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Ilustración de Adriel Radovitzky
Drogas capitalistas y la arena corporadélica
En esta nueva entrega de nuestra columna enteogénica buceamos en las aguas del capitalismo psicodélico, embanderado en el aislamiento como paradigma social y molecular. Un recorrido por los actores y sucesos destacados de la arena corporadélica. Con la guía que ofrece “Realismo capitalista” de Mark Fisher, les traemos este análisis situado en un escenario donde el capitalismo “ocupa sin fisuras el horizonte de lo pensable”.

Una realidad paralela, que pareciera de otro mundo, pero es de éste —lo es tanto que ya pareciera de otro— se juega y se combate ahora que los grandes capitales se vuelcan a la investigación psicodélica, aún cuando casi la totalidad de estas drogas permanece bajo estricto control y su tenencia sin los permisos correspondientes está penalizada. Así y todo, de los prometedores ensayos clínicos que se han efectuado con psilocibina, mdma y ketamina —entre otros compuestos— se ha derivado toda una industria psicodélica en creces, tan sólo en los últimos tres o cuatro años.

El escenario producido es una especie de surrealismo latente: inversores trajeados, con maletines rebosantes de dólares y moléculas psicotrópicas, especulando sobre el rentable e inminente negocio de la salud mental, pronta a ser “revolucionada”. Aspersores que crean burbujas psicoactivas personalizadas; cigarrillos electrónicos Philip Morris para DMT; Inteligencia Artificial y Machine Learning puestas al servicio de la creación de nuevos compuestos: una computadora logró simular en una semana casi la totalidad de drogas que a Shulgin le llevaron 3 décadas.

Sólo para el receptor cerebral de serotonina 5ht2a (principal encargado de la experiencia psicodélica) ya se han desarrollado, virtualmente, 34 mil millones de nuevas drogas. Véase al respecto el proyecto Ultra LSD (Ultra Large Scale Docking) de Bryan Rots, entrevistado en este capítulo por Hamilton Morris.

Una dosis de droga capitalista que nos deja de cara: existen ya más de 50 compañías de medicina psicodélica cotizando en bolsa. En las aguas publicitarias y económicas, toda una flota al servicio de la inversión de la tercera ola psicotrópica se pone a nuestra disposición: el inversor psicodélico, tu guía de negocios psicodélicos, la tercera ola psicodélica

Una dosis de droga capitalista que nos deja de cara: existen ya más de 50 compañías de medicina psicodélica cotizando en bolsa.

Y surfeando el colmo de lo irrisorio, una compañía intentando patentarlo todo, hasta el propio setting del consultorio terapéutico clásico: diván, ornamentación e iluminación (incluido el acto de tomarse de las manos con el terapeuta).

PSICODELIA MANIACO-DEPRESIVA

Digámoslo ya: el abono del terreno técnico es sumamente valioso. El desarrollo de nuevas tecnologías materiales permite no sólo conocer los fenómenos con mayor “resolución”, sino además producir efectos concretos sobre el espíritu.  Pero el realismo capitalista-psicodélico nos quiere hacer creer que esto sólo es realizable en el horizonte de posibilidades de sus políticas-económicas. En este sentido, a lo largo del artículo iré tomando como interlocutor a Mark Fisher, citando todas las veces su obra Realismo Capitalista (2017, Caja Negra editora).

Con la copa medio-llena podemos decir que mediante la frenética lluvia de inversiones millonarias sobre la industria farmacéutica-psicodélica, comienza a desarrollarse (y derramarse) un agudo conocimiento técnico sobre moléculas, receptores cerebrales y efectos que bañarán al estado ordinario de conciencia de aquí a pocos años.

