El prohibicionismo es la incapacidad de educar al pueblo

En el marco de la pandemia e intentando indagar en el uso de drogas, Échele Cabeza realizó una encuesta para averiguar cómo cambiaron los hábitos de consumo durante la cuarentena. Otras Miradas entrevistó al sociólogo Julián Quintero, fundador de esta organización de reducción de riesgos y daños de las drogas que fue la primera en testear sustancias legalmente en Latinoamérica y es vanguardia en la región.

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A los 15 años, el pequeño Julián tuvo su primer experiencia con las drogas. con su mejor amigo de la época y, con ayuda del fumón del barrio, una noche se fumaron su primer porro.

Creció en un barrio popular de clase media y estudió en un colegio público en el que formó un grupo de amigues. Más adelante ese grupo estaría atravesado de distintas formas por las drogas. El papá de una piba terminó siendo un narco fuerte en la zona del Eje Cafetero, a uno de sus amigos lo mataron por temas de delincuencia, otro amigo terminó siendo empacador de cocaína con guantes de látex, otro es actualmente parte de la DEA en EEUU y él impulsa cambios en las políticas de drogas de Colombia, uno de los países que más sufre la violencia por el narcotráfico.

Desde bastante chico empezó a participar en revistas y medios de comunicación. Ya para 1996 llegó a coordinar la pagina de jóvenes del diario El Otún de Pereira y en 1999 entró a la Escuela de Periodismo del periódico El Tiempo. Aprendió un montón, pero también conoció el lado inhumano y falso del oficio. Con 21 años sus jefes lo obligaron a escribir algo que no quería y el periodismo le dejó de cerrar. Aunque le encanta escribir, decidió retirarse.

Más adelante se recibió de sociólogo por la Universidad Nacional de Colombia y actualmente también trabaja ahí. Tiene una Maestría en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Salamanca. Luego de conocer Energy Control en España quiso llevar la idea a Colombia y fundó la Corporación Acción Técnica Social en el año 2008, y con el empujón de diferentes estamentos del estado generaron una ruptura en el abordaje del consumo de drogas. Desde esta organización surgió Échele Cabeza Cuando se dé en la Cabeza, un proyecto que introdujo al país las estrategias de reducción de riesgos y daños en materia de drogas.

Este proyecto de innovación social permitió realizar legalmente análisis de sustancias en espacios de nocturnidad y fogonear el debate por la reforma en el diseño de políticas públicas. Actualmente desarrollan estrategias para la reforma de las políticas de drogas, la creación de mercados regulados de sustancias a través de estudios prospectivos e incidencia parlamentaria y el año pasado empezaron un proceso de contratación para ayudar al estado con el primer estudio de drogas de síntesis en Colombia.

En el marco de la pandemia e intentando indagar en el uso de drogas, Échele Cabeza realizó una encuesta para averiguar cómo cambiaron los hábitos de consumo durante la cuarentena. Entrevistamos al sociólogo Julián Quintero, fundador de esta organización de reducción de riesgos y daños de las droga, la primera en testear sustancias legalmente en Latinoamérica y vanguardia en la región.

LOS CAMBIOS QUE LOGRARON

¿Qué transformaciones han notado que se dieron en el territorio que ustedes trabajan y de qué manera influyen sus investigaciones y los resultados en el diseño de políticas de drogas en Colombia?

Los cambios se dieron y se siguen dando en muchos niveles. Entre el año 2013 y 2015 hicimos un estudio del impacto que tienen las acciones de reducción de riesgo y daño (RRDD) en la salud pública y pudimos observar un gran descenso en el ingreso por intoxicaciones a los servicios de salud de la ciudad de Bogotá. Casi todas las intoxicaciones se redujeron, especialmente las asociadas a MDMA, LSD, Cannabis y alcohol. Lo cierto es que puede haber una relación con nuestras acciones porque nosotros éramos los únicos que trabajamos para reducir la intoxicación, no trabajamos en prevención y tampoco en tratamiento. Entonces hay un impacto que es significativo en términos de salud pública porque es medible y concreto.

Otra cuestión que evidencia un impacto directo es que en las políticas públicas a nivel nacional y a nivel local se logró vincular lineamientos y estrategias que nosotros hemos sacado adelante en la región. Hoy en día hay ciertos temas como la participación de los consumidores, la RRDD en espacios de fiesta o los servicios de análisis de sustancias, que ya están siendo consideradas en documentos, leyes y normas que existen en Colombia. 

