Collage de Julio Rodriguez

La Globalización Falopa: Quiénes condicionan a la OMS

La semana pasada escribimos sobre las restricciones de la venta de alcohol que agitó la OMS. En esta nota analizamos varios países, como Panamá, que prohibió la venta de alcohol hace más de un mes y ya empieza a aparecer el contrabando ilegal de bebidas etílicas. También vemos cómo se relacionan una constante y un escenario inesperado; el prohibicionismo-abstencionismo y la crisis por el Covid-19. Todo esto en el marco de una OMS dependiente de los intereses de sus mayores donantes.

Por Julio Rodriguez

El concepto de globalización es, posiblemente, uno de los que más acepciones se le pueden otorgar. En materia económica, las dimensiones de la globalización hacen referencia al libre mercado, a la internacionalización de los productos y también a la posición cada vez más dominante de las empresas multinacionales que a su vez, operan dentro de organismos internacionales (como la OMS) coartando derechos y suprimiendo libertades bajo la bandera del progreso capitalista.

Desde “La Mate” hemos publicado algunos artículos sobre las medidas abstencionistas que propone la Organización Mundial de la Salud, sobre “evitar el uso de alcohol en épocas de pandemia”. El comunicado publicado el martes 14 de abril trajo consecuencias e interrogantes que hemos abordado desde nuestro espacio. Desde entonces, hemos intentado iluminar un terreno que se nos presenta bastante oscuro ya que los dichos de la OMS no contemplan de ninguna manera a aquellas personas que padecen de consumo problemático de alcohol ni a aquellas que lo consumen sin problemas, coartándose, de alguna manera, sus derechos como consumidor. Decimos “de alguna manera” porque la OMS ha sugerido tomar estas medidas, pero no tiene la potestad de legislar ni obligar a los países a cumplir con sus designios. En este sentido, la ecuación parecería darse a la inversa. Entonces: ¿Quién o quiénes son los actores involucrados en estos mensajes con tintes prohibicionistas? ¿Cuáles son los intereses que se ciernen en torno a los discursos regulatorios?

Under pressure

Las empresas multinacionales se han extendido sin barreras a lo largo del mundo. Compran, venden y por supuesto; poseen intereses a escala mundial. La globalización falopa es justo esto: instalar una sociedad de consumo masivo, presionar a los estamentos gubernamentales y luego obligarlos a prohibir algunas de las sustancias que son elegidas para el consumo por motivos culturales e históricos de cada sociedad. 

Esto aumenta el valor específico de lo que se desea consumir, porque aumenta la demanda. Ante la falta de autonomía e independencia económica, los Estados ceden y achican el arco. En otras palabras, las medidas abstencionistas no resuelven, son más bien, un mecanismo de respuesta inacabado y sugestionado externamente. Les consumidores son el eslabón más débil de esta cadena. La prohibición no deja de ser un método de exclusión y estigmatización, sobre todo, cuando las condiciones básicas de acceso a la salud se ven diezmadas producto de la pandemia.

La financiación es la clave  

Hasta 1980 la OMS fue intrafinanciada. Un 80% del dinero provenía de sus Estados miembros y otro 20% de contribuciones voluntarias privadas.  En ese entonces, el organismo decidía cómo gastar ese dinero. Hoy en día es todo lo contrario. Las potencias económicas mundiales, no quieren una OMS fuerte, han congelado los presupuestos de libre circulación. Prefieren pagar contribuciones voluntarias para poder decidir qué hacer con ese dinero. 

Recientemente, Estado Unidos retiró su aporte a la OMS. La decisión de Trump fue blanco de fuertes críticas por todo el arco político mundial. Sobre los aportes de los estados, Jack Chow (Exembajador de EE. UU) afirmó en una entrevista para BBC Mundo que “son los donantes quienes establecen la agenda que debe seguir la OMS, en lugar de que esta obedezca a su criterio profesional”. 

Lo que más llama la atención es que el segundo miembro que más le aporta a la OMS no es un Estado, ni una ONG. Es una persona: Bill Gates, a través de su fundación Bill y Melinda Gates. Dejemos teorías conspirativas de lado, pero no abandonemos la suspicacia. Según los informes de aportantes voluntarios, el fundador de Microsoft aporta más de 350 millones de dólares. El magnate norteamericano no es el único. En tercer lugar, encontramos a las multinacionales químicas y farmacéuticas como Bayer, Glaxo, Novaritis y Sanofi, que traen aparejado a los fondos de inversión de alto riesgo que especulan con los tratamientos farmacológicos y la biotecnología.

