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Algunos apuntes sobre Parasite

Este verano no tuvo hit oficial, pero sí tuvo una película que generó un interés mundial pocas veces visto para una película surcoreana. Parasite narra la historia de una familia de clase baja de Seúl que se va infiltrando en la casa de una familia rica, y su visionado dispara algunas ideas ricas e inquietantes sobre nuestro mundo y nuestro futuro. En esta nota, Octavio Gallo tira algunas impresiones sueltas, como pedacitos de pensamiento.

  • Parasite narra la historia de una familia de clase baja de Seúl que se va infiltrando en la casa de una familia rica. Lo que más me sorprendió y me gustó la primera vez que la vi fue su libertad estilística. La película transita géneros muy disímiles entre sí: primero es comedia, después suspenso, después adquiere un fuerte tinte de crítica social y termina de forma sangrienta, sin olvidar los elementos fantásticos y dramáticos.
  • La película narra la invasión progresiva de intrusos en un hogar lujoso, pero lo más rico es lo que sugiere, que es la otra cara: la interrupción del apacible curso natural de las vidas para los ricos que lo habitaban. 
  • La primera mitad de la película transcurre como comedia, hasta que el sonido del timbre produce un corte. A partir de ahí, Bong Joon-ho despliega un arsenal de recursos de fuerte impacto: desquiciados mentales encerrados en sótanos, inundaciones, asesinatos en cumpleaños infantiles. A la par de esto, el contraste entre la familia rica y la familia pobre se acentúa. De pronto a la familia pobre, que ya sabíamos que era pobre, se le inunda la casa y le empieza a salir mierda del inodoro. De pronto a la familia rica, que ya sabíamos que era rica, se le ocurre festejar el cumpleaños del hijo menor con una fiesta lujosísima que incluye manjares, vinos espumantes, vestidos blancos y violines; y, para llevarla a cabo, obliga a realizar horas extras a la familia pobre, que estaba iniciando el domingo (en realidad no sé qué día era, pero: ¿o no que sí o sí tiene que haber sido un domingo?) en un centro de evacuados. 
  • El asco con el que el sr. Kim reacciona al mal olor de Geun-sae también es poco sutil, pero está bien porque es verdadero. El odio de clase muchas veces se cristaliza por cuestiones viscerales, corporales, estéticas.
  • Casa Tomada fue publicado por Julio Cortázar en 1946, y cuenta una historia similar. La diferencia es que, en Casa Tomada, la historia se narra desde la perspectiva de los ricos, una pareja de hermanos terratenientes que vive en una casa en la que “podrían vivir ocho personas sin estorbarse”, que no necesita trabajar porque sus campos les rinden un montón de plata mensualmente, y que dedica sus días a la contemplación, al tejido y a la literatura francesa. Un día, el protagonista se levanta y escucha ruidos en un sector de la casa. Entonces, cierra con llave la puerta del pasillo y le comunica a su hermana: “han tomado la parte del fondo”. A partir de ese momento, todo se desarrolla muy rápido. Los hermanos todavía no se habían acostumbrado del todo a vivir en un solo lado de la casa, cuando el protagonista se levanta en medio de la noche y escucha ruidos en la cocina. Agarra a la hermana y salen a la calle: su casa ya no es su casa. Llama la atención la nula resistencia que oponen ante los intrusos. Los hermanos parecen resignados a la invasión: se van adaptando hasta que, cuando es total, simplemente abandonan la casa. 
  • Casa Tomada puede ser leída como una metáfora de Parasite. Así se hubieran sentido el sr. Kim y su esposa si hubieran sabido lo que les esperaba y no hubieran podido o querido hacer nada por evitarlo. 
  • En Casa Tomada no sabemos absolutamente nada de los intrusos. No sabemos ni quiénes son, ni cuántos son, ni cómo son, ni por qué están ahí. No interesa, porque Casa Tomada pone el foco en el lado de enfrente del de Parasite: la interrupción del apacible curso natural de las vidas de los ricos. 
  • Cuando un artista se enfrenta a una historia (sí, es un enfrentamiento, hay vencedor y vencido), elige un punto de vista: cuenta la historia desde el punto de vista de los que invaden o desde el punto de vista de los que son invadidos. Ese momento de decisión es, para mí, el más importante y el más fascinante del proceso creativo. En ese momento está el arte.
  • Los ricos se chocan con el desastre, se chocan con el caos, se chocan con la violencia, se chocan con el desarraigo. Los ricos se chocan con las condiciones normales de vida de los pobres, esas que se esfuerzan en ignorar. “You will never understand how it feels to live your life with no meaning or control and with nowhere left to go”, canta Jarvis Cocker en “Common People”. Este choque está sucediendo: vivimos en un un mundo de hielos derretidos y selvas incendiadas en el que una generación entera se deberá acostumbrar a la precarización laboral y a ser eternos inquilinos.
  • Ningún rico es tan ingenuo como en Parasite ni tan dócil como en Casa Tomada. En la vida real es al revés: la obstinación tenaz de los ricos en la defensa de sus privilegios y de su capital provoca que el resto mire cada vez más de cerca el precipicio.
  • Algunas situaciones de la vida real en las que los pobres invaden (o invadieron) el territorio de los ricos:
    La inundación de 2003 en Santa Fe. 140 mil personas desplazadas del cordón oeste que invadieron la porción rica y blanca de la ciudad. Nuestra historia se divide entre los que se inundaron y los que escuchamos la inundación por radio.
    El 17 de octubre de 1945. Una multitud de obreros del conurbano llenan la Plaza de Mayo para pedir la liberación de Perón. El diputado de la Unión Cívica Radical Ernesto Sanmartino lo describió como “un aluvión zoológico”.
    La Costanera cada fin de semana. Adjunto título y bajada de una nota publicada en Diario Uno el 3 de enero de 2020: “Vecinos denuncian noches de descontrol, sexo y drogas. Las cámaras de seguridad de la zona de Pedro Ferré al 700, a dos cuadras de la Costanera, capturaron imágenes elocuentes del desmadre y libertinaje de los jóvenes por las noches”.