Creemos que también ha habido un cambio en el discurso mediático y político. Hace diez años cuando empezamos a hablar de RRDD o consumo responsable, lo primero que nos decían era que estábamos haciendo promoción del consumo o como se le dice acá: “alcahuetería”.

Hoy en día ni siquiera los más ineptos periodistas del mainstream se atreven a asociar la RRDD con la promoción del consumo, lo reconocen como prácticas para aminorar el impacto negativo de una cosa que se da.

El cambio también se evidencia en una tensión muy fuerte con las líneas clásicas de atención al consumo: con la psiquiatría, la psicología, con la medicina, que redujeron el abordaje del tema solamente a un problema de salud mental, o salud física y hoy en día las interpretaciones sociológicas, antropológicas, integrales y funcionales han tomado mucha fuerza, es una tensión constante que tenemos. 

Podemos decir que han logrado vincularse de manera muy exitosa con el sector estatal…

Sí. Por ejemplo, la relación con la fuerzas de seguridad es encantadora, por lo menos la que tenemos nosotros particularmente. Muchas veces no es lo mismo el trato que tienen los policías rasos con los consumidores en la calle, pero

actualmente tenemos una muy buena relación con la policía antinarcóticos en Colombia.

Nos intercambiamos información relacionada con muestras, precios, y otras cosas pero en ningún momento información de consumidores ni de tráfico, eso no es lo nuestro. Digamos que efectivamente podemos estar en grandes festivales porque cuando llega el comandante de la policía de ese festival y nos pregunta con quién trabajamos, nosotros decimos que estamos con Antinarcóticos y nos permitan trabajar. Entonces, ha habido una sensibilización política-técnica de la fuerza pública y de los medios, se ha abierto muy bien la baranda. 

Además hay algo que nos entretiene mucho pensarlo y es que trabajamos con una generación que cuando tomó la decisión de empezar a drogarse, nosotros ya existíamos. Primero nos tocó informar a una generación que sólo se educó a través de la experiencia y de los malos viajes, y ahora también somos los guías o educadores de una nueva generación. Hoy en día vemos los cambios en prácticas de consumo muy diferentes. Si a nuestros padres o a nuestra generación nos hubiesen enseñado a consumir alcohol como nosotros le estamos enseñando a los chicos a consumir pepas, creo que la relación con las sustancias sería muy diferente. 

NARCOTRÁFICO Y POLÍTICA DE DROGAS

¿Qué lugar ocupa el tráfico de cocaína en la economía nacional en Colombia? 

Nosotros somos muy del mundo del consumo y nos abocamos más a eso pero desde hace unos 20 años, yo he venido estudiando el narcotráfico en términos grandes. Desde ese entonces venimos registrando experiencias y haciendo cálculos matemáticos de por qué razón Colombia no entraba en una gran recesión económica, como sí la habían tenido ustedes con el corralito, o la dolarización ecuatoriana, o lo que le pasó a Perú, a Brasil. Con el tiempo pudimos observar que el dinero en efectivo que entra a la economía colombiana es lo que permite que se sostenga. 

En los últimos dos años, la Asociación de Bancos de Colombia, la institución pública encargada de la planeación nacional y los que se encargan de medir el desarrollo, han reconocido que el aporte del narcotráfico al PBI en Colombia está entre el 2.5 y el 3.5% anual.

Y aunque eso no es lo que la impulsa ni lo que dinamiza la economía colombiana, sí es lo que la sostiene. Claramente aquí pueden haber alrededor de 150.000 y 200.000 personas que viven legalmente de perseguir el narcotráfico, entre policías, vendedores de proveedores, entre proveedores, entre todos los que financian la guerra contra el narcotráfico. Por otro lado existe una economía, entre 750.000 y un millón de personas, que viven de manera directa o indirecta de la economía del narcotráfico: quienes lavan el dinero, quienes están en el campo, los campesinos, mucha gente.

Se calcula que aquí a Colombia sólo llega entre el 5 y el 10% del total del dinero del narcotráfico, porque la plata realmente se queda en la intermediación y en EEUU la reparten.

