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Conocé el trabajo de la Escola Livre de Redução de Danos
La ONG brasilera nació desde un equipo integrado por profesionales con trayectorias en movimientos sociales. Buscan innovar en procesos de atención, tecnologías sociales y formas de interseccionalizar la reducción de daños como estrategia. ¿Cómo hacer reducción de daños cuando la violencia, los vínculos del narcotráfico con la política y el moralismo conservador y religioso dominan el escenario? Hablamos con su coordinadora, Priscila Gadelha.

La Escola livre de redução de danos de Brasil está ubicada en la ciudad de Recife. Surgió en 2019 como institución, pero el grupo formador de la escuela se unió desde sus trayectorias en movimientos sociales, como trabajadorxs de la salud, de la asistencia social e investigadorxs en el campo de las drogas, continuando su camino como organización no gubernamental.

Como nos cuenta su coordinadora, Priscilla Gadelha, la organización “nació del movimiento de personas usuarias de drogas que se preocuparon por la construcción de políticas públicas y que entendieron la necesidad de una mayor participación y construcción de los diferentes grupos de personas afectadas por el modelo prohibicionista y cómo potenciar voces y experiencias con una nueva organización, donde el pilar de la democracia y la participación es el eje central y permanente”. 

Interseccionalizar la reducción de daños

La escuela utiliza el pilar de la reducción de daños, como el respeto y la horizontalidad en todo lo que hace, creando, innovando y garantizando espacios de formación, ciudadanía y dignidad para las personas. La propuesta de este espacio es innovar en procesos de atención, tecnologías sociales y formas de interseccionalizar la reducción de daños como estrategia posible para todas las necesidades humanas, expandiendo el lugar más allá del consumo de drogas. 

En clave geopolítica, Priscilla nos dijo: ”En el modelo de guerra contra las drogas Europa obtiene la sustancia y los latinos obtenemos la sangre y la guerra». 

El trabajo de la escuela consiste en crear espacios de convivencia, para diferentes colectivos, con especial foco en las mujeres cis y trans, junto a sus hijxs. En sus espacios todas las personas pueden ser aceptadas, incluidas y participan con igualdad de derechos. 

Sobre las tareas que desempeña la institución, Priscilla nos contó que garantizan “dos días a la semana en 4 turnos de convivencia a las personas que consumen drogas y que se encuentran en situación de calle. En este espacio las personas pueden ducharse, descansar, comer y lavar la ropa, además de contar con un espacio de intercambio, escucha y aprendizaje en grupo”.

Además de este espacio de socialización, cuentan con dos jornadas de turno psicológico de demanda espontánea y programada, para un seguimiento regular.

América Latina es una región del planeta marcada por la desigualdad, el colonialismo y algunas de las más sangrientas guerras contra las (personas que usan) drogas. Consultada por las particularidades del enfoque de reducción de daños aplicado a Latinoamérica, Priscilla opinó: “Tenemos el mejor ambiente para cultivar marihuana y coca, pero no podemos cultivar ni tener los mejores productos, solo el dolor y la violencia que generan. Tenemos importantes ejemplos de cambio como el de Uruguay con la marihuana o la relación de Bolivia con la coca”. 

“La violencia mortal domina el escenario y nos queda la corrupción endémica y la relación del narcotráfico con la política, lo que dificulta aún más nuestro papel en hacer crítico el debate sobre las drogas, y dejar el moralismo conservador y religioso que impiden un debate profundo y serio sobre el tema. Necesitamos cambiar esta realidad a través de una alianza por la vida y el derecho a la dignidad de nuestros pueblos en toda América Latina”, reflexionó la coordinadora de la ONG.

En Brasil y en toda la región el encarcelamiento de personas usuarias es masivo. Como cuenta Priscilla sobre su país: “Enfrentamos violencia en general, especialmente con jóvenes pobres y negros, además de los altos índices de encarcelamiento de mujeres pobres y negras, que muchas veces son encarceladas por delitos relacionados con la trata, pero que muchas veces son situaciones que se podrían resolver con otras alternativas. También sufrimos el estigma que trata de impedir nuestro desarrollo como personas con ciudadanía y derecho a vivir”.

Acolha, não puna

Acompañe no castigue en Brasil es Acolha, não puna. Desde la Escuela vienen sumándose todos los años y nos cuentan: “Cada año buscamos traer otras formas de hablar de la campaña, en 2019 lanzamos la convocatoria pública de intervención en los territorios, con acciones de expresión artística, textual y audiovisual. En 2020 con la pandemia lanzamos el edicto y realizamos un webinar con otras entidades sobre la necesidad de llevar la campaña a más colectivos. En 2021, un programa de generación de ingresos con recursos para desempeñar actividades comerciales en la calle, que generó ingresos, acciones directas para acoger y romper el estigma de las personas que usan drogas, que también pueden ser trabajadorxs”. 

También preparan su propuesta para 2022 y nos adelantaron que organizan “un debate interseccional, donde tendremos una mayor presencia del movimiento feminista, negro y que guía el desencanto, ya que Brasil tiene tasas alarmantes de encarcelamiento masivo”.

¿Qué debería hacerse con las drogas?

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