Ilustración de Natalia Benedetich

Chemsex: la sinergia entre el sexo y las drogas

Aprovechamos el detox pandémico para hablar desprejuiciadamente de una combinación polémica que es necesario abordar con información ¿De qué se trata el Chemsex? ¿Es posible trasladarlo a nuestra realidad? En esta nota opinan Vera Ferrari, comunicadora, periodista e influencer que informa sobre estos temas y Verónica Chrabolowsky, psicoanalista y coordinadora de la organización mendocina de reducción de daños, Vuelo Controlado.

Siendo sinceres, lo cierto es que el uso de drogas en un contexto sexual no es algo nuevo. De hecho cuando se piensa en “salir con alguien”, también se piensa en “entonar la previa” con alguna sustancia, sea legal o ilegal, tomar una birra o fumar un churro, de mínima.

Sin embargo, veremos que la falta de comprensión del carácter histórico y sociocultural que da lugar al chemsex hace que sea una práctica fuertemente estigmatizada tanto por la opinión pública que se expresa desde la desinformación, como por los medios de comunicación hegemónicos que lo abordan con un tono sensacionalista, construyendo un falso estereotipo de quienes practican chemsex, sin informar sobre las estrategias para gestionar la práctica de manera responsable. Este prejuicio también se da entre les propies usuaries, #pues pareciera que hay una especie de moral falopera que marca los límites de hasta dónde es aceptable drogarse para coger.

Sin dejar de recordar que esta práctica debe ser considerada una cuestión de salud pública que debe abordarse con compromiso y responsabilidad, en esta nota contextualizaremos histórica y culturalmente su surgimiento para comprender por qué es importante que hablemos del sexo, las drogas y las diversidades de género, desde el respeto por los derechos humanos y las libertades individuales. Los estereotipos estigmatizantes y los prejuicios no son una opción, como sí lo es la información clave para gestionar el placer de forma comprometida con el cuidado propio y ajeno. 

Arranquemos por el principio: el Chemsex o “sexo químico” se define como el uso de sustancias psicoactivas, guiado por el objetivo específico de mejorar una experiencia sexual y hacerla más duradera. Las drogas utilizadas tienen una función muy clara: reducen las inhibiciones y aumentan el placer. Suele darse de manera grupal y por lo menos en Europa, uno de los colectivos que más se identifican con esta práctica, es el de varones homosexuales. De todas formas, vale decir que cada vez se extiende más a otros países e identidades de género, pero luego ampliaremos sobre eso.

Drogas que aumentan el deseo de contacto, tienen un efecto directo sobre el apetito sexual, generan sensaciones más intensas y placenteras, permiten mayor rendimiento en el tiempo generando largas performances de horas o días.
Drogas que se usan 

La psicoanalista y coordinadora de Vuelo Controlado, Verónica Chrabolowsky refiere a que “en lo particular se cree que todavía no es una práctica tan popular en nuestra región, entre otras cosas, por el tipo de sustancias que la literatura científica plantea que se utilizan: el GHB, las metanfetaminas y la mefedrona, sustancias sobretodo empatógenas.” 

Son aquellas que generan desinhibición y pérdida de vergüenza, dan sensación de seguridad, empatía y “amor por les demás”, en Argentina el mejor ejemplo sería la MDMA o éxtasis, mejor conocido como pasti. Veronica profundizó en que estas drogas “aumentan el deseo de contacto, tienen un efecto directo sobre el apetito sexual, generan sensaciones más intensas y placenteras, permiten mayor rendimiento en el tiempo, generando largas performances de horas o días. A veces se combinan con otras sustancias como alcohol o cocaína.”

Un artículo publicado en British Medical Journal explica cómo la mezcla de la tríada GHB-metanfetaminas-mefedrona facilita una excitación sostenida e induce a una sensación de entendimiento inmediato con les demás participantes de la “sesión”: La mefedrona y la metanfetamina cristalina son estimulantes fisiológicos que aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, además de desencadenar euforia y excitación sexual. El GHB (y su precursor GBL) es un potente desinhibidor psicológico y también un anestésico suave.

