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Ilustración de Adriel Radovitzky
Alquimia Psicodélica: Homenaje a Ann y Alexander Shulgin
La historia de los psicodélicos está marcada por grandes investigadores que dejaron sus huellas dactilares en el picaporte de las puertas de la percepción. Ann (Gotlieb) Shulgin y Alexander Shulgin dedicaron su vida al estudio de estas drogas. Repasamos su camino visitando los dos libros que sintetizan el trabajo técnico del químico, y el contrapunto humanista de la psicóloga. Acompañadxs por ellxs, recorremos el rol soterrado de Ann en el masculinizado campo de las terapias psicodélicas, las metodologías de Alex «el último alquimista», los embates prohibicionistas en forma de allanamientos e inspecciones y una breve reseña sobre el impulso que dieron a las terapias con MDMA.

El pasado 9 de julio dejó este mundo quien hasta entonces fuera una leyenda viva y psiconauta pionera de la terapia psicodélica. Con seguridad, una de las mujeres que más drogas de esta clase probó, y de las cuales extrajo experiencias que ha podido transmitir en vida, contribuyendo a una historia poblada mayormente por masculinidades.

La vida de Ann (Gotlieb) Shulgin tomaría un rumbo inesperado el día que se topó en su camino con el ya entonces gigante de la química psicoactiva, Alexander Shulgin (1925-2014), en 1978. Ann tenía 47 años y Alex tenía 53 y los últimos 18 se los había pasado formulando drogas psicodélicas experimentales. Por aquel entonces ya había superado las 100.

Sin embargo, de este encuentro se produjeron transmutaciones nuevas para lxs dos, quienes no dejaron de realizar experiencias psiconáuticas, bioensayos, notas y un férreo activismo fármaco-intelectual, que abogaba por una contraofensiva a la “guerra contra las drogas”. Pues lo que la “guerra contra las drogas” no sabía era que “las drogas” iban a responder, y no precisamente de manera pacífica. Se desplegaría una contraofensiva farmacológica, un fuego de barricada (al)químico, contra las políticas (cada vez más) punitivas y prohibicionistas.

Ann en 1979. Foto vía Associated Press.

Ann fue psicóloga. Nacida en Nueva Zelanda, vivió durante su juventud en Cuba, Canadá y EEUU, puesto que su padre era cónsul. Tuvo 4 hijxs, 3 divorcios y un aborto. Ya culminados sus estudios en Psicología, trabajó en el Centro Médico de la Universidad de California. Y vivió su primera experiencia enteógena teniendo casi 30 años de edad, con Hikuri (Peyote), cuyo principio activo es la mescalina, una fenetilamina que, como bien sabemos, es una de los 2 tipos de moléculas (la otra es la triptamina) con las que ella y su compañero (Sasha, Shura o “Alexander”) experimentarían el resto de sus vidas.

“Todo es energía, energía que toma la forma de briznas de hierba y de conejos y de cuerpos humanos y de rocas, pero nos movemos por un mundo que hemos aprendido a ver estable, tranquilo, sólido. Me pregunto a qué edad empezamos a descartar ese otro nivel de realidad. Debe de ser desde muy temprano.

Es como una fuerza vital; ¿eso es lo que llaman el cuerpo etéreo…? ¿Hay alguna forma de ver ese continuo movimiento todo el tiempo, no sólo cuando tome alguna droga?

¿Cómo es que soy consciente de ser completamente yo misma —puedo localizar mi yo, mi centro— pero, al mismo tiempo, puedo desperdigar mi conciencia en cientos de peces?

Cualquier miedo que hubiera podido tener a la muerte, a cruzar realmente la frontera, quedó atrás en un momento. Estaba viendo el camino y no había nada que temer. Cuando miré la zona del cielo cargada de energía, volví a darme cuenta de que no me sorprendía, porque alguna parte de mí lo recordaba”. Fragmentos de la primera experiencia de Ann con peyote, relatadas en Pihkal (1991).

Ya habiendo pasado varios años junto a Shulgin, dieron a luz a dos nuevos seres. Libros-Máquina, en esta ocasión. Pihkal y Tihkal, dos monumentales volúmenes que sintetizan el ciclópeo trabajo técnico del químico, y el contrapunto humanista de la psicóloga. Todo un trabajo alquímico.

“Gran parte de la historia, la cual trataba sobre experiencias psiquedélicas, era ficción, pero estaba basada en las exploraciones que habíamos realizado durante los años sesenta y la investigación que habíamos realizado antes de que se aprobara el Proyecto de Ley de Sustancias Análogas de 1986, la cual detuvo de forma efectiva todas aquellas  exploraciones en este país. Esa parte del libro era suficientemente controvertida, ya que trataba también sobre el daño causado a nuestras libertades básicas por la llamada Guerra contra las Drogas y discutía con vehemencia sobre los derechos individuales de los ciudadanos adultos para explorar sus propias mentes y espíritus en la manera que eligieran, teniendo en consideración no repercutir en los derechos de cualquier otro ser humano“. (Tihkal, Ann).

Estas obras fueron publicadas en 1991 y 1997, y tratan de Fenetilaminas, y luego de Triptaminas, respectivamente, las que esta pareja ha “Conocido y Amado”. Pero por “conocido” hay que leer pergeñado, estudiado, diseñado, es decir, nada de un conocimiento casual y desinteresado, sino más bien de un saber- sophĭa. Y aquella clase de “amor” debe comprenderse como una philia por aquel conocimiento sensorial, sensible y fenomenológico. Vivencias en carne, sangre y espíritu que constituyen, en fin, una suerte de Filo-Sofía psicodélica, precisamente, por demás pragmática.

Estas obras tratan Fenetilaminas y Triptaminas, sustancias que esta pareja ha “Conocido y amado”. Pero por “conocido” hay que leer pergeñado, estudiado, diseñado, es decir, nada de un conocimiento casual y desinteresado, sino más bien de un saber-sophĭa. Y aquella clase de “amor” debe comprenderse como una philia, por aquel conocimiento sensorial, sensible y fenomenológico.

No podemos dejar de mencionar que entre un libro y el otro, hubieron inspecciones y hasta un allanamiento en casa de lxs Shulgin, en 1994 (volveremos sobre esto luego) ya que Sasha contaba con un permiso especial de la DEA para manejar estas sustancias, y cuando el primero de estos volúmenes pisó las calles —a la par que el centenar de drogas cuyas recetas puso a circular libremente—, su permiso fue abolido. Las intenciones de publicar Pihkal eran explícitas: una contraofensiva a la prohibición del MDMA en 1985, molécula que tanto Ann como Sasha estimaban enormemente, por su potencial terapéutico. Pero les importó tres cominos que le revocaran su permiso, y nuevamente pusieron manos a la obra, en este caso Tihkal, publicado en 1997.

Ambos libros ponen sobre la mesa las recetas de laboratorio de más de 230 moléculas psicoactivas, muchas nuevas —desconocidas en la naturaleza—, ingeniadas por Shulgin, testeadas en sus cuerpos-mentes —y los de un grupo amigxs colaboradores cercanos, con quienes realizaban experimentos y tomaron notas durante años— a fin de producir un corpus de conocimiento absolutamente fronterizo para la ciencia de la época (y aún para la de hoy). A la par de la sapiencia técnica, encontramos en estos dos tomos una sobreabundancia de informes, reportes personales, grupales, apreciaciones cualitativas y subjetivas de todas aquellas aventuras psíquicas.

¿Qué debería hacerse con las drogas?

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