Hallazgos de parafernalia de uso ritual-enteógeno en Argentina

Un abordaje desde diversas evidencias del uso ritual de psicoactivos naturales en culturas precolombinas procedentes del territorio argentino. Análisis y características de la parafernalia para consumo de Cebil, su materialidad, simbología, contexto socio-cultural, usos en rituales o ceremoniales en el Noroeste Argentino (NOA).

Nos acercamos a la Anadenanthera colubrina var. Cebil, encontrada en algunas regiones del NOA, donde su utilización responde a una antigua tradición y celebración ritual. En este análisis se exponen hallazgos acerca de la civilización de la que se registra uso de esta planta, espacio geográfico, contexto socio-cultural y usos en rituales o ceremoniales. Además,  se examinará sus modos de uso y procedimiento de obtención. También daremos cuenta de la forma de estos utensilios, ya que desde la mirada plástica y estética son muy ricos en composición y puntos de análisis.

Anadenanthera colubrina var. Cebil

El uso de Cebil se encuentra en todas las regiones en las que prevaleció la cultura Tiahuanaco: Bolivia, Argentina, Perú y Chile. Entre los años 1580 a. C. y 1187 d. C. Según evidencia arqueológica, la región se destaca por ser un lugar de abastecimiento y consumo de enteógenos, de particular valor religioso y simbólico.

Cebil: evidencia de parafernalia ritual-enteógena en el NOA

Las antiguas poblaciones y civilizaciones que habitaron lo que actualmente denominamos Noroeste Argentino, hacían uso de plantas enteógenas como el cebil. 

El espacio geográfico donde se desarrollaron estas prácticas son  los valles de Ambato, Catamarca y el actual noroeste de La Rioja. La distribución geográfica del Cebil está a lo largo de una franja que se extiende desde el sur de Bolivia, con las provincias de Jujuy y Salta, y se desarrolla por el Centro-Este de Salta, Tucumán y el Oeste de Santiago del Estero. Se trata de un territorio cubierto por una selva de laderas del lado occidental, mientras que en la porción oriental se desarrolla una vegetación de transición hacia el monte xerófilo. El clima es cálido, con precipitaciones anuales entre los 1000 mm y 2000 mm y la altitud sobre el nivel del mar va de 500 a 2.500 m.

Los hallazgos revelan las culturas que aprendieron socialmente estas tradiciones en la época precolombina: Atacameños, Comechingones, Olongastas de los llanos, Mbayá, Abipones, Lules, Matacos, La Aguada. El empleo de enteógenos está estrechamente vinculado con los procesos sociales. La usanza ritual o ceremonial a través de diversas formas de consumo, muestra una ampliación de fronteras culturales que supera considerablemente sus límites naturales o ecológicos. Este es un fenómeno de avance social que señala, además del alto valor asignado a esta planta y a sus derivados, una dinámica de traslados, contactos o intercambios entre sociedades de regiones diversas y distantes. Estas prácticas constituyen vestigios de grandes desarrollos culturales. 

Podemos encontrar Cebil en la porción noroeste de nuestro país y su utilización en ese área respondió a una antigua tradición, que se remonta a las sociedades de cazadores-recolectores. Esta especie de árbol y el polvo de sus semillas tostadas y molidas, es lo que recibe el nombre de “cebil”, “sebil” o “cevil”. En los Andes Centrales y Meridionales se la designa con la palabra quechua “vilca”- “wilca” o “huilca”.

La forma de consumo más difundida y documentada es la inhalación del polvo de las semillas a través de los orificios nasales. Según la región, se emplean tabletas de rapé huecas y tubos de madera o de diversos huesos de animales perforados, con forma alargada, hueca y tubular. El polvo de cebil se guarda en pequeñas calabazas o en éstos mismos tubos. 

Así lo prueban los hallazgos realizados: se encontraron pipas tubulares, de 11 y 13 cm de longitud, confeccionadas con partes de huesos largos. Algunas de ellas presentan ligaduras de tendones animales en su porción media, mientras que otras exhiben rastros de ataduras, las cuales debieron servir para prevenir posibles fisuras. Estos ejemplares fueron hallados en asociación con bolsas tejidas de red, cestería, calabazas y semillas de cebil. El material fue fechado con una edad de 2130 a.C. 

En el interior de las pipas se conservó una sustancia carbonizada que se analizó químicamente. El resultado arrojó la presencia del componente activo llamado Bufotenina, alcaloide del cebil.

Afortunadamente, en el interior de las pipas se conservó una sustancia carbonizada que se analizó químicamente. El resultado arrojó la presencia del componente activo llamado Bufotenina, alcaloide del cebil.

Collage con imágenes de El estilo circumpuñeno en el arte de la parafernalia alucinógena prehispánica (Atacama y Noroeste argentino).

Todo indica que el cebil fue un enteógeno de gran importancia y su consumo dentro del contexto religioso del NOA estaría atestiguado por este conjunto de objetos de parafernalia, que le confieren una identidad y autonomía cultural a quienes lo utilizaban. 