La copa medio-vacía me dice que la mesa sobre la que se juegan estas cartas es la misma de siempre, y que tiene poco de la pretendida “revolución” que arengan ahora la psiquiatría y la salud mental psicodélica. Lo revolucionario de estos compuestos es, en verdad, lo que se está procurando conjurar; pues no merman la competencia salvaje —¿o hipercivilizada?—, el extractivismo botánico-cultural y la biopiratería. Y aún cuando esto no sea siempre la regla, el paradigma de salud que se nos está proponiendo consiste en esto: obturar el dolor de la vida, del mundo, con píldoras mágicas. Se pretende emparchar todos los agujeros anímicos para que la maquinaria que los produjo siga girando sus afilados engranajes. De hecho, la nueva generación de experiencias psicodélicas de diseño viene “sin malosviajes” —y acaso sin viaje alguno— en clínicas que parecen empresas que parecen clínicas.

 No decimos que las “medicinas psicodélicas” no vayan a servirle a nadie. Pero ¿en qué contexto? ¿Acá? ¿Donde el capitalismo “ocupa sin fisuras el horizonte de lo pensable”?  Siguiendo a Mark Fisher:

“La ontología dominante en la actualidad niega la misma posibilidad de una enfermedad mental cuyas causas sean sociales. La reducción del trastorno mental al nivel químico y biológico, por supuesto, va de la mano de su despolitización… Es una idea que refuerza el impulso del sistema hacia el sujeto aislado (si estás enfermo, es por tu química cerebral)… es una noción que abre un mercado muy lucrativo para que las compañías farmacéuticas internacionales desplieguen sus productos.”

El aislamiento como paradigma y cosmovisión social y molecular.

COACHING ONTOLÓGICO PSICODÉLICO

En la citada obra, Fisher expone: “A lo largo de los últimos treinta años, el realismo capitalista ha instalado con éxito una “ontología de negocios” en la que simplemente es obvio que todo en la sociedad debe administrarse como una empresa, el cuidado de la salud y la educación inclusive”. A tono con esto, el hipersurrealismo capitalista psicodélico pretende informarnos a su vez con artículos del orden de “¿Cómo los psicodélicos mejoraron el enfoque de un CEO para resolver los conflictos de los empleados?”, o sobre cómo ir “De la transformación personal al crecimiento económico” con tanta naturalidad que uno ya se siente desubicado tan sólo por asombrarse.

James HalliFax de Psychedelic Investor con Doug Drysdale, CEO de Cybin, hablando de Cyb-003, su psilocibina sintética.

Pero en Oregón —primera ciudad donde los psicodélicos están despenalizados para diversos tipos de uso— ya comenzaron a haber conflictos de intereses yuxtapuestos (económicos, societarios y personales) entre vínculos del mercado regulado y del uso médico (privado). Por ejemplo, Tom Eckert, exmiembro de la junta asesora del gobierno para la regulación de psilocibina (que renunció mientras yo escribía este artículo) “ya ha revelado un conflicto de intereses financiero: su negocio de capacitación de facilitadores InnerTrek”… Puesto que “simultáneamente lidera la junta asesora del gobierno que está elaborando las reglas que rodean la legalización de la psilocibina y comenzando una empresa que se beneficiará de ese nuevo mercado” escribió la periodista Tess Riski.

El “ecosistema de inversión” de las empresas psicodélicas.

Y si nos proponemos pensar en términos de anticapitalismo psicodélico —lleve esto a donde nos lleve— es por el mero hecho de que existe algo tal como un capitalismo psicodélico.  Enunciar la posibilidad de un anticapitalismo psicodélico no nos remite, forzosamente, a un “Comunismo” o un “Socialismo” psicodélico (aunque ya se han enunciado posibilidades en este sentido).

Apenas, a duras penas, si podemos atisbar algo de lo que está sucediendo en el mundo donde se cruzan finanzas y psicodelia. ¿En qué cabeza cabe? En algún momento yo hubiera pensado que esto era un oxímoron: capitalismo psicodélico ¿Es posible?

¡Pero claro! ¿Por qué los psicodélicos iban a ser la excepción? Si este régimen político-económico lo fagocita todo. Pues “el poder del realismo capitalista deriva parcialmente de la forma en la que el capitalismo subsume y consume todas las historias previas”. Efecto del sistema de equivalencias dice Fisher, “capaz de asignar valor monetario a todos los objetos culturales, no importa si hablamos de iconografía religiosa, pornografía o El capital de Marx”.

