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Ilustración de Adriel Radovitzky
Alquimia psicodélica: una yapa sobre el MDMA

Para cerrar este humilde homenaje a estos grandes espíritus en cierto modo complementarios, recordar que una de las moléculas que ellxs pusieron a circular entre la comunidad de terapeutas de la que Ann formaba parte, y en la que inició a muchxs a la terapia psicodélica, esta molécula (MDMA) es la que más cerca está de ser aprobada para tratamientos en salud mental, donde ha mostrado una eficacia para Trastorno de estrés postraumático —como lo está demostrando la organización MAPS— en dos tercios de la población a la que se le implementó. Ann recalcó en aquella entrevista con Pollan que con el éxtasis: “no se mueven las paredes, ni te hablan las flores”, pero “te proporciona un viaje de autoconocimiento”.

Paralelamente, sumidos en la ilegalidad y la clandestinidad, lxs usuarixs de drogas —por dichos motivos, adulteradas— siguen arriesgando sus vidas, mientras se cuentan más muertes por intoxicaciones, a la par que los medios siguen confundiendo y desinformando, cuando —por ejemplo— llaman “éxtasis” a cualquier cosa que se venda como tal.

Curiosamente, se comienza a pretender enmendar el estigma por el lado más crudo, sanguinario, aunque quizás estratégico: los veteranos de guerra estadounidenses. Así se verá, en el documental de Pollan, que la molécula se utiliza también para tratar policías, y que inclusive a uno de ellos se lo insta a convertirse en facilitador-terapeuta. ¿Policía-terapia? Este es el nivel de paradojas que nos proporciona el capitalismo y la psicodelia, o bien el capitalismo psicodélico (y el Estado Capitalista). Contradicciones que con sobradas razones podemos estar dispuestxs a no aceptar.

No olvidemos que los servicios militares y de inteligencia siempre estuvieron interesados en las drogas, en tanto remedios y en tanto armas químicas. Pues en este terreno, mucho menos que en otros, las negociaciones no son ni inocentes ni desinteresadas.

Finalmente, esperamos que, al menos en nombre de Ann Gotlieb-Shulgin y en justicia de sus obras, estos compuestos sean utilizados para algo mejor que para subsanar los trastornos generados a los soldados de Las Naciones que perpetran guerras incluso contra las drogas.

Finalmente, esperamos que, al menos en nombre de Ann Gotlieb-Shulgin y en justicia de sus obras, estos compuestos sean utilizados para algo mejor que para subsanar los trastornos generados a los soldados de Las Naciones que perpetran guerras incluso contra las drogas, las que en verdad no lo son sino contra las poblaciones que las usan. Y a veces ni siquiera eso, puesto que “la droga” (prima-hermana del “terrorismo”) bien puede ser tan sólo la punta de lanza, la excusa por defecto, el chivo expiatorio para cometer enormes atropellos étnicos, raciales, clasistas y geopolíticos (como lo fueron y lo siguen siendo). Todo lo cual dista enormemente de los bondadosos gestos de Ann y de Shulgin. Que en paz descansen.

“Tanto como le concierne a la especie humana, si quiere sobrevivir durante mucho tiempo en la Tierra, tendrá que requerir que sus mejores mentes y sus almas más morales dediquen su tiempo y energía a estudiar en profundidad la psique humana y su lado oscuro, utilizando todas las herramientas disponibles, incluyendo las drogas y plantas psiquedelicas. De no hacerlo, entre la energía nuclear, las mutaciones bacteriológicas, la devastación ecológica y la creciente amenaza del hambre, los desfavorecidos de todo el mundo, nuestras civilizaciones y nuestra propia especie puede que tengan un futuro de corta duración”. Ann Shulgin, 1997.

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