Ilustración de Adriel Radovitzky

La historia de las marchas por la marihuana en Argentina

Las marchas por la marihuana son un proceso social, político y cultural que en Argentina tiene una historia de casi 4 décadas. Representan la acumulación del descontento público de las personas usuarias de cannabis, frente a la prohibición del uso y acceso autogestionado a la planta. El reclamo marcó el camino del movimiento cannábico organizado para pasar desde la criminalización, hacia la legitimación como actor social.

Cuando hablamos del movimiento cannábico en su ejercicio de protesta debemos reconocer que estos “movimientos sociales tienen la particularidad de enfrentarse a la condición de ilegalidad de la conducta que reivindican”, como indican los investigadores Alejandro Corda, Ernesto Cortés y Diego Piñol Arriagada en el artículo sobre movimientos sociales cannábicos de la publicación “Cannabis en Latinoamérica: la ola verde y los retos hacia la regulación”.

1983

La primera parada es en 1983, pleno proceso de retorno a la democracia. La movida contracultural porteña se expandía sumando personas que entendían el uso de drogas asociado al viaje espiritual, el rock y la fiesta. Pero ojo, esta postura también era un modo de cuestionar la moralidad reinante y se fusionaba con la denuncia de las prácticas policiales violentas.

Durante esos años, la revista Cerdos & Peces era portavoz del movimiento contracultural, a tal punto que en su primera edición de 1983 se preguntaron en la tapa: ¿Legalizar la marihuana?

La organización de la primera marcha argentina por la legalización de la marihuana nació en la redacción de la Cerdos & Peces, algo que se repetiría en otra redacción más adelante, según recabó en una entrevista la investigadora del Instituto de Ciencias Antropológicas, FFyL, UBA / CONICET, Florencia Corbelle, en su libro “El activismo político de los usuarios de drogas”.

La consigna era “Marihuana libre, todos al Obelisco” y logró concentrar en la Plaza de la República un puñado de personas usuarias de drogas y también a la izquierda más adelantada. Los presentes imaginaban que la marihuana iba a despenalizarse con la vuelta a la democracia, pero no fue así. Ese día fueron fuertemente reprimidos por fuerzas de seguridad.

1989

1989 es el año de la sanción de la Ley de Estupefacientes 23.737. Pero para entender mejor, antes retrocedamos un poco. Fue en 1974 que nació la primera ley penal especial contra las drogas en sintonía con la doctrina de “seguridad nacional”. Esto permitió considerar a les usuaries de drogas como un enemigo interno a combatir. Y esta es la norma que da estructura a la modificación realizada en 1989, que quedó registrada como la famosa 23.737. Esta ley encasilló a les usuaries en la doble condición de delincuentes y enfermos.

2002

Caminamos algunos años y llegamos al 2002, año de la primera Concentración por la marihuana en la ciudad de Rosario. El título de la convocatoria fue “Cura, no guerra: Marcha contra la intolerancia”.

La organizó un grupo de profesionales del Centro de Estudios Avanzados en Drogodependencias y SIDA (CEADS) que se nucleó en la Asociación de Reducción de Daños Argentina, junto a agentes de salud en programas de reducción de daños y acompañados por  la Red Argentina en Defensa de los Derechos de los Usuarios de Drogas (RADDUD), como nos cuenta Silvia Inchaurraga, participante del reclamo, directora del CEADS y presidenta honoraria de ARDA.

Aquella concentración fue en el marco de la manifestación global denominada Million Marijuana March. Este fue el nombre anterior de lo que hoy se conoce como Marcha Mundial de la Marihuana (MMM), un evento que se realiza desde 1999 de forma simultánea y autónoma, el primer sábado de mayo de cada año, en ciudades de todo el mundo.

La manifestación fue en la Plaza Pringles de Rosario y convocó a más de un centenar de personas usuarias y profesionales con una posición filosófica disruptiva. La represión era tal, que algunes asistentes preguntaban si podían ir disfrazados o con máscaras, por temor a la estigmatización tan fuerte de aquellos años.

