La prohibición de drogas daña, la educación construye

Los efectos devastadores del prohibicionismo son evidentes, es urgente hacer un cambio de rumbo. La educación popular favorece un proceso de enseñanza –aprendizaje y permite abrir camino, abrir lazos de confianza y comunicación para incidir en las comunidades dañadas.

* Por Andrés Hirsch, Lesly Jiménez y Sage Smith de ReverdeSer Colectivo.

Después de 50 años de la declaración de guerra contra las drogas anunciada por Richard Nixon, más de 100 años de prohibición de la cannabis, y múltiples reconocimientos del fracaso de las políticas prohibicionistas, resulta imprescindible visibilizar los daños y el dolor que ha causado su implementación, cuyos impactos marcarán nuestra historia durante varias generaciones. Ante ello, ¿cómo se puede cambiar un paradigma que se ha arraigado en mentes y concepciones de vida durante décadas a lo largo y ancho del planeta?

Nuestra respuesta va por la vía de la lucha social, del andar en movimiento, de la defensa de los derechos humanos de y para todas las personas, de la educación liberadora, de la información rigurosa y libre de prejuicios morales. A esta forma de resistencia ante el paradigma hegemónico prohibicionista, le hemos nombrado Reducción de Riesgos y Daños de Espectro Completo desde y para el Sur Global.

Esta concepción apuesta por transitar hacia una nueva relación como sociedad con las plantas y sustancias psicoactivas y, sobre todo, con las personas que las cultivan, producen, distribuyen, venden y consumen. Los efectos devastadores del prohibicionismo son evidentes, si queremos construir sociedades en paz, con justicia y dignidad, es urgente hacer un cambio de rumbo. No podemos seguir haciendo lo mismo esperando resultados diferentes a los actuales, no podemos seguir optando por estas leyes sin cuestionar sus consecuencias.

Desde ReverdeSer Colectivo consideramos que la educación popular es una de las herramientas con mayor potencial transformador que tenemos como sociedad. Por eso impulsamos procesos educativos basados en los postulados de Paulo Freire que afirman:

  • Enseñar no es transferir conocimientos, sino crear las posibilidades para su construcción.
  • Educar es conocer y transformar al mundo y a nosotros mismos.
  • Educar es un acto social y la práctica educativa no puede ser algo neutro, inamovible y apolítico.
  • Ninguna persona lo ignora todo y ninguna persona lo sabe todo. Por eso aprendemos siempre.

Tenemos la convicción de que la educación popular permite abrir el camino para  incidir en diversos contextos sociales donde la guerra ha dañado el tejido social al abrir lazos de confianza y comunicación. Mediante la apertura de diálogos entre pares podemos compartir entendimientos y construir nuevos saberes. La educación popular favorece un proceso de enseñanza – aprendizaje plenamente contextualizado, donde las personas asumen roles de educando y educador para acceder y transformarse no sólo a sí mismos, sino a toda la realidad que los rodea, a través del diálogo y la reflexión continua.

Al implementar ejercicios de educación popular desde la Reducción de Riesgos y Daños de Espectro Completo desde y para el Sur Global se requiere distanciarnos del aclamado “di no a las drogas”, de la cerrazón, del encierro, la exclusión, la violencia y de la discriminación. Esas son las herramientas desde las que se nos trata desde las políticas públicas y narrativas prohibicionistas actualmente vigentes, aunque ahora con grietas por las que se vislumbran nuestros derechos y libertades.

Un paso ineludible para lograr esto es la construcción de memoria colectiva. Esto es necesario para evitar que se perpetúen las atrocidades del pasado y generar las condiciones que garanticen la no repetición. La construcción de la memoria colectiva es un proceso que debe partir de cuestionar la versión oficial. Es una disputa por la narrativa y una lucha contra el olvido. Para ello debemos caminar hacia la construcción de “verdad”; mediante la recuperación de nuestras vivencias, el señalamiento de los daños causados por las políticas prohibicionistas y el reconocimiento de las necesidades que exigen nuestros contextos.

Asimismo, es fundamental replantearnos la relación que sostenemos con las plantas y sustancias psicoactivas, muchas de las cuales han acompañado a la humanidad a lo largo de nuestra historia. Necesitamos conocerlas más, tanto los riesgos como los beneficios de su uso, y dejar atrás el miedo para acercarnos desde la información. Es importante conocer cómo se vinculan a nuestra sociedad en la actualidad y desde siglos atrás y reconocer la multiplicidad de usos que giran en torno a ellas. Debemos descolonizar nuestro pensamiento y reconocer que hay comunidades, pueblos, tribus y naciones que se han relacionado con plantas y sustancias actualmente prohibidas desde tiempos ancestrales y que podemos aprender de quienes han sabido relacionarse con ellas a través de prácticas y tradiciones que siguen igual de vivas que las propias plantas.

Es necesario distinguir los riesgos y daños que resultan del uso de plantas y sustancias psicoactivas de aquellos que ocasionan la prohibición y la guerra contra las drogas. Debemos mirar los impactos que la criminalización, patologización y estigmatización tienen en los derechos de las personas. Este proceso conlleva la identificación del papel y de la responsabilidad de los gobiernos. Como lo afirma Dawn Paley, “desmentir la idea de que la guerra contra el narco es un esfuerzo legítimo por controlar el tráfico de drogas y el crimen organizado, cuando en realidad se trata de una campaña bélica que sólo sirve para incrementar el control socioeconómico de las élites (narcos, políticos y capitalistas) sobre la población”.

Es necesario distinguir los riesgos y daños que resultan del uso de plantas y sustancias psicoactivas de aquellos que ocasionan la prohibición y la guerra contra las drogas.

No obstante, no basta con deslegitimar las narrativas prohibicionistas, aún tenemos que demostrar que existen vías empáticas, respetuosas de los derechos humanos, pragmáticas y efectivas. La reducción de daños permite diseñar e implementar herramientas, prácticas, servicios y políticas públicas que pongan al centro el bienestar integral de las personas. La educación desde esta perspectiva nos invita a conocer las alternativas a la prohibición que ya están en construcción y nos hace un llamado a participar en su desarrollo y difusión.

Es bajo estas nociones que del 17 de marzo al 30 de junio de 2021 organizamos desde ReverdeSer Colectivo el primer seminario Hacia una nueva política de drogas: seminario de formación de reductores de riesgos y daños. En este ejercicio participaron personas de Argentina, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Uruguay y México: 17 como ponentes y 40 como integrantes del seminario. Así mismo, contamos con el apoyo de personas voluntarias de México y Canadá para la organización e implementación. Agradecemos profundamente a todas las personas que hicieron posible este ejercicio de reflexión y acción político-educativa.

Aún estamos lejos de poder contar nuestra historia, toda nuestra historia. De conocer los nombres, rostros y vivencias detrás de las incompletas cifras que intentan mostrar lo desgarrado que está nuestro tejido social. Sin embargo, hacia allá podemos caminar si nos permitimos escuchar a quienes narran nuestra historia a través de testimonios que dan cuenta de los daños que la guerra ha ocasionado y sumamos nuestras voces a las suyas para hacerlas sonar aún más fuerte.

Educarnos desde la reducción de riesgos y daños de espectro completo desde y para el sur global implica hacer ruido y hacerlo en comunidad. Continuemos construyendo colectivamente la ruta hacia la paz, haciendo uso de una de nuestras herramientas más poderosas: ¡la educación!

*Andrés Hirsch es coordinador del área de educación de ReverdeSer Colectivo, Lesly Jiménez, responsable del área de educación de ReverdeSer Colectivo, y Sage Smith, voluntaria en ReverdeSer Colectivo