Cornelius Castoriadis, 40 años atrás, supo expresarlo así: “La sociedad de consumo es eso: cómprese un nuevo televisor y cállese la boca; cómprese un nuevo modelo de auto y cállese la boca (…) ¿quiere usted sexo? Y bien, aquí tiene, le damos sexo, le damos mucha pornografía y se terminó”(1).

Pues —de nuevo Fisher— “la tarea de la ideología capitalista no es convencernos de algo (…) sino ocultar el hecho de que las operaciones del capital no dependen de algún tipo de creencia subjetivamente compartida”. Pero incluso las ideas compartidas también son susceptibles de ser bien vendidas. En efecto, la idea de que el mismo consumismo puede llegar a salvarnos de la desigualdad y el colapso está bien instaurada: “lo único que tenemos que hacer es comprar los productos correctos”.

Con estos preceptos, caben pocas dudas de que es el capitalismo el que está transformando a los psicodélicos y no al revés. Es por ello que, en vez de perpetrar cualquier bajada de línea, lo que procuramos, con modestia, es precipitar posibles puntos de fuga, respecto de las territorializaciones que el status quo —médico-científico o new-age— viene haciendo de enteógenos y psicodélicos.

LA CARRERA HACIA EL ESPACIO INTERIOR

No deberías competir, deberías intentar tener un monopolio?” (Peter Thiel, inversor en Compass Pathways)

Hasta septiembre de 2020, la escena venía siendo desarrollada por organizaciones de ciencia abierta y sin fines de lucro (MAPS, Usona, Heffter Research, por nombrar algunas) financiadas por la “filantropía” de actores tan interesados como pudientes. He aquí los números de algunas contribuciones a MAPS:

-Bob Parsons, fundador de GoDaddy ($2 millones)

-Blake Mycoskie fundador de TOMS Shoes ($1 millón)

-John Gilmore, cofundador de Electronic Frontier Foundation ($1 millón)

-David Bronner, CEO de Dr. Bronner’s ($800,000)

-Steve Jurvetson, miembro de la junta de SpaceX y Tesla ($2.6 millones)

En septiembre del 20202 la fundación de investigación psicodélica Compass Pathways, orientada al tratamiento de la depresión con psilocibina, decidió cerrarse, privatizarse, sin más. Voltear la espalda y volverse la primera compañía psicodélica capitalista, aún cuando se había beneficiado de todas las investigaciones de ciencia abierta —hay que subrayarlo—. 

Si se quiere perseverar en la buena fe, la confianza o cierta neutralidad, puede pensarse que esto no tiene nada pernicioso en sí. Ahora bien, ¿qué comenzó a hacer Compass devenida empresa? solicitar patentes para cuanto uso se nos ocurra, tanto para la psilocibina, como para la terapia psicodélica. Estrategia denominada “thicketing”, que es “cuando una empresa inunda la oficina de patentes con solicitudes y dificulta la competencia de las empresas más pequeñas.”

En palabras de Christian Angermayer, el propio CEO de Compass, filtradas en una cadena de e-mails: “Muchas compañías psicodélicas no podrán jamás traer un producto al mercado, en tanto se chocarán con las patentes de Compass y ATAI”, pues cuando otras compañías busquen avanzar sobre nuevas aplicaciones o descubrimientos, se verían trabadas por los vastos derechos de propiedad intelectual de Compass, quedando fuera de juego.

Resulta que además la mayoría de los “descubrimientos” de Compass eran obviedades de dominio público, sólo que no estaban patentadas (como la disposición mobiliaria de un gabinete psicoterapéutico, o las habilidades de un terapeuta para trabajar online).

En este orden de cosas, cabe recordar que en 2017 los investigadores Blei y Fricke hicieron de público conocimiento el hallazgo de ciertas enzimas que eran las encargadas de sintetizar psilocibina, lo cual propiciaría la producción a gran escala y bajo costo, insertando el ADN para dichas enzimas en algún tipo de hongo-huésped. Una fábrica de psilocibina en forma de levadura transgénica.

¿Qué hizo otra de las empresas (CB terapeutics) asesorada por Angermayer? ¡Patentar el descubrimiento dos años más tarde! (con algunas pequeñas modificaciones, lo que se denomina evergreening) de modo que los propios científicos Blei y Fricke quedaron en jaque, hasta que se dieran los reveses jurídicos necesarios a estas maniobras poco honestas.

En palabras del investigador Fricke: «Soy totalmente consciente de que el campo de los medicamentos psicotrópicos con fines terapéuticos está en auge en este momento y también es bastante competitivo, por lo que no me sorprendió (…) Pero, sinceramente, me decepcionó y me entristeció que ahora sólo una empresa use nuestro conocimiento para generar ganancias. Especialmente cuando usan nuestro trabajo y tratan de etiquetarlo como suyo». Cabe señalar que Blei y Fricke habían optado por la socialización de su descubrimiento, en vez de patentarlo.

Pasemos revista a algunos de los reveses en materia de patentes:

– La creación de Freedom to Operate: Organización sin fines de lucro que busca litigar las “malas patentes”, emitidas por error o apresuramiento, que impiden la “innovación e investigación” por parte de otras organizaciones, y además acarrea gastos innecesarios y pérdidas económicas para poder impugnarlas una vez que se han otorgado.

– El lanzamiento de PortaSophia: una “Biblioteca del estado del arte psicodélico”, herramienta de búsqueda sin fines de lucro “para innovadores y revisores de patentes” creada por abogados de patentes y científicos.

La fundación de POPLAR: el Proyecto de Psicodélicos, Leyes y Regulación de la Facultad de Derecho de Harvard, cuyos lineamientos son:

– Ética en la investigación y la terapéutica de los psicodélicos.

– Desafíos en la intersección de los psicodélicos y la ley de propiedad intelectual.

– Oportunidades para el apoyo federal a la investigación de psicodélicos.

– Acceso a terapias psicodélicas y equidad en las industrias psicodélicas emergentes.

– El papel de los psicodélicos en la curación del trauma.

Patente para burbuja personalizada. En el documento se lee:

“(0017) El líquido puede contener perfume. Otros líquidos también pueden incluir: aceites esenciales, descongestivos, desodorante o antitranspirantes, repelente de insectos, hormonas, fármacos, feromonas humanas, aceite de CBD, drogas de mejora congnitiva, nootrópicos, microdosis, medicinas psicodélicas (lsd, psilocibina) para aplicación terapéutica (…)”

 

Hablemos de cantidades: ya hay al menos 120 patentes asociadas a la psilocibina (tanto en “modos de uso” como en derivados de la molécula y procesos de síntesis), 64 para LSD e idéntico número para usos del MDMA y para DMT. Y estamos hablando sólo de tres tipos de moléculas (¡sólo tres!) de los millares que existen, además de las que aún desconocemos y las que están por venir.

Así las cosas, la tendencia a “villanizar” corporaciones podría ser tentadora. Pero incurrimos en la falacia de pensar que se trata de casos aislados, de mala fe, y que la rabia se termina cuando muera el animal. Lo que queda sesgado con esta apreciación es que la misma organización de la sociedad es la que produce estos dispositivos —aquí los interlocutores serían Foucault, Deleuze y Guattari—.

Cuestión estructural: son las reglas del juego las que producen a los jugadores, sus tácticas y estrategias, cuya deriva es la batalla campal mercantil y jurídica. Mark Fisher, una vez más, dice: “¿Alguien cree, por ejemplo, que mejorarían las cosas si reemplazáramos a todos los cuadros gerenciales de las empresas y los bancos con un nuevo conglomerado de “mejores personas”? Por el contrario, es obvio que es la estructura la que genera los vicios, y que mientras permanezca, los vicios se reproducirán”.

