regional de Salud Mental.

Cuando la moral, la ignorancia y el miedo gobiernan sobre la razón y la ciencia

Gran parte de la sociedad argentina está harta de la ausencia de políticas de prevención y políticas sociales que generan jóvenes rehénes del Narcotráfico, dealers y soldaditos esclavos de su precaria economía de subsistencia y de un gran negocio. Harta del avance de la inseguridad, guerra entre bandas, falta de formación policial, escasez de profesionales de la salud formados en problemáticas del consumo. Harta de que los que consumen drogas sigan siendo perseguidos, detenidos y criminalizados por la Ley 23.737 (art. 14) y no los que lavan dinero y se enriquecen del negocio de las drogas cada vez más rentable gracias a la Prohibición y la doble moral. Gran parte de la sociedad argentina está harta porque sabe que si un amigo, hijo o familiar tiene una adicción no hay instituciones adecuadas, hay pocas instituciones, en su mayoría instituciones monovalentes de encierro, alejadas, privadas, para las cuáles debe gestionar una beca del Estado; y que se volverán víctimas de la burocracia, espera y puertas giratorias asociadas a recaídas en el consumo.  Porque el abordaje hegemónico en las instituciones asistenciales argentinas es masificante, igual para todos, centrado en el objeto droga y no en los sujetos que la consumen, sin atención a la especificidad y singularidad del caso y las particularidades de la estructura y problemática de consumo en los sujetos.

En este escenario de hartazgo todos pusieron la lupa en un pequeño material comunicacional sin importarle a la mayoría el programa en el que se enmarca o sus fundamentos. Unos persistieron en su fundamentalismo afirmando que no se podía claudicar frente a la droga, o hicieron gala del mismo oportunismo político e hipocresía con que criticaron al Ministro de Seguridad de la provincia de Bs As. cuando hizo recomendaciones a los usuarios de cocaína ante la tragedia de Puerta 8 que significó múltiples muertes por cocaína adulterada y falta de presencia del Estado. Algunos viralizaron en población general contenidos dirigidos a población específica. Entonces, otros, víctimas del hartazgo se preguntaron: “Con qué necesidad, con todos los problemas que hay?”.

A este grupo quiero responderle que quienes trabajamos impulsando la Reducción de Daños desde sus tímidos orígenes en Argentina insistimos hoy, en estos tiempos de maximización de daños asociados a las drogas, que sí hay necesidad de un cambio de paradigma y que la Reducción de Daños sea reconocida por la política pública argentina.  También hay necesidad de un abordaje asistencial adecuado con instituciones públicas destinadas al cuidado, atención y acompañamiento y no instituciones de encierro, aislamiento y castigo. A ambos grupos les digo que ya es hora de que la ciencia y la razón y no la moral, la ignorancia y el miedo gobiernen la política de drogas en Argentina.

*Silvia Inchaurraga. Doctora en Psicología.  Master en Drogadependencias. Directora del Centro de Estudios Avanzados  en Drogadependencias CEADS  de la Universidad Nacional de Rosario. Investigadora y Docente. Secretaria General y Ex Presidente de ARDA,  Asociación de Reducción de Daños de la Argentina.

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