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Granjas industriales de cerdos: la nueva vedette productiva

Durante los últimos días, las redes sociales se hicieron eco de masivos repudios contra la nueva propuesta de asociación 'estratégica' con China, que fue anunciada por la cancillería argentina. Mientras atravesamos una pandemia cuya causa está directamente relacionada con la degradación ambiental y el hacinamiento de animales para su consumo, la propuesta es comenzar a producir 9 millones de toneladas de carne porcina. En esta nota analizamos cómo fue que llegamos hasta acá y cuáles serán las consecuencias, si la matriz productiva no cambia.

Por Francisco Toso

Corría abril del 2019, últimos meses de la presidencia de Mauricio Macri. China habilitaba el ingreso de carne de cerdo de origen Argentino. Dos meses más tarde, un consorcio de 18 plantas, bajo el nombre “Argenpark”, embarcan 300 toneladas de carne porcina hacia China. En aquel momento, el actual Ministerio de Agricultura, Pesca y Ganadería, estaba bajo el rótulo de Secretaria de Agroindustria y era presidida por Luis Etchevehere, presidente de la sociedad rural argentina entre los años 2012-2017.

Las negociaciones y habilitaciones sanitarias fueron aceleradas debido a la necesidad del mercado chino de abastecerse de carne de cerdo tras la peste provocada por la fiebre porcina africana. Se calcula que tal crisis demoraría 10 años en recuperar los ritmos de producción que supieron manejar, dejando además un faltante de 4,7 millones de toneladas. Si bien la enfermedad no se transmite a humanos y el consumo de carne de cerdos infectados es inocua; la rápida expansión llevó a la muerte de la mitad de la población porcina, entre los más de 250 millones de sacrificios y la venta temprana de los cerdos ante la amenaza de la enfermedad. Está ya afecta a países vecinos como Mongolia, Corea del Sur y Vietnam; mientras que ya se detectaron casos en Polonia, Bélgica, Francia además de recirculación en países del Europa del Este.

Pero con semejantes antecedentes, cabe preguntarnos cómo es posible que los gobiernos de turno, en sintonía con los gobiernos provinciales y con apoyo de las élites económicas vinculados por el sector agroindustrial, “festejen” cada avance, ante la amenaza de replicar aquí, donde no existen casos, estas prácticas agrícolas. La excusa en el discurso está puesta siempre en 4 pilares: fuente de trabajo, ingreso de divisas, incorporación al mercado mundial y la preferida de Malthus, alimentar al mundo.

Nueva propuesta, misma estrategia 

En enero de este año se firmó un memorando entre la Asociación Argentina de Productores de Porcinos y la Asociación para la Promoción y el Desarrollo Industrial de China. Se impulsa así, una inversión de 27 mil millones de dólares en un periodo de entre 4 a 8 años, con una rentabilidad de 20 mil millones anual y un aumento de 6 a 100 millones de cabezas al año. Una oportunidad única para un país que goza, según los interesados en el proyecto, de los recursos y la seguridad sanitaria para llevarlo a cabo. Además de ser productor de la principal fuente de alimento para su cría, la soja.

Es imposible no hacer un paralelismo entre la soja y esta megaproducción que está por arribar al país. Hasta los nombres se repiten. El actual Canciller Felipe Solá, que mantiene “charlas” virtuales con el ministro de Comercio de la República Popular China, Zhong Shan, ya aceptó la invitación de la Argentina para participar como invitada de honor en noviembre de este año para la CIIE : la feria de importaciones y exportaciones conocida como China International Import Expo. La reunion fue difundida por twitter a través de la cuenta de la Cancillería Argentina

Fue él mismo, pero como Secretario de Agricultura, quien en 1996 autorizó en forma de tramite express a Monsanto y en base a estudios de la propia empresa, la producción de soja transgénica en nuestro país, con uso de glifosato.

El “boom” de la soja en el 2003, año en el que asume Néstor Kirchner, selló una dependencia tanto a la soja como a la compra de productos primarios, principalmente aceite, por parte de China. Durante 5 años hubo un crecimiento sostenido a un promedio del 5% anual, los más largos en los últimos 100 años. Lo que deja entrever que “no fue magia”, si no un mar de soja que llevó a la Argentina a crecer “a tasas Chinas”.

La extinción de una matriz ecocida 

Pero ni los árboles, ni la soja crecen hasta el cielo. En el año 2008, año de la crisis mundial y el mismo año que se discutió la 125, con el fin de poder financiar la crisis que se avecinaba, los precios se desplomaron: China redujo la compra de porotos y aceites, y esto se sumó a una severa sequía con pérdidas de hasta un 35% en la producción.

Y si bien en el 2012 hubo una leve recuperación, podríamos concluir que la economía Argentina, en los último doce años no ha parado de caer. Con una total dependencia de las fluctuaciones de la economía mundial, cuando encontramos la manera de resurgir como país, el foco está puesto en la explotación y el saqueo de los recursos naturales, véase Vaca Muerta, el fracking en Mendoza, la extracción de Litio en Jujuy y la lista continúa.