En Argentina es muy común el uso de poppers, a las que el científico argentino Enzo Tagliazucci define como ”sustancias que al inhalarse producen vasodilatación, aumento del ritmo cardíaco y una breve sensación de euforia”. El investigador de estados alterados/ampliados de conciencia advierte que pueden generarse dificultades para alcanzar y mantener una erección, entonces suele usarse en combinación con fármacos de prescripción como el Sildenafil, más conocido como Viagra. 

Un poquito de historia

Como dijimos, para comprender el surgimiento del Chemsex debemos revisar la relación política, y cultural entre el uso de sustancias psicoactivas (SPAs) y la comunidad homosexual sobretodo masculina. Desde una perspectiva contextualizada e histórica, Verónica plantea que el componente de aislamiento, bullyng, discriminación y soledad que les integrantes de esta comunidad han atravesado siempre a lo largo de su vida, justamente por salirse de la heteronorma, hace que las drogas elegidas para atravezar experiencias de disfrute disten mucho de aquellas que generan situaciones de aislamiento y reclusión como la heroína o el crack, que son altamente adictivas.

“Observamos que las drogas históricamente utilizadas por la comunidad LGBTTIQ+ se relacionan más bien a los ambientes festivos, colectivos y comunitarios, al vínculo con otres. De hecho, los estudios indican que en Europa, el uso de drogas recreativas en la población gay es diez veces mayor que otras poblaciones”, reafirmó.

Ilustración de Natalia Benedetich

Pero el chemsex no sólo es resultado de situaciones que tienen que ver con las drogas sino con eventos que van más allá. Desde distintos analisis de la comunidad homosexual masculina se plantea que a principios del 2000 se dieron muchos cambios culturales. Uno es en relación al tratamiento del HIV y los medicamentos retrovirales. A medida que el cuidado del paciente se vuelve mejor, la prevención se vuelve más complicada.

Por otro lado, continúa Verónica “a mediados del 2000 se da el surgimiento de las nuevas tecnologías y la posibilidad de conocer gente con muchísima más facilidad a través de apps como Grinder, algo que modificó también a nivel psicológico la forma de los encuentros. Las nuevas tecnologías aportan la posibilidad de hacer encuentros más veloces y menos complejos, donde con un GPS en 5 minutos se puede estar teniendo sexo con un extraño total”.

En tercer lugar, otro factor que dio lugar a esta práctica fue el ingreso en escena de las tres drogas que ya mencionamos: la metanfetamina, el GHB o GBL y la mefedrona.

En nuestra región les niñes ven botellas de alcohol los domingos en la mesa familiar, ven cómo sus familiares se alcoholizan. Si vamos a poner todas las cartas sobre la mesa, es importantísimo que podamos elegir en libertad. 
¿Qué ocurre en la región?

Si bien Argentina no dispone de datos estadísticos oficiales sobre esta tendencia que debe ser considerada un tema de salud pública, en 2018 la Fundación Huésped realizó la primera encuesta online que indagó sobre el chemsex en nuestro país. Participaron 2924 personas y las cifras revelaron que el uso de drogas antes o durante las relaciones sexuales es una práctica bastante más común de lo que se cree. Sin embargo, algunos factores varían: el 52% de las personas que contestaron la encuesta fueron mujeres heterosexuales, el 15% fueron varones heterosexuales, el 12 % varones que tienen sexo con otros varones, el 19% fueron varones y mujeres bisexuales, y el 2% fueron mujeres lesbianas.

La periodista Vera Ferrari explica que esta práctica “ocurre más que nada en países donde tienen otras legislaciones, otros sistemas de reducción de riesgos y daños, otro sistema de salud, incluso otra educación y otra cultura. No porque la nuestra sea insuficiente pero muchas veces, la hipocresía lleva a que se generen más daños”. Y ejemplificó: “En nuestra región les niñes ven botellas de alcohol los domingos en la mesa familiar, ven cómo sus familiares se alcoholizan. Si vamos a poner todas las cartas sobre la mesa, es importantísimo que podamos elegir en libertad y con todos los recursos necesarios para poder hacer un uso de SPAs de una manera más responsable y donde le podamos encontrar ese disfrute que tienen”.