Con la perspectiva prohibicionista que elige la ONU hace ya varias décadas, fue que la OMS interpeló a los países a restringir la venta de alcohol. Probablemente intentando contrarrestar las fake news que argumentaban que el consumo de alcohol elimina el virus. El Organismo, mediante el comunicado, buscaba derribar “ciertos mitos”, pero eligió repetir la fallida estrategia abstencionista para encarar un problema de raigambre mucho más profunda y compleja que demanda soluciones de fondo y no simples parches artificiales.

El abstencionismo todavía es hegemonía

Varios países han adoptado la tendencia prohibicionista, tal es el caso de Sudáfrica, que inclusive antes del comunicado optó por la prohibición de la venta de alcohol. Se dictaminó un bloqueo absoluto del país y de las libertades de sus habitantes. De esta forma se pone en riesgo a muchísimas personas dependientes al alcohol que podrían transitar un síndrome de abstinencia que en algunos casos es mortal. Temiendo la emigración de futuros infectados, el gobierno sudafricano decidió completar la construcción de una cerca a lo largo de su frontera principal. Esto no ha contribuido en lo absoluto a la reducción de contagios o a problemas sociales con los que el país ya venía lidiando. 

El gobierno de Estados Unidos no ha demostrado lealtad a la OMS, precisamente. Pero ocurre un fenómeno particular en aquelles consumidores que, al enterarse de esta noticia, se abarrotaron en las tiendas para abastecerse de bebidas alcohólicas en épocas de cuarentena. En este caso el discurso abstencionista logró un efecto contrario, aumentándose la venta de alcohol en un 25%. 

El caso de Panamá es un caso testigo en el cual la aplicación de este tipo de medidas restrictivas viene aparejada de un daño mayor, cuando éstas son sostenidas a corto – mediano plazo. La restricción fue decretada por las autoridades panameñas el día 24 de marzo. A tan sólo un mes, ya se han creado mercados paralelos de venta y distribución de todo tipo de alcoholes. Según el informe de Elizabeth Gonzalez para la CNN, se han decomisado en el día de ayer más de 600 cajas con contenido etílico. Vale preguntarnos, ¿es más riesgoso el alcohol con controles del Estado o licores de dudosa procedencia? También, asegura la policía panameña, que las trasgresiones a la ley son “Cada vez más frecuentes”.

Para algunes la restricción de venta de alcohol es una buena medida para reducir la violencia intrafamiliar; como en el caso de Groenlandia que registra la mayor cantidad de abusos sexuales en la niñez (1 de cada 3 habitantes lo ha padecido). 

Para otres, significa una supresión de derechos bajo un discurso hegemónico que especula con el miedo y la confinación de las personas debido al Covid-19. Los daños colaterales, van en ascenso.

El orden del discurso

Resulta interesante ampliar el espectro de opiniones y generar un buen debate sobre este tipo de mensajes. ¿Son producto del análisis de la comunidad científica o están cargados de connotaciones prohibicionistas que favorecen los intereses de algunos sectores de gran influencia en los mercados? ¿Es peor el remedio que la cura? ¿Cuáles son los verdaderos artífices de los discursos que inciden directamente en el pleno ejercicio de nuestros derechos? Lo cierto es que hace décadas, la ONU y la OMS, han perdido terreno en la toma de decisiones y han tenido un accionar deficiente en por lo menos 3 de las últimas grandes crisis sanitarias a nivel global: La explosión de la central nuclear en Fukuyama (2011), El modo de actuar durante la propagación del Ébola (2014-2016) y el reciente Coronavirus que azota al mundo entero.

El orden del discurso hegemónico adopta diversas formas y opera generalmente con el miedo y la desinformación. Les excluides del sistema se ven completamente atrapades en una construcción de sentido que los expulsa hacia otros aspectos de la marginalidad que aún no se han conocido. Desde esta perspectiva, la dicotomía global se posa entre ambos márgenes: la prohibición sustancial del pleno ejercicio de Derechos adquiridos y una sociedad alentada cada vez más hacia un consumo masivo. Justamente dentro de esos márgenes se prolifera la globalización más perversa: la globalización falopa.