2003

Un año después de esa actividad en Rosario, la movida organizada por ARDA y la RADDUD se mantuvo en Plaza Pringles y se propagó por el Rosedal de Palermo, en la Ciudad de Buenos Aires. Ahí convocó a más de 15 mil personas, en el mismo lugar donde ya se reunía gente que reclamaba por la marihuana desde 2001.

Así, la Million Marihuana March (MMM) tuvo su versión porteña con un festival para reclamar no solo por el cannabis sino también por la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal, contra la intolerancia y también bajo la consigna mundial de “Cura, no guerra”. 

La jornada arrancó a las 4.20, con un festival donde tocaron Intoxicados, Las Manos de Filippi, Ganja Brothers y Los Pericos.

Los reclamos eran la derogación del artículo 14 de la ley 23.737 que penaliza la tenencia, el fin de los arrestos por uso de marihuana y que se defienda la investigación científica sobre los usos terapéuticos del cannabis.

Las movilizaciones continuaron los años siguientes en el mismo lugar, manteniendo el reclamo por la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal y que se detengan los arrestos por consumo de marihuana. 

En 2006, los bosques de Palermo no recibieron a les usuaries de marihuana porque el gobierno porteño complicó las cosas cuando se negó a autorizar el uso del espacio e intentó negociar que se haga en otro lugar. Pero les cannábiques no accedieron.

2007

En 2007 la actividad dio un giro, fue el año en que la Revista THC tomó la posta de la organización de la capital del país y convocó al “Día mundial por la legalización del cannabis” en el planetario de Palermo, sin caretas y sin el permiso del gobierno porteño.

Como explica Florencia Corbelle en su artículo “Activismo cannábico, nuevo actor social”, publicado en 2010, “la revista, además de otorgarle mayor visibilidad a la cultura cannábica, supo convertirse en punto de encuentro, espacio de denuncia, información y asesoramiento jurídico para los usuarios y cultivadores de cannabis. Su labor como coordinadora de la MMM logró impulsar la organización de activistas, hasta entonces dispersos, en lo que fueron las primeras agrupaciones cannábicas”.

En el Planetario de Buenos Aires, el flyer de la convocatoria decía “Creemos en las libertades individuales por eso el sábado vamos a estar ahí”. Asistieron más de 500 personas, acompañadas por un pelotón de 300 policías. El saldo final fueron 15 detenides por tenencia para consumo.

En Rosario convocaban a la “Marcha Mundial por la Liberación del Cannabis” sosteniendo como principal reclamo la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal.

2008

Poco a poco, se sumaban nuevas agrupaciones a la organización de la movilización y el evento comenzaba a tomar un perfil distinto.

Como cuenta una crónica bloguera, la tarde fue de pleno sol y transcurrió entre mucho humo, risas y música. Pero a partir de las 14 hs. policías, uniformados y de civil de la comisaría 23 se dispusieron a hacer lo que el comisario Guillermo Calviño informó a la revista THC como un “control selectivo de personas”, que consistió en requisas realizadas sin testigos. El resultado fueron 37 detenidos por tenencia de uno o dos porros.

En paralelo, aquel año Brasil prohibía las Marchas da Maconha en 12 ciudades del país, porque la consideraban una apología a las drogas y, por tanto, un delito en la ley nacional. Esa disputa se zanjaría recién en 2011, luego de un enfrentamiento entre la policía y grupos antiprohibicionistas en São Paulo. Eso llevó al Tribunal Supremo Federal a declarar la legalidad de las marchas y el respeto por la libertad de expresión.

2009

La movilización comenzó a masificarse y se reunieron alrededor de 5.000 manifestantes en el Planetario. Fueron el doble que el año anterior. 

Ese año hubo una canción oficial para la marcha, escrita por el activista histórico Orge Asprea y Pablo Guerra. El estribillo dice así: “Marcha Mundial por la legalización. Aquí pedimos despenalización. Porque más allá de lo que la ley diga sabemos que el cannabis es nuestra amiga”.

