THC y CBD: la tergiversación del saber

¿Cuáles son los sentidos que se construyen en los diversos discursos en disputa sobre el Cannabis y sus compuestos? En esta nota, les integrantes del Cultivo Comunitario Linneo nos invitan a pensar sobre los sentidos atribuidos a los cannabinoides THC y CBD, reducidos a ser “el medicinal y el psicoactivo”.

Moléculas y sentidos

La tergiversación del saber se dió en los componentes del Cannabis por discursos con intereses particulares. Fue así que el aporte científico más significativo de Raphael Mechoulam fue manipulado y moralizado por diferentes sectores de nuestra sociedad. Mechoulam y su equipo aislaron, sintetizaron y describieron por primera vez el tetrahidrocannabinol (THC), representado negativamente por diferentes sectores prohibicionistas debido a sus efectos psicoactivos. También hicieron lo propio con el cannabidiol (CBD), beatificado por ser el componente vinculado a lo medicinal erróneamente, ya que el THC posee este potencial, además de que existen cientos de cannabinoides más que aún no fueron estudiados en profundidad. Estas investigaciones no solo fueron trascendentales, sino que también su experiencia fue clave en la historia Cannábica y en la historia de la Salud, ya que esto repercutió en la mejora de la calidad de vida de miles de personas hasta el día de hoy. Raphael dió el primer paso en materia científica sobre las propiedades y los usos del Cannabis en relación al cuerpo humano.

A pesar de las tergiversaciones que se dan respecto al Cannabis, el sistema endocannabinoide desempeña un rol fundamental en la regulación de nuestra fisiología, estado de ánimo y experiencia cotidiana. El descubrimiento de los receptores distribuidos por todo nuestro cuerpo que responden a los cannabinoides hizo avanzar nuestro entendimiento de la biología humana, la salud y la enfermedad. 

Se ha comprobado mediante diferentes investigaciones que el Cannabidiol (CBD) tiene propiedades antitumorales, antioxidantes, antiespasmódicas, antipsicóticas, anticonvulsivas y neuroprotectoras. El CBD activa receptores de serotonina, causando también un efecto antidepresivo. En los últimos años, científicos asociados con la Sociedad Internacional para la Investigación de los Cannabinoides han detectado rutas moleculares a través de las cuales el CBD ejerce su impacto terapéutico. Por otro lado, los efectos del tetrahidrocannabinol (THC) están mediados por sus acciones como agonista, es decir, como activador del sistema endocannabinoide. Debemos tener en cuenta que resulta problemático considerar al THC como el compuesto psicoactivo del Cannabis; primero, debido a que todos los componentes de la marihuana producen diferentes efectos en la psiquis, segundo, debido a que por ello se continúa discriminando lo medicinal y lo recreativo sin considerar lo terapéutico (aun cuando el THC efectivamente tiene propiedades medicinales). Civantos nos marca en el Blog Dinafem “Mechoulam ha comprobado que la administración de este compuesto en concentraciones bajas consigue eliminar totalmente los efectos de la quimioterapia sufridos por pacientes con cáncer durante el tratamiento. Asimismo, ayuda a conciliar el sueño a personas que sufren el síndrome de estrés postraumático.” A su vez, es este componente el que contribuye actuando sobre diferentes neurotransmisores y diversas células generando alivio del dolor, aumento del apetito y reducción de las náuseas.

Normas que niegan el deseo, pueblo que construye emancipación

Al hablar de Cannabis es inexorable referirnos, ya sea implícita o explícitamente, al prohibicionismo; y lo prohibido implica siempre negación del deseo. 

Las decisiones son determinadas por nuestras sociedades, y a cada una de ellas, en su tiempo, se les presentan modelos como dados, instituidos. Pero debemos tener en cuenta que en la actualidad se encuentra siempre en potencia el poder instituyente de la transformación.

La construcción de un prohibicionismo que margina, discrimina y oprime no fue sino producto de discursos políticos que operaron en pos de sus intereses, discursos que aún hoy siguen vigentes. Estos sentidos, estas palabras, estos relatos, insisten en la criminalización y en la problematización del consumo, vulnerando no solo los derechos de autonomía sino también los de salud pensada de forma integral, contemplando la complejidad de lo bio-psico-social.

La prohibición termina siendo así la principal herramienta de complicidad funcional al mercado ilegal y a los intereses políticos que perpetúan la criminalización de quienes consumen Cannabis. Así, se torna fundamental la participación democrática como ejercicio del poder del pueblo. En este sentido, es deber del pueblo seguir luchando y construyendo para que el Estado y las leyes ya no sean un mecanismo de poder de un sector minoritario de la sociedad, sino un instrumento de emancipación al servicio de las sociedades y de su salud individual y comunitaria.