Hoy los ojos están puestos en la producción intensiva de cerdos, pero no sería la primera vez que el “paisaje rural” se modifica al son de los intereses del gran capital. En nuestro historial prevalece el caso de los “feedlot”, un sistema intensivo de producción de carne que permite lograr un engorde acelerado de los animales vacunos.

Hoy las vacas no pastan libres, esa imagen nostálgica del campo se traduce hoy al hacinamiento, al sufrimiento animal, a la contaminación del suelo, el aire y la tierra. Las crisis sociales que desatan estas producciones, que con alta demanda tecnológica dejan afuera a pequeños y medianos productores, derivan en una concentración de la tierra y en la expulsión del campesine de sus medios de producción. Lleva el éxodo rural a la profundización de la crisis habitacionales en los grandes centros urbanos.

Las promesas de bonanzas económicas pocas veces llegan a los depositarios de las mismas, que si así lo hacen, son las propias reglas del juego las que las vuelven a transformar en promesas.

El costo ambiental, que queda por fuera del dividendo de los privados, es costeado luego por el pueblo trabajador, provocando pérdidas irreparables para el medio ambiente, fuente de vida y reproducción de la especie humana y todo ser que habita en el planeta. Según un estudio realizado por el INTA, la pérdida de materia orgánica de nuestros suelos varía entre el 30 y 50 por ciento. Dependiendo diferentes factores, la materia orgánica precisa cientos o miles de años para generarse.

No menos preocupante es la crisis sanitaria. Actualmente la salud pública ya debe paliar los incontables casos de cáncer que provoca el uso indebido de glifosato en los campos argentinos. El 55% de los casos de cáncer, malformaciones y leucemia, atendidos en el Garrahan,  son personas provenientes de pueblos fumigados. Según la Red de Médicos de los Pueblos Fumigados, la causa de muerte por cáncer en estos pueblos es 1 de cada 2 personas, mientras que en el resto del país la cifra es de 1 cada 5.

Entonces ¿qué tiene que ver el chacho con el virus? 

La producción intensiva de animales necesita de la aplicación crónica de antibióticos para que logren sobrevivir en las condiciones paupérrimas en la que son sometidos. El uso indebido y abuso de estos, conlleva a generar no sólo resistencias sino mutaciones de estas bacterias, que pasan a ser inocuas a los antibióticos. La ingesta de residuos de antibióticos, a través de la carne, vegetales y agua, provoca lo mismo en nosotres que en los animales: resistencia a los antibióticos y proliferación de nuevas patologías.

“Las pruebas científicas demuestran que el uso excesivo de los antibióticos en los animales puede contribuir a la aparición de resistencia a estos fármacos”, dice el Dr. Kazuaki Miyagishima, Director del Departamento de Inocuidad de los Alimentos y Zoonosis de la OMS. “El volumen de antibióticos utilizados en animales sigue aumentando en todo el mundo, debido a la creciente demanda de alimentos de origen animal, con frecuencia producidos mediante ganadería intensiva”, reafirma.

Hace un mes los medios se hicieron eco de estudios realizados por el científico Chino, Liu Jinhao, de la Universidad de Agricultura de China en la que advirtió la peligrosidad de una nueva cepa de gripe porcina, que tiene potencial de provocar una nueva pandemia. Se basó en más de 30.000 muestras tomadas entre 2011 y 2018 de las vías respiratorias de cerdos en 10 provincias chinas. Los científicos encontraron 179 virus diferentes de la gripe porcina tras analizar las muestras. Entre ellos se encuentra uno denominado G4 que es una “combinación única de tres linajes”, entre los que figura la cepa del H1N1 que mutó de los cerdos a los humanos y fue responsable de la pandemia de gripe de 2009.

Mientras tanto en el dia de ayer, la viróloga brasileña, Marina Siqueira, encendió la alarma y pidió la vigilancia intensa en el estado de Paraná tras el descubrimiento de una nueva variante de la influenza H1N2. Similar al encontrado en China, descripto anteriormente. Segun la directora del Instituto Oswaldo Cruz (IOC), Sequeira, “los virus de la influenza son muy contagiosos, y cada vez que surge uno nuevo causa preocupación porque la población no tiene inmunidad contra él”.

No hay más tiempo: repensemos el modelo productivo

El panorama nos encuentra de vuelta como concesionarios de los intereses ecocidas extranjeros, que en relación estrecha con la burguesía nacional y el gobierno de turno, externalizan los costos a cambio de enfermedades, hambre y aniquilación del ecosistema.

“Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”. Hoy y siempre el arte ha sabido representar el dia a dia de quienes les toca sufrir las consecuencias de un progreso que nunca llega, igual de vivas que siempre, hoy las palabras de Eduardo Yupanqui dejan un sabor amargo al adentrarse en la realidad del campo argentino.