2010

Entramos en un momento bisagra. Para 2010 el movimiento cannábico organizado llegó a la marcha con una victoria debajo del brazo: el Fallo Arriola.

“Exigimos la sanción de una nueva ley de drogas más humana, justa y eficaz. La Corte Suprema de Justicia ya la declaró inconstitucional, ahora le toca al Congreso”, decía una de las consignas de aquella marcha.

El fallo “Arriola” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que declaró inconstitucional la penalización de la tenencia de drogas para consumo personal si no se afecta a terceras personas, había sido emitido el 25 de agosto de 2009.

Según la propia THC, “2010 fue el año que la marcha se transformó en marcha”. ¿Por qué? Fue la primera vez que realizó el tradicional recorrido de las movilizaciones porteñas: desde la Plaza de Mayo al Congreso. En Buenos Aires había 11 mil personas. Otras 12 ciudades del país sumaron a un total de 12 mil cannábiques.

La marcha llevaba una bandera que decía:“¡Despenalización ya! Por una nueva ley de drogas”. Las consignas incluían el cese de las detenciones, discriminación y maltrato a les usuaries, el respeto por las libertades individuales y los derechos de les usuaries medicinales. La promoción de políticas de salud, prevención y reducción de daños. La despenalización de la tenencia de drogas y el cultivo de marihuana.

Los mismos reclamos se replicaron en la histórica marcha rosarina y la habitual concentración cordobesa en el Parque Las Heras, así como en las ciudades de Comodoro Rivadavia, La Plata, Mendoza, Mar del Plata, Neuquén, San Juan, Trelew, San Miguel de Tucumán y Río Cuarto.

El activismo cannábico veía crecer a una nueva generación de cultivadores que estaban dispuestos a conquistar la calle. Como dice Corbelle en su libro: “el activismo cannábico había germinado”.

2011

Para 2011 la efervescencia continuó y la marcha congregó a más de 25 mil personas en todo el país. La convocatoria mantuvo su masividad y la movilización levantó las consignas de “despenalización ya” y rechazó la penalización de la tenencia simple de drogas. 

Las esperanzas del movimiento cannábico organizado estaban puestas en el proyecto para terminar con la criminalización de usuaries que había presentado la diputada nacional Victoria Donda, con asesoría técnica de integrantes de la Revista THC. La realidad es que se esperaban avances en la discusión por la modificación de la ley de drogas, una discusión que el activismo cannábico había metido en el congreso pero que todavía no fructificaba en una ley.

2012

En 2012 la convocatoria siguió multiplicándose y logró reunir a 60 mil personas en 16 ciudades.

Fue el sábado 5 de mayo y volvió a levantar viejas consignas pero con un nuevo condimento. El reclamo central pasó de “¡Despenalización ya! No más presos por plantar” a “legalización y regulación del cannabis para todos sus usos”. 

Se exigió el tratamiento urgente de los más de 7 proyectos para reformar la actual Ley de Drogas y se pidieron cambios para evitar que usuaries y cultivadorxs de cannabis para consumo personal sigan siendo perseguidos penalmente.

Otras localidades también movilizaron a fumones y fumonas comprometides. Podríamos decir que desde 2012 la movilización enraizó fuerte en las provincias. 8.000 personas en Córdoba, 6.000 en Rosario, 3.000 en Mendoza, 900 en Mar del Plata, 600 en La Plata, 600 en Bariloche, 500 en Neuquén, más de 400 en El Bolsón, 300 en Comodoro Rivadavia, 300 en Bahía Blanca, 300 en Jujuy, más de 200 en San Juan, 200 en Tucumán, 200 en San Luis, 150 en Río Grande, 150 en La Rioja, 70 en Catamarca, 30 en Villa Gesell y en Las Heras 25.

2013

Los reclamos se mantenían firmes y la convocatoria sumaba manifestantes de a decenas de miles. En 2013 fueron 100 mil personas reclamando la libertad de la planta en las calles de la ciudad de Buenos Aires. Y otras 20 ciudades fueron sede de manifestaciones cannábicas.

Mientras tanto, el país vecino, Uruguay, avanzaba en la aprobación de una ley de regulación que creaba un mercado legal nacional para el cannabis de uso médico y de uso recreativo o adulto; uno de los objetivos principales del gobierno era separar el mercado del cannabis de los mercados de otras sustancias.

2014

En 2014 la cantidad de asistentes duplicó la del año pasado y se llegó al récord de 200 mil personas reclamando por la regulación de la marihuana en 19 ciudades de la Argentina. 

Y aunque esa masividad es insólita en comparación con las demás marchas latinoamericanas, hay algo más interesante que el número. El dato es cualitativo. La difusión de la marcha de 2014 muestra un giro discursivo muy relevante al interior de la organización y también del movimiento cannábico organizado. 

En 2013, los cultivadores “comerciales” no eran un sujeto legitimado. 2013 tuvo como primer reclamo “el inmediato fin de las detenciones y procesos penales a cultivadores no comerciales de cannabis”. 

Pero en 2014, una discusión latente derivó en que el primer reclamo de la marcha cambie a “el inmediato fin de los allanamientos, detenciones y procesos penales a cultivadores de cannabis”. 

2015

Llamativamente, quizá por cierto desaire del movimiento ante la inacción legislativa, en 2015 y 2016 el número de participantes fue 170 mil y las ciudades que se sumaron fueron 20.

Como relatan en la edición n°82 de THC, en la marcha de 2015, de cara a las elecciones presidenciales de ese año, Facundo Rivadaneira (Cogollos del Oeste) agitaba “¿Y dónde está el gobierno de los derechos humanos, loco? ¿Qué pasa?, ¿La iglesia y la derecha los tienen apretados?” .

Por su parte, Matías Faray (Asociación Cannabicultores del Oeste) aportaría: “De repente la nueva Ley de Drogas dejó de ser una deuda de la democracia y pasó a ser una deuda del kirchnerismo”, seguramente, con la sensación de que se perdía una oportunidad.

2016

Más allá de la disminución de asistentes, en 2016 se sumaron a marchar los grupos de madres cannábicas que ya daban pasos firmes en la arena pública.

Para algunes, incluso fue “una marcha diferente”, como tituló Nermi, activista histórica del Jardín del Unicornio, en una nota sobre la Marcha Mundial de la Marihuana de 2016 en la edición de la revista Haze n°37.

Por aquellos años Nermi escribía que por primera vez les usuaries medicinales hicieron sentir su presencia. Tanto Mamá Cultiva Argentina (con remeras negras) como CAMEDA (con chalecos blancos), se agruparon organizadamente para ser blanco de las cámaras.

Esta vez, los zooms no apuntaban al joven con una cerveza en la mano como solía hacerse malintencionadamente, sino que los medios masivos enfocaron los rostros de niñes y familias marchando, reflejando un grito de dolor.

Mirando en retrospectiva, Nermi reflexiona para esta nota: “en aquel momento pensábamos que habría paz también para nosotres como usuaries adultes, soberanes. 5 años después, seguimos acompañando, como siempre y aún buscando libertad para nuestras acciones y reconocimiento de nuestra cultura”.

Más adelante durante 2016 arrancó una discusión legislativa por la insistencia de las organizaciones de cannabis medicinal, apuntaladas por el activismo que defendía la regulación para todos los usos. Así comenzó a discutirse en comisiones del Congreso una regulación que permitiera el autocultivo personal, colectivo y solidario 

2017 

Un hecho histórico de 2017 fue el nacimiento del Frente de Organizaciones Cannábicas de Argentina un espacio de articulación política que arrancó con 22 agrupaciones que acordaron trabajar por la regulación del cultivo en sus distintas formas. 

En 2017 volvió a aumentar la convocatoria de la MMM: 180 mil manifestantes.

El 29 de marzo de aquel año el Senado argentino convertía en ley la regulación del cannabis medicinal con una reglamentación bastante confusa sobre el cultivo personal. La ley permitía cultivar únicamente a las personas que se inscriban bajo el amparo del registro de usuaries y familiares. Aunque finalmente, en la reglamentación que se publicó el 22 de septiembre de 2017, se quitó la posibilidad del autocultivo. Las organizaciones denunciaron que se convirtió la ley en un protocolo de investigación.

La letra de la ley habilitaba la investigación médica y científica, así como la importación de fármacos cannábicos aprobados por ANMAT. Al mismo tiempo se garantizaba el acceso gratuito al cannabis a través del estado para quienes se incribieran en el registro de la ley. 

2018

Junto con la ley de cannabis medicinal llegó la legitimidad social para el uso médico. Un camino que condujo a la creación de nuevas organizaciones medicinales, el ingreso a la agenda mediática, la aparición de más growshops y el crecimiento en la cantidad de autocultivadorxs, si tomamos como indicador las cifras de incautación de plantas que mostró aumentos significativos entre 2016, 2017 y 2018. Explosiones en cadena de la revolución del autocultivo. 

Lo que seguía aumentando con los años era la cantidad de ciudades que se manifestaban por la marihuana: en 2018, fueron 29 localidades las que congregaron a ciudadanes reclamando por la regulación.

2019

Se cumplían 36 años de un reclamo por la liberación de la marihuana, si contamos desde aquella manifestación primigenia en el obelisco porteño.

Pese a la falta de respuestas del estado, en 2019 fueron más de 200 mil personas las que se movilizaron en 25 ciudades de todo el país para pedir por la regulación del cannabis integral, para todos los usos. 

2020

En 2020 la pandemia y las restricciones para contenerla, no permitieron la realización de la tradicional marcha, que se propagó virtualmente en innumerables transmisiones y talleres gestionados por las organizaciones cannábicas.

Sin embargo, para la 11° Marcha Nacional por la Marihuana, celebrada el 21 de noviembre, el movimiento cannábico se volcó a realizar manifestaciones donde se pusieron plantas de marihuana en la tierra del espacio público. Quizá inspirades en el Plantón 420 mexicano. Estos reclamos se replicaron en al menos 36 ciudades de todo el país. Incluso se iniciaron causas penales a organizadores de estas actividades.

2021

2021 era el año en que lxs activistas esperaban llevar su reclamo nuevamente a las calles, luego de grandes cambios en la regulación de la marihuana medicinal. Pero las restricciones, consecuencia de un pico increíble de contagios de covid-19, tampoco lo permitieron.

Luego de 38 años desde la primera marcha que reclamaba por la legalización de la marihuana en Argentina, el reclamo sigue siendo el mismo, aunque sea con palabras más sofisticadas como despenalización y regulación integral. 

Desde aquella movilización de 1983, el movimiento cannábico argentino creció con el vigor de las plantas de cannabis y hoy aguarda su cosecha final con la impaciencia de un cultivador primerizo. 

“A pesar de que la política de drogas no ha avanzado demasiado en Argentina para modificar todos los daños que ocasiona una ley como la 23.737, las organizaciones sociales se han consolidado y la lucha por estas consignas ha sumado actores sociales”, opina Silvia Inchaurraga.

Consultada para este nota, Nermi afirma que “los desafíos actuales del movimiento cannábico son el reconocimiento de nuestros saberes y poder trabajar y vivir de ellos. Basta de presxs por cultivar y personas que decidan consumir marihuana”.

Por su parte, la investigadora del movimiento cannábico, Flor Corbelle, nos resalta “el lugar que se le tiene que dar a los sectores y las comunidades que han sido más afectadas por las políticas de drogas”

La democracia tiene una deuda con les usuaries de cannabis, como la tiene con todes les usuaries de drogas y con las personas más afectadas por la Guerra contra las Drogas.