Más allá de esa cifra, desafortunadamente quienes ostentan ese negocio de perseguir el narcotráfico saben y van a hacer todo lo posible porque ese negocio no se democratice y mucho menos se regularice. Incluso aunque ese dinero y esos impuestos puedan llegar a las arcas del Estado y lleguen a financiar educación, deporte, cultura, salud, como se necesita ahora. Nuestra pelea va a ser dura, pero calculamos que en esta década vamos a tener cocaína regulada en Colombia para el mundo. 

¿Desde una perspectiva continental, que lugar ocupa Colombia en la exportación de cocaína?

Creo que Colombia no tiene la mejor cocaína pero sí tiene la mayor cantidad de cocaína. La calidad tiene que ver mucho con que de alguna manera la interdicción y la persecución han impactado en la producción de alta pureza en grandes cantidades. Eso no pasa en países como Perú o Bolivia a donde es fácil conseguir químicos para la finalización de la cristalización y por su volumen también hay prácticas artesanales que lo permiten. En Colombia se produce por grandes cantidades, demasiado, tanto que lo que hemos leído últimamente es que los carteles mexicanos están comprando la pasta base en Colombia y están terminando de cristalizar en algunos países como África o centroamérica, para llegar al punto de pureza que tiene. 

El narcotráfico en Colombia ha logrado penetrar e impregnarse en tantas diferentes esferas de la sociedad, que le ha permitido una alta productividad y competencia en términos de un producto. Es decir, quítale la ilegalidad y tómalo como un producto comercial cualquiera y eso es lo que hace que aquí pueda haber una mayor ganancia en relación costo-beneficio. Aquí es donde menos se invierte, es donde más se sabe cultivar, donde más se sabe corromper el Estado, donde más se sabe hacer submarinos. En diez años logramos tener en Colombia niveles de desarrollos en submarinos para contrabando que la industria normal de los submarinos se demoró cuarenta años en tener. Se lograron afinar mucho las prácticas de siembra, producción y distribución, ese es el papel que juega frente al mundo, porque además tenemos una cultura que lo permite. Están todos dispuestos a lavar dinero, hay una política que se deja corromper, sabemos empacarlo y llevarlo muy bien. 

Ahorita estamos jugando un papel muy importante porque Colombia es el punto de distribución de drogas de síntesis para América Latina. Muchas drogas llegan aquí y desde aquí se reparte casi todo, el MDMA pasa mucho por acá, este nuevo polvo rosado que se inventaron: el Tusi, está saliendo de acá. No olvides que también exportamos mil toneladas de marihuana al año para el mercado ilegal, especialmente a Sudamérica y Brasil. Pero el gran negocio es el de la cocaína: llega a doscientas mil toneladas.

 

DROGAS Y CUARENTENA

¿Qué lectura hacés de los cambios en el consumo de sustancias en cuarentena?

Venimos trabajando mucho este tema en las últimas semanas. Hay que tener en cuenta que quienes están atravesando un consumo problemático en habitabilidad de calle, especialmente para consumos de heroína, paco o alcohol, son altamente vulnerables y la abstinencia no les deja permanecer en una cuarentena. Están en las calles buscando la sustancias, buscando cómo comprarlas. Se mueven mucho y son casi una bomba biológica altamente vulnerable, tienen enfermedades, co-morbilidades, casi todas son respiratorias, entonces son el nido perfecto para que el COVID-19 haga destrucción.

No solamente eso, hay un síndrome de abstinencia que está generando problemas en este momento, hay mucho dolor en las calles pero el Estado no está teniendo la capacidad de responder a ese dolor. No hay metadona, no hay benzodiacepinas, no hay tratamientos alternativos, no hay capacidad. Esto develó un problema que data de mucho tiempo.

Lo que se viene en las próximas semanas, cuando vuelvan a abrirse los mercados va a ser una crisis de sobredosis muy fuerte.

Cuando se vuelva a conseguir otra vez heroína o pasta base la gente va a tener mucha ansiedad por volver a consumir y ya no van a tener la misma tolerancia, vamos a ver una crisis fuerte.  

El 90% de los usuarios que están en sus casas y tienen una vida relativamente normal, están empezando a ver los impactos de la abstinencia recién esta semana. En Colombia llevamos 3 o 4 semanas de encierro, los síndromes no se van a manifestar en la primera semana como ocurrió con los que están en la calle, sino en la tercera o cuarta semana. Son manifestaciones que muchos no conocen porque nunca las han tenido, porque siempre han accedido a las sustancias. Algo que nos llama mucho la atención es la abstinencia al cannabis. La mayoría de usuarios cannabicos creía que no tenían dependencia porque “es natural”, porque fumaban todos los días, porque nunca han tenido problemas en conseguirla, pero en estas circunstancias llevan días sin cannabis y han sentido el impacto físico y psicológico. Esto está afectando mucho la convivencia, la violencia intrafamiliar y de género, la productividad, etc. 

Por otro lado están los abusos, estamos viendo que hay un abuso fuerte sobretodo en sustancias legales como el alcohol y el tabaco, pero también hay un aumento de consumo de cafeína y de té. Creemos que eso está empezando a tener una relación muy fuerte con el teletrabajo, la productividad y posiblemente vaya a estar teniendo un impacto en lo que es el stress y el insomnio que están empezando a presentar las personas. 

Vemos que mucha gente está´teniendo ansiedad por volver a salir, por volver a consumir, por estar con sus amigos. Claramente ha disminuido el consumo de las sustancias que son más sociales como la cocaína o el MDMA, las que son para encontrarse con el ambiente como los psicodélicos y ha aumentado el consumo de las sustancias que son más relajantes o antidepresivas. 

¿Podrías darnos algunos datos que arrojó la encuesta que hicieron a 1200 usuaries sobre el consumo de sustancias en cuarentena?

El 92% de las personas dijeron que las sustancias las habían ayudado a sobrellevar la pandemia, lo que delata que de alguna manera siempre estamos hablando de lo negativo y de las consecuencias pero también tiene un lado positivo. Hay personas que experimentaron con drogas por primera vez a causa de la cuarentena.

El 32% reconocieron tener una abstinencia y el 44% se dieron cuenta de que si tenían dependencia a alguna sustancia.

Se manifiesta en los varones más de manera física con sudoración o temblor y en las mujeres de manera psicológica, con depresión, tristeza, pensamientos desastrosos. El 62% prometió reducir su consumo.

Lo otro que vimos es que esta pandemia aceleró los procesos de virtualización y entrega de sustancias: el 65% salió a recibir las drogas en un lugar, es decir que rompió la cuarentena y se la entregaron. Un 40% lo recibió por vías de mensajería tradicional, o por aplicaciones de envíos. Lo mismo con el tema del pago, solamente el 80% lo pagó directamente y hay un 12 o 15% que lo pagó a través de plataformas, billeteras virtuales o transferencias bancarias. 

Para leer el informe completo hacé click acá.

 

En Argentina hay 50 municipios y 8 provincias que implementaron prohibiciones a la venta de alcohol, en Colombia también lo intentaron, ¿Qué pensar de esta nueva ley seca?

—Se tienta de risa antes de responder— Jueputa aqui no pudieron, aquí la vicepresidenta lo pidió y el presidente le dijo que no. Es de las pocas cosas en las que hemos estado de acuerdo con él.

El prohibicionismo no es más que la demostración de la incapacidad de los gobernantes de educar a su pueblo,

lo que demuestra es que no tiene una capacidad de contención, no confían en la educación de la gente, no tienen medidas terapéuticas, no tienen línea de atención, esa es la tristeza que nos da con estas medidas. Como el alcohol está tan naturalizado, los niveles de dependencia son muy altos y los niveles de consumo también, tener una prohibición de este tipo puede desencadenar en cuadros complejos de abstinencia que puedan generar irritabilidad y derivar en problemas de convivencia fuertes, como el maltrato intrafamiliar, pero por otro lado puede llevar a la sustitución por otras sustancias que puedan ser ilegales o legales. Las personas van a querer reemplazar esa ansiedad por otra sustancia, entonces las impulsa a este tipo de prácticas. Lo otro es que claramente aumentaría el tráfico ilegal, lo que pone a las personas en riesgo porque es donde entran a jugar los licores artesanales y los licores adulterados, seguramente van a estar ahí. Pero esto es solamente desde el análisis y la experiencia, son muchas otras las situaciones que pueden llegar a pasar que uno no se imagina. También puede aumentar el precio, disminuir la calidad… como siempre, y seguramente vamos a tener un aumento en las situaciones problemáticas y los indicadores de alto impacto social como los accidentes de movilidad, las riñas, las lesiones personales, una vez que se levante la cuarentena y la gente quiera beberse todo lo que no le dejaron hacer estas semanas.