Fotografía de Nicolás Garrido

Todo cultivo es político: la economía popular y el Cannabis

Informalizadxs y criminalizadxs: ¿qué normativa contemplará a este sector?¿En cuál de las 8 ramas de la economía popular se ubican lxs trabajadorxs del cannabis? Analizamos el rol de lxs trabajadorxs clandestinxs del cannabis: actorxs económicos y promotores de la salud comunitaria, pero perseguidxs.

La economía popular nace en nuestras calles. Por supuesto que el desempleo, el trabajo precarizado y el trabajo informal no son algo nuevo, la novedad reside en la masividad actual de estas condiciones infernales; se trata de la consecuencia de un conjunto de firmas económicas y políticas ejecutadas fundamentalmente desde la última dictadura militar en nuestro país. 

El terrorismo de Estado, además de torturar y desaparecer 30 mil personas, implementó una serie de medidas que padecemos incluso hoy. Luego de la vuelta de la democracia, más precisamente en la década de los 90’, estas políticas fueron profundizadas en los gobiernos de Menem y De La Rúa; esto tuvo como resultado un aumento desorbitante de la pobreza, del desempleo, de la precarización y del hambre. La apertura económica del país, la eliminación de las retenciones, la desregulación del mercado, la privatización de empresas estatales, la estatización de la deuda privada, el congelamiento de los salarios, entre otras medidas, causaron estragos en Argentina. El programa y las estrategias del modelo neoliberal —proyecto económico, político y cultural— se desarrollaron a nivel mundial. Los lazos sociales se vieron debilitados, comenzaba a primar el individualismo y la competencia y se le intentaba quitar poder político y económico a lxs trabajadorxs.

La implantación de estas políticas, más allá de los diferentes cambios de gobierno, tuvieron consecuencias que se mantienen hasta nuestros días. Estos procesos que se fueron dando son los que han producido la exclusión —y la marginación— de un amplio sector de lxs trabajadorxs; allí radica la economía popular.

Lxs trabajadorxs salieron a inventarse un trabajo, en un país donde laburar era más privilegio que derecho. Para muchxs ha sido posibilidad de sobrevivir, de tener un plato de comida en la mesa. La lógica y la ética neoliberal fragmentaron a lxs trabajadorxs para evitar la organización y la unidad. A su vez, los diferentes agentes en conflicto eran y son atravesados por el discurso prohibicionista: marihuana como sinónimo de peligro y de narcotráfico.

En la actualidad, la cultura cannábica continúa siendo oprimida; mucho más quienes pueden llegar a vivir gracias a ella. No solo lxs consumidorxs son estigmatizadxs y perseguidxs, sino también lxs productorxs clandestinxs de cannabis —de flores y sus derivados— y muchas veces incluso los growshops y diferentes pymes vinculadas a la venta de productos relacionados al cannabis.

El mercado de trabajo formal tiene grandes limitaciones que hacen que la economía popular no pueda ser incorporada. De esta manera se obstaculiza la posibilidad de acceder y ejercer derechos laborales. Nunca hubo obra social, aguinaldo, vacaciones pagas, aportes jubilatorios ni licencias por maternidad o paternidad para lxs trabajadorxs de la economía popular. Este sector no pudo ser parte de las conquistas obtenidas por la lucha de lxs trabajadorxs porque no se logró resquebrajar la estructura económica y laboral que produce la fragmentación, la desigualdad y la exclusión.

En la actualidad las ramas reconocidas de la economía popular son: 1) cartonera, 2) rural, 3) textil, 4) sociocomunitaria, 5) integración urbana-construcción, 6) venta ambulante, 7) feriantes, 8) liberadxs y familiares. Debemos deciry agregar la novena rama, que atraviesa varias otras: la cannábica. Esta rama incluye diferentes actores de la sociedad, principalmente productorxs clandestinxs de cannabis —de semillas, de flores y sus derivados como el aceite medicinal—, trabajadores informales de la industria (empresas que fabrican y venden productos relacionados al cannabis), clubs de cultivo de cannabis, artesanxs, cocinerxs, creadores de contenido. Estxs trabajadorxs de la economía popular cannábica no fueron incluidxs ni amparadxs en la nueva reglamentación de la Ley Nº 27.350, tampoco en la media sanción que se dió recientemente en el senado a la ley que regula la producción industrial de la planta y sus derivados.

En cierto punto, es cierto, a la rama cannábica le falta una parte importante de la economía popular: la organización, la unidad y la visibilidad. Quizás esto se deba al miedo que opera sobre quienes forman parte de la cultura cannábica y de la economía popular cannábica. Sin embargo, esto está comenzando a emerger en nuestros días.

¿Qué es ser un productorx clandestinx de Cannabis? ¿es ser narcotraficante?

El mercado informal de cannabis es una realidad y mueve el mercado formal. Ser productorx clandestinx de cannabis es hacer para unx y para otrxs, es hacer para la salud propia y ajena en las sombras del prohibicionismo —de la opresión y de la persecución—. La hegemonía del discurso prohibicionista impregna la cotidianeidad y quienes producen cannabis y sus derivados para poder vivir, continúan en la clandestinidad. Ser productorx clandestinx de cannabis es combatir al narcotráfico y a la enfermedad ocupando los lugares donde el Estado está ausente. Es hacer en pos de la salud comunitaria y es mover la economía. A su vez, es construir y cuidar una cultura, la cultura cannábica: sin plantas no hay cultura.

No todxs pueden plantar aunque quisieran, muchxs no quieren plantar aunque pudieran; la venta de cannabis es una realidad. Sabemos que hay diferentes mecanismos y muchas veces la calidad de los productos queda a merced de lxs cultivadorxs y lxs consumidores al no poder acceder al conocimiento adecuado caen en consumos insalubres; contra esto también debemos combatir, contra la desinformación que no es sino producto del prohibicionismo. Se trata de enseñar y aprender en comunidad, desde una dialéctica que transforme.

No podemos dejar de pensar que es con protagonismo popular que se llegará a la emancipación de la comunidad, haciendo frente al prohibicionismo desde el cuidado. Es vital potenciar procesos de transformación donde la productividad económica no se imponga a la productividad social y al buen vivir del pueblo.