Cannabis y uso responsable

En medio de grandes cambios en la regulación del cannabis, es importante repasar términos como "Uso responsable", que marcan nuestro entendimiento sobre el uso de sustancias psicoactivas. Para hacer un uso responsable es importante entender beneficios, efectos y riesgos del uso que elegimos hacer.

Desde hace tiempo comenzó a bifurcarse la cuestión cannábica en dos modalidades de uso, supuestamente opuestas: uso medicinal y uso recreativo.

Se hace referencia al uso medicinal del cannabis cuando es usado para tratar una enfermedad, condición médica, síntoma, o los efectos adversos de tratamientos médicos, como en el caso de la quimioterapia. En este uso, suele hablarse del cannabinoide CBD o Cannabidiol como el único compuesto de la planta de cannabis capaz de tener efectos terapéuticos, pero esto no es así.

Cuando se hace referencia al uso recreativo, se habla del cannabinoide THC, como compuesto psicoactivo usado específicamente para el disfrute personal, para el esparcimiento y el relax. Sin embargo, esta diferenciación no es tan clara cuando se analiza el tema en profundidad y desde la investigación científica.

El CBD probablemente sea el cannabinoide con mayor difusión pública sobre sus usos medicinales, aunque no sea el único con acción terapéutica, ni tampoco su aislamiento lo más efectivo. Aunque el THC y el CBD pueden tener efecto terapéutico de forma aislada, su acción combinada cuando están presentes en extractos de planta completa, puede ser mayor que la suma de sus efectos individuales. 1 + 1, en este caso, da 3.

No hay una planta que sea medicinal y otra que sea recreativa. La planta es una sola, sus compuestos activos son múltiples y las personas son quienes deciden qué uso realizar. Los cannabinoides más abundantes en la planta de cannabis son el THC y el CBD, pero otros cannabinoides, junto con terpenos y flavonoides, presentan potencial terapéutico. De hecho, se ha demostrado que la acción combinada de los cannabinoides y estas otras moléculas tienen ventajas clínicas como menores efectos adversos y mayor eficacia en el manejo terapéutico de condiciones como dolor, inflamación, cáncer, depresión, ansiedad, 

Además, el aceite no es la única forma de usar cannabis con propósitos medicinales, así como fumar un porro no es la única forma cuando la intención es hacer un uso recreativo. Hay otras formas de uso o aplicación. Por vía oral, mediante aceites, extractos, cápsulas, sprays o comestibles (brownies, galletas o gomitas). Por vía inhalatoria, mediante el consumo de flores o de extractos. Y, de manera tópica o local por medio de pomadas, cremas o ungüentos.

Uso responsable

Para poder abordar y explicar el tema del uso responsable, primero vamos a tener que quitarnos algunos prejuicios impuestos por la sociedad para entender mejor, no solo al término “uso responsable”, sino también al cannabis.

El cannabis es una sustancia psicoactiva. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las sustancias psicoactivas, conocidas más comúnmente como drogas, son sustancias que al ser tomadas pueden modificar la conciencia, el estado de ánimo o los procesos de pensamiento de un individuo. Hay montones de drogas que muchas personas usan a diario, como el clonazepam, ibuprofeno o paracetamol. También tengamos en cuenta que si nos atenemos a la definición de sustancia psicoactiva de la OMS, muchas otras sustancias usadas a diario también son una droga, como el mate, el alcohol o el tabaco.

Entonces, ¿Por qué el cannabis es una droga prohibida y mala cuando hay otras sustancias de venta libre que pueden tener peores efectos? La respuesta no es fácil de resumir. Primero está la cuestión de la prohibición. Nacimos en un mundo donde el cannabis está prohibido, pero esto es un pestañeo de 100 años en los más de 5 mil años que el humano lleva en contacto con esta planta. Por suerte vemos que eso está cambiando de a poco, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo. 

Podríamos decir que hacer un uso responsable es conocer los efectos del cannabis u otras sustancias psicoactivas en el cuerpo. Los efectos, en términos del uso específico que queremos darle a la sustancia, por ejemplo para conciliar el sueño, reuniones sociales, dolor, etc. Y también los efectos secundarios o riesgos, no es el mismo daño que se produce en los pulmones al fumar cannabis que al vaporizar, por ejemplo. Estos daños en el sistema respiratorio desaparecen si la vía de administración es oral, a través de la ingesta. 