Por otro lado, aseguró que “en la actualidad seguimos discutiendo los conceptos de consentimiento y consenso en las actividades sexuales, tenemos que poder entender que casi siempre usamos SPAs para desinhibirnos, entre otras cosas, porque desde que somos menores de edad vemos en la TV publicidades de cerveza, por ejemplo y cómo siempre están acompañadas de un encuentro familiar o de goce y desinhibición”.

“Con la cocaína nos escandalizamos, pero cuando un niñe de 10 años come muchísima más azúcar de la que su organismo aguanta, no nos importa”.
En fin, la hipotenusa

Los significados que generan las publicidades naturalizan ciertos usos. En ese sentido, Vera se pregunta “¿cómo los adolescentes no van a creer que necesitan el alcohol para desinhibirse? con la falta de Educación Sexual Integral en las aulas o la falsa creencia de que desinhibirse es, justamente no tener que hacerse cargo de las decisiones y simplemente ‘dejarse llevar por el impulso’. Eso muchas veces se lleva puesto el consentimiento y el consenso del que tanto se habla. Necesitamos tener discusiones previas que son urgentes, poder hablar de por qué queremos desinhibirnos en encuentros sexuales”.

“Para no caer en el estigma hay que empezar a cuestionar cómo pensamos los consumos ¿qué creemos que estamos consumiendo cuando nos bajamos un paquete de galletitas?, ¿por qué hay tanta resistencia a una ley de etiquetado que diga cuánta azúcar tiene un producto? Con la cocaína nos escandalizamos, pero cuando un niñe de 10 años come muchísima más azúcar de la que su organismo aguanta, no nos importa.”


Principales riesgos asociados 

La búsqueda recurrente de placeres intensos e inmediatos, pueden ser formas de paliar un dolor o malestar que tiene un origen más interno. Sobre este tema, la coordinadora de Vuelo Controlado expresó que “las experiencias de atención psicológica que nos brindan colegas europeos marcan un patrón que se repite en las consultas y tiene que ver con los riesgos de contraer Infecciones de Transmisión Sexual y con las compulsiones por conocer gente a través de apps, buscar parejas sexuales, evitar otro tipo de vínculos y dedicarse solamente a los encuentros por la vía virtual. De todos modos, vale aclarar que los consumos problemáticos o la participación compulsiva en el chemsex, generalmente son considerados por los profesionales de la salud mental síntomas o expresiones de un problema mucho más profundo y arraigado”.

Esta caracterización no quiere decir que todo aquel que practica chemsex tenga este perfil, por supuesto que existen muchas personas que lo hacen sin dañarse y sin dañar a otres.

¿Se pueden reducir riesgos? pues claro mi ciela

Cómo siempre en el mundo de la prohibición, el mayor problema se presenta cuando no se cuenta con la información necesaria para llevar adelante este tipo de prácticas de manera responsable. Cuando el horizonte es de 72 horas de puro sexo y drogas, es muuy importante que una de las prioridades sea tener en cuenta la necesidad de comer, hidratarse y descansar cuando el cuerpo lo pide. 

Energy Control, la ong pionera en implementar estrategias de reducción de riesgos y daños en España, tiene un proyecto especialmente diseñado para brindar herramientas de gestión del riesgo y placer: Chem Safe

De tooodas formas, recordemos que en este momento, ir a fiestas clandestinas o asistir a sesiones de Chemex no son actividades estrictamente imprescindibles, considerá fuertemente esta premisa al momento de tomar una decisión. Pero, si decidís hacerlo de todas formas, podés mirar antes este videito con detalladas estrategias a tener en cuenta para reducir al mínimo las posibilidades de contagio de covid-19. También podés acceder a la misma información en esta guía de Chem-safe.