Concretamente, desde que Compass se privatizó (y no pasaron ni 2 años) ya hay decenas de industrias corporadélicas siguiendo sus pasos y evitando pisar los mismos pozos. Luego de que se le negara otra de las solicitudes de patentes (la del Polimorfo A de psilocibina) puesto que no había descubrimiento en sí, ahora se estila desarrollar efectivamente nuevos tipos de moléculas psicodélicas. Es decir, se apunta a la innovación comprobable, efectiva, que no sea obvia o evidente en inventos o descubrimientos anteriores.

Parece además que en Estados Unidos se puede patentar casi cualquier cosa. “¿Se puede registrar un invento que aún no se ha inventado? Se puede, de acuerdo con la ley de patentes” dice Shayla Love, periodista de Vice, quien sigue la arena psicodélica de cerca. Tal es el caso del uso de “LSD para alergias alimenticias”. Tratamiento que aún no se sabe si es efectivo, pero ya está patentado.

A la par, Compass sigue emitiendo solicitudes de patentes para aplicar a cuanto malestar podamos (y no) imaginar (más de 70 patologías, entre mentales y biológicas), nos advierte Psymposia, quienes acuñaron el término Corporadelia.

Captura de pantalla del usuario @thepsychedelicinvestor del 03 de marzo 2022, donde anuncian que Compass estará testeando su compuesto de psilocibina COMP360 para anorexia, ideación suicida, trastorno bipolar tipo 2 y trastorno dismórfico.

 El post se acompaña de la leyenda

“¿qué ensayo clínico es el que más te entusiasma?”.

En cuanto a innovaciones, vemos desde empresas como Delix Therapeutics, abocadas a producir psicodélicos sin alucinaciones (“neuroplastógenos”), hasta Mindstate Design Labs, que se está empeñando en obtener “muertes del ego” seguras y garantizadas.

Shayla Love lo puso en estos términos: “¿Será la experiencia psicodélica como un pedido de Starbucks algún día? Donde puedes decir: «Quiero una experiencia oceánica ilimitada, con algunas imágenes similares a las del LSD, pro-socialidad de MDMA, y sólo tengo 55 minutos antes de volver al trabajo». El ejemplo no es caprichoso, pues cuando se descubrió el potencial psicodélico del DMT aislado, por los años sesenta, se lo llamó “el viaje del hombre de negocios” (businessman trip). Un capitalismo que funciona a pesar de —o gracias a— las drogas psicodélicas.

Un capitalismo que funciona a pesar de —o gracias a— las drogas psicodélicas.

Citemos el paradigmático caso del CEO ya mencionado: “los insights psicodélicos pueden conducir a una toma de decisiones más inteligente: los psicodélicos pueden mejorar la empatía y, por lo tanto, conducir a una capacidad más precisa para identificar las fuentes del desempeño deficiente de los empleados”.

Por supuesto que el enfoque médico-terapéutico sigue siendo el principal vector por el cual se están realizando estos desarrollos, sólo que en un contexto donde la salud es negocio. Cabe notar además que este incipiente mercado ha florecido paralelamente a la pandemia. Y las empresas, como Field Trip, suelen proferir slogans de “misión” y “visión” tales como:

“El mundo está experimentando una crisis de salud mental que está dañando familias, comunidades y espacios de trabajo. La gente está sintiéndose más desconectada que nunca. Para muchos, los tratamientos convencionales no brindan alivio ni resultados duraderos (…)”. 

“Puede que te sientas solo, desconectado, perdido, todo lo cual puede ser síntoma de depresión o trauma. No importa por lo que estés pasando, creemos en la capacidad intrínseca de cada persona para sanar. A veces, se necesita un catalizador para acceder a la curación o avance en el viaje (…)”.

Un lugar sumamente común en estos discursos es apelar, ante todo, a la evidencia estadística irrefutable, por demás realista:

Captura de la web  https://www.mindsetpharma.com/ 

 También se da el debate de si vegetales y moléculas deben usarse únicamente bajo receta y autorización médica —lo cual supone toda una cadena de restricciones y aplicaciones del biopoder implícito— o si les usuaries de sustancias que no tienen indicación médica podrán utilizarlas sin ser criminalizadxs, como hasta hoy lo son. Debate que nos resuena.

¿Vegetales y moléculas deben usarse únicamente bajo receta y autorización médica —lo cual supone toda una cadena de restricciones y aplicaciones del biopoder implícito— o  les usuaries de sustancias que no tienen indicación médica podrán utilizarlas sin ser criminalizadxs?

Por su parte, probablemente la psiquiatría moderna haga uso más temprano que tarde del potencial terapéutico de los psicodélicos (se estima un año más para el MDMA y dos o tres para derivados de psilocibina) en aquellas enfermedades o trastornos, tales como el estrés, la depresión, TOC, trastornos de sueño, alimenticios, TEPT y otros malestares, incluida la ansiedad en pacientes con cáncer terminal. Padecimientos que no es de nuestro afán negar. Pero antes de obviarlos como naturales y universales, quisiéramos preguntarnos cómo, dónde y qué maquinaria los produce; a qué dispositivos, instituciones y sociedades pertenecen y responden.

Última cita de Fisher: “Si la esquizofrenia es la enfermedad que señala los límites exteriores del capitalismo, como quieren Deleuze y Guattari, el trastorno bipolar puede ser la patología mental propia del “interior” (…) ciclos de auge y depresión, el capitalismo es un sistema fundamental e irreductiblemente bipolar (…) entre la manía optimista en la exuberancia irracional de las burbujas y el bajón depresivo (…) se alimenta del estado de ánimo de los individuos, al mismo tiempo que los reproduce. Sin dosis iguales de delirio y confianza ciega, el capitalismo no podría funcionar”. 

MERCADOTECNIA PSICODÉLICA

Para finalizar esta entrega, un pequeño sobrevuelo a algunos de los avances que la industria psicodélica nos ha legado recientemente.

El laboratorio CaamTech se ha propuesto generar blends de hongos mágicos “que nunca ocasionen un mal viaje”, optando aislar lo que definen como “el CBD de los hongos psilocybe”, la Aeruginascina, de la que ya han sintetizado y patentado su propia versión: “Pro-phoria”. Por otra parte, MindMed trabaja en su propio “switch-off” del efecto psicodélico, para el LSD en este caso.

BetterLife Pharma ya patentó su LSD no-alucinógeno para cefalea en racimos; Mindset tiene también otro psicodélico “de segunda generación”, derivado de la psilocibina, la MSP-1014. Allied Corp hizo lo propio con su psilocibina sintética, PSILONEX.

A la par, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (DARPA) de Estados Unidos, responsable del desarrollo de Nuevas-Tecnologías-para-Uso-Militar (¡ni más ni menos!) quiere extraer los “beneficios de los psicodélicos” pero “sin alucinaciones”. No sé ustedes, yo ya estoy teniendo un flashback (¿o reterritorialización?)… del Mk-Ultra.

En este contexto, la asociación MAPS ha recaudado 30 millones de dólares en 6 meses en 2020 para desarrollar su investigación sobre la eficacia del tratamiento con MDMA, para estrés post-traumático, orientado a veteranos de guerra. Y todo indica que el fin de las guerras no estaría siendo una opción (¿alguna vez lo fue?). Eterno Retorno del Hongo Nuclear.

Cabe destacar, por último, que con todas las inversiones y el mercado emergente, no han dejado de aflorar centros de formación para terapeutas psicodélicos de todos los colores. En fin, que la era del coaching-ontológico-psicodélico y la carrera hacia el espacio interior ha comenzado. Ya veremos dónde nos lleva. 

Notas:

1- Entrevista con Michel Téguer en 1982, publicada en Creation et désordre, París, 1987.

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