Entre estos utensilios se pueden enumerar: pipas de cerámica y piedra; tabletas de madera, piedra y metal; tubos de madera y hueso; jarros de cerámica, madera y metal; morteros, fuentes y vasos de piedra. La confección técnica, el refinado diseño escultórico y la elaboración formal de estas piezas se destacan al compararse con sus equivalentes utilitarios, hallados en los mismos sitios de su periodo contemporáneo. 

Confrontada con la evidencia arqueológica, la región se destaca por ser el lugar de aprovisionamiento y consumo de enteógenos, los que eran, sin duda, de alto valor religioso y simbólico.

Las semillas constituyen el aspecto más apreciado por los grupos étnicos. El consumo de cebil se extiende por más de tres milenios en el pasado indígena y perdura hasta épocas actuales en algunas sociedades.

Los datos señalan un origen antiguo de las pipas para fumar sustancias enteógenas, modalidad que le confiere al NOA una personalidad propia y deja claro que ejerció influencia en las sociedades andinas vecinas. 

Parafernalia: objetos rituales, simbólicos y artísticos

Las tabletas y los elementos de parafernalia de toda la región, son vestigios del arte, como afirmación de una cultura. Arte, como manifestación simbólica de soberanía y autosuficiencia, de ideales altos y de valores establecidos. Tomando la alegoría y el antropomorfismo como medio para manifestar sus vínculos, pensamientos y sentimientos, encauzándolos mediante objetos que diseñaban acorde a sus necesidades. Por esto, podemos afirmar que es un objeto artístico.  

Para la etapa plenamente agrícola, no contamos con datos de herramientas para realizar acciones referidas; como la cosecha, el sembrado, la germinación, el almacenamiento, etc. de naturaleza tan directa y esclarecedora como los hallazgos descritos anteriormente. 

Nos encontramos ante un proceso social selectivo, que reelaboró y readaptó bienes procedentes de áreas vecinas —en este caso con alto contenido simbólico— y les confirió una modalidad propia según las tradiciones históricas, muy lejos de la apreciación de que la artesanía carece del valor que se le otorga al arte tradicional.

Lo material y lo intangible

Podemos pensar entonces que dentro de la sociedad de La Aguada hubo un gran desarrollo de distintas labores, como la recolección y preparación del material o el forjado de la parafernalia necesaria para el esnife del polvo de semillas de Cebil. Podemos afirmar que, esto habría sido una celebración religiosa donde estas personas exponían sus dolencias, sus aspectos negativos y positivos, hacían catarsis grupal, desarrollaban nuevos lazos humanos entre sí, se enriquecían de sus experiencias y las de otrxs.  Este tipo de rituales son la forma más instintiva en la que crecían sus lazos y tiene máxima importancia la cuestión no tangible del ritual, las vivencias, las emociones, las sensaciones; así como la forma en que esto se despliega a toda una sociedad y se replica de generación en generación. 

Recorriendo la información seleccionada y al realizar constantes comparaciones con la actualidad, podemos ver con claridad que desde lo más primitivo de nuestras raíces latinoamericanas hasta hoy; la relación con la naturaleza, la valoración de la madre tierra y los vínculos sociales son algo fundante para nosotres. Debemos apreciar y volver a colocarle estima a este tipo de celebraciones tan simples y vacías de valor comercial, retomar la reutilización de los medios y los materiales que disponemos. Creo que es posible una vida más austera y menos descartable. Los valores que nuestros antepasados nos dejan en hallazgos realizados por la arqueología son mensajes claros de lo importante y valioso: los vínculos y la estimulación, un regalo identitario.  

¡Qué complejo es en la sociedad moderna conformarnos con los valores reales! Hoy en día las distancias físicas se acortan gracias a la tecnología pero estamos lejos, metafóricamente, de lo valioso de la naturaleza. La antropología cultural, así como el arte argentino y latinoamericano deberían arraigarse más en la formación artística de nuestra región, ya que son ejes que nos integran desde lo más profundo. 

 

Bibliografía: 

  • “ALUCINÓGENOS Y SOCIEDADES INDÍGENAS DEL NOROESTE ARGENTINO” – José Antonio Peréz Gollán e Inés Gordillo, 1993. Universidad de Buenos Aires y CONICET. 
  • “EL ESTILO CIRCUMPUNEÑO EN EL ARTE DE LA PARAFERNALIA ALUCINÓGENA PREHISPÁNICA (ATACAMA Y NOROESTE ARGENTINO”. Helena Horta Tricallotis, 2012. Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama, Chile. 
  • “TABLETAS PARA ALUCINÓGENOS EN SUDAMÉRICA: TIPOLOGÍA, DISTRIBUCIÓN Y RUTAS DE DIFUSIÓN”. Constantino M. Torres, 1996. Boletín del Museo Chileno, Santiago de Chile.
  • “Evidencias de inhalación de alucinógenos en esculturas Tiwanaku”. Jose Berenguer R., 1885. Universidad de Tarapacá, Arica-Chile.

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