Como indica la Fundación Canna, dedicada al estudio de la planta y sus componentes: “Los diferentes perfiles de cannabinoides, y terpenos, van a determinar el potencial de la planta en referencia a sus efectos. Los terpenos modulan y complementan los efectos de los cannabinoides, además de proporcionarnos el sabor y olor de cada variedad, y son los responsables de la resistencia de la planta a sus depredadores”.

Las vías de administración son muy variadas, así como también los efectos, nivel de efecto y duración del efecto. Existe la vía rectal, vía oral/sublingual, vía transdérmica y vía inhalada, sea mediante combustión o vaporización.

Hay que conocer la planta que se está usando y la vía de administración, ya que en el cannabis existe un espectro terapéutico muy amplio que puede manejarse con precisión a partir de estos conocimientos.

De qué hablamos cuando decimos “uso responsable”

Uso responsable no hace alusión sólo al uso o consumo de cannabis, también intenta traer luz sobre los años de oscurantismo y tabú que crearon mitos injustificados. El término Uso Responsable pretende poner en agenda información sobre el cannabis, para que cada persona pueda tomar sus propias decisiones, de la misma manera que lo hace cuando va al supermercado y compra una cerveza, o cuando va a un kiosco y compra un paquete de cigarrillos.

Pretendemos derribar varios mitos sobre el cannabis que hasta el día de hoy siguen causando miedo de manera injustificada, por ejemplo, el mito de que el cannabis es una droga de entrada. La idea de la marihuana como “puerta de entrada” es ampliamente difundida y reproducida por el sentido común. Sin embargo, el paradigma de salud mental del que surgen estos análisis simplistas está cruzado por un enfoque donde todo uso de sustancias es malo en sí mismo y por eso hay que alcanzar “un mundo libre de drogas”. Estas ideas arraigadas en la sociedad tienen su origen en las falacias del discurso prohibicionista, marcado por la demonización de sustancias como la marihuana.

En este sentido, claro que puede haber personas que tengan una relación con el cannabis que sea adictiva, pero eso no es por el cannabis, sino por la relación que establece cada persona. Lo mismo que la relación de las personas con otras sustancias u objetos. Si miramos esto desde el psicoanálisis, lo primero que tenemos que entender es que no todo consumo de sustancias produce una adicción o un consumo problemático, sino que esto dependerá de la relación que el sujeto establezca con ese objeto/sustancia.

Por otro lado, las sustancias no son todas iguales ni tienen los mismos daños asociados. En este punto, podemos observar el análisis de múltiple criterio desarrollado por el investigador David Nutt, donde se estudiaron los daños al usuarie y a terceros.

Gráfico realizado por El Gato y la Caja para “¿Cómo medimos los daños causados por las drogas?”.

El cannabis está bastante lejos de los daños que ocasiona una sustancia legal como el alcohol, lo que nos permite ver que la legalidad de las sustancias no está asociada a sus riesgos. Hay sustancias socialmente aceptadas en la vida cotidiana que producen niveles de daño más grandes que el cannabis, entre ellos, el tabaco o el alcohol. Incluso, el cannabis puede ser una puerta de salida para dejar de consumir drogas más dañinas. Sin embargo, esto no es algo que se tenga que tomar a la ligera. Este tipo de tratamientos requiere un abordaje interdisciplinario y estar guiado por profesionales de la salud que tengan experiencia en el tema.

Es hora de empezar a cambiar los paradigmas como sociedad y empezar a creer en la información, siempre que provenga de fuentes confiables y que esté avalada por datos fácticos y no en la “moral” de ciertos actores de la sociedad que pretenden imponer su visión del mundo a toda costa y sin ningún sentido más que el de la tradición. Por tradición se siguieron y siguen manteniendo muchos estigmas y prácticas que ya han quedado claramente obsoletas y son perjudiciales. Es hora de aprovechar la apertura mental que traen las nuevas juventudes de hoy para construir un futuro más justo y menos excluyente. Es hora dejar atrás los tabúes impuestos por el miedo y empezar a informarse para poder tomar decisiones responsables.