Keili Gonzalez: “A las travas nos mueve el hambre y la desidia”

Texto de Nicolás Bitschin

El travestismo es un posicionamiento político y Keili siempre supo eso. Supo resignificar todo el dolor y la violencia recibida de un mundo pensado para unes poques y convertirlo en militancia y amor por les otres. Supo entender que el mundo está desgarrado y que lo tenemos que construir nuevamente, para crear uno en el que todes quepamos.

Conocerla es conocer la fuerza, las ganas, la revolución. Es sentirse reconocide, abrazade e irrumpide. Es repensarse y repensar todo. Es entender que somos una constante construcción y que nada de nuestra vida es estático.

Keili hoy es la primera precandidata trava de la historia entrerriana, y eso incomoda, perturba la política conservadora y propone nuevas formas de pensar las corporalidades en los espacios públicos. Me siento privilegiado al decir que puedo compartir las calles con ella y que puedo abrazarla cuando la veo, porque ese abrazo es realmente amoroso, cálido y acogedor. Tuve el placer de poder entrevistarla, espero que todes puedan sentir lo mismo al leerla.

 

—¿Cómo fue la propuesta y por qué decidiste aceptarla?

—Lo veníamos charlando hace mucho tiempo con Nadia. Yo era reacia a integrar el armado de una lista por mis críticas a las estructuras partidarias. Sin dudas, yo soy trotska y el espacio que tenía como eje ideológico las consignas que yo alzo era el Movimiento Social de los Trabajadores (MST) y porque el activismo lo había transitado con compañeras militantes del MST.

Entre charlas, me pareció que en estos lugares de decisión deben estar las travas, porque en el mismo movimiento existe una invisibilización: a las estructuras partidarias nunca se les abrió el panorama a poder pensar a las corporalidades travas como una cuestión transversal en sus espacios. Cuando ví la posibilidad de pensarlo, eso para mí ya era un montón. Decidirlo, imaginate. Fue trabajado de manera conjunta con todas mis compañeras, con mis hermanas de la vida: con las travas, con las tortas, las maricas. Yo dialogué cada cosa que iba dialogando con el partido: cada propuesta, cada intención, evaluando que en las elecciones había una probabilidad de que ingresara. Entonces también se tenía que poner en el debate la enorme posibilidad de que ingrese a la cámara baja. Qué lugar iba a ocupar. Si había intenciones, cuáles eran las proyectos que elles tenían. Qué se contemplaba si ingresaba la izquierda, para que en el equipo de asesores estén las compañeras travas. Un montón de debates que para mí eran de suma importancia. Yo me senté, me acuerdo, primero en mateadas con algunas. Después, en las cenas en mi casa. En la salida repartiendo profilácticos iba preguntando: qué creían, qué pensaban, si lo pensaban factible. Primero, había una gran resistencia, porque las compañeras descreen de todo lo que sea político partidario porque su vida está en la clandestinidad absoluta y eso es producto de las estructuras tradicionales de la vieja política. Entonces, más allá de que yo estaba negada a ocupar un espacio en un partido, para mí el MST estaba fuera de esas estructuras tradicionales, y de alguna manera eran aliadas a un montón de causas que yo defendía. Entonces fue eso: la propuesta de Nadia (Burgos), con Gina (Turtula) y Luna (Badaracco). Empezamos a charlar y llegó un momento en el que dije que iba a acompañar activamente. Después empezaron las negociaciones sobre cuál era el lugar y esas cosas, que era diálogo en realidad: las compañeras siempre tuvieron la intención de que si las travas íbamos tenía que ser dentro de los primeros lugares, porque es la manera de poner en el tapete el debate de por qué nunca estuvimos o estamos en esos lugares de preponderancia.

 

—¿Qué significó a lo largo de tu vida posicionarte políticamente como trava?

—Primero pensarme como trava era muy doloroso, porque la sociedad me había enseñado que ser trava era sinónimo de sentir vergüenza, que tenía conexión a lo delictivo, a lo prostitutivo. Ser trava era ser ciudadana de cuarta, eso me parecía demasiado. Y el acto de ser trava me parecía una posición política.

En una charla a la que me habían convocado en una universidad de Buenos Aires se debatía sobre estas estructuras que las travas atravesamos. Yo en ese momento me posicionaba como mujer trans, era mi categoría identitaria. Comprender que la adjetivación era un mero accesorio del patriarcado y el heterosexismo, rompió una estructura: yo tenía que armarme nuevamente, porque ahí había aprendido a resignificarme como trava, a sentir orgullo de eso. Todo lo que yo había atravesado, todo el dolor que había sufrido era porque la sociedad se negaba a reconocerme como una trava sujeta de derechos. Entonces poder darme cuenta, siendo una adolescente, era muy fuerte para mí: yo siempre me había concebido como mujer. Me habían enseñado que ser femenina provenía de un sujeto muy biologicista, heterosexista. Una construcción, por supuesto, sociocultural pero que tenía conexión con lo genital. Era una lectura muy profunda, porque yo ahí tenía que proponer otra cosa, yo ya había abandonado ese ser mujer porque pertenecía a una hegemonía binaria con privilegio para proponer otra categoría identitaria subversiva desde lo más denigrante. Justamente, resignificar esa ciudadana de cuarta, de la pobreza además -yo no era una trava con privilegio, era una trava pobre-. Era armarme estratégicamente para decir “bueno, estoy plantada acá, desde este lugar”. Y que esas estrategias no sean la violencia que yo había recibido.

En la famosa frase: “En una sociedad que nos ha educado para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política” (Carlos Jáuregui), ahí estaba la clave. El orgullo de ser trava: esa palabra con la cual me habían insultado: “trabuco, travesaño”. Es tan fuerte, tan valiosa, tan poderosa.

Ahí fue la primera vez que marché con un cartelito que decía: “aquí va esta trava que está presente”. Y fue muy fuerte, porque era lo que habíamos hablado con las grandes; lo que yo había hablado con Claudia Pía, por ejemplo, y no lo entendía, porque era muy chica. Entonces, hablando con las mías, con las mías hablo de las nogoyaseras, de las nogoyaenses, eso fue muy importante para nosotras. Bancamos la diferencia de ser travesti, pero no bancamos esa diferencia que ponen, deslegitimando la lucha, que le es servil a un sistema primero o a un feminismo radical que busca eliminar, porque es genocida de la otredad. No para serle funcional a eso y mucho menos para bancar una diferencia que estigmatice, denigre o excluya y descarte nuestras identidades y, en consecuencia, las corporalidades. Sino que bancamos la diferencia como sujetas capaces de transformar,  mediante el transfeminismo como herramienta, la sociedad, que es una sociedad fracasada producto primero del heteropatriarcado y del sistema capitalista y clerical.

 

—¿Qué impacto en las mentalidades de les entrerrianes, inclusive de les argentines, supones que provocará tu candidatura? ¿Pensás que este hecho será motivo de avance en la lucha por la conquista de derechos de la comunidad LGBTIQ+?

—No puedo pensar el impacto pero puedo hacer un análisis muy superficial y subjetivo. Puedo pensar que en una sociedad que piensa al travestismo en el último nivel del interés social, hablando de sus problemáticas, en una sociedad que nos pensaba fuera de cualquier cuadrilla de temáticas de interés social. La mentalidad no tiene que ver con la entrerriana sino con la de una sociedad que está normada con privilegios para les heterosexuales, para el varón, para los que cumplan con los mandatos de la masculinidad y de la feminidad. Argentina no es excluyente a un mundo capitalista. No creo que la mirada de mi candidatura solamente impacte por ser entrerriana y argentina. Lo que pienso por allí, es que mi candidatura es sinónimo de resistencia. Cuando me acuerdo de este diputado gay (Jean Wyllys) que tuvo escapar de Brasil por temor y miedo luego de la asunción de Bolsonaro… Pienso que Brasil está a un paso. Y tiene conexiones simbólicas con lo que nosotres atravesamos en nuestro país. Mi candidatura tenía que ver con poner en debate cuestiones que vemos obviadas por un gobierno neoliberal y odiante que tiene en claro para quién quiere gobernar, y claramente no lo quiere para las disidencias sexuales y afectivas. El reconocimiento es reparación, y Macri no es eso. Y mucho menos el gobierno cómplice de la provincia, que es un lavado de cara terrible, que no genera política pública que allanen el camino para que nosotras tengamos una vida, como dice la (Alicia) Naput, más vivible. Poder hacer esa lectura me generaba primero dolor, porque no puedo decir que no me duele esta sociedad diseñada para ciudadanas de primera, de segunda, de tercera. Segundo, porque creo que es una conquista del colectivo trava-trans y de toda la disidencia sexual y afectiva que adopta nuestra lucha como propia porque entiende que nuestras problemáticas son las más agravantes considerando que tenemos un promedio de vida de 32 años. Y además porque debemos ser las únicas del colectivo LGBTIQ+ que no estamos incorporadas al sistema público. De hecho, en los paros, somos casi las únicas corporalidades que no podemos parar porque no estamos incorporadas ¿Parar a qué? ¿Al sistema prostitutivo y no comer al otro día? Entonces, es también de alguna manera llevar el debate al transfeminismo y al feminismo que sectoriza y que no nos pone en preponderancia o no ensalsa nuestras problemáticas en el abordaje integral. Eso es una conquista colectiva. Independientemente de que mis compañeras travas me acompañen con el voto en el proyecto que yo represento, lo que a mí me importa es que mis compañeras travas y las que incorporan la lucha como propia, acompañen la candidatura, y eso para mí es un abrazo.

Quisiera que en todos los partidos políticos haya compañeras travas y que se las reconozca, que se reparen tantos años de dolor, de crueldad, de violencia, de omisión, de desidia.

Entonces, se trata de eso. Es una conquista. Independientemente de que ingrese o no ¿Hay posibilidades? Sí, todas. Pero si no ingreso, también considero que es un triunfo. Transitar esta lista acompañada de compañeras feministas la verdad es que no es menor. Hoy soy yo la primera entrerriana, aunque hubieran podido ser muchas otras, porque hay muchas compañeras militantes fuertes. Entre Ríos es producto de una militancia horizontal, no tiene personalismos, no tiene una Lohana, no tiene una Diana, no tiene una Maite: nosotras somos las entrerrianas, producto de una militancia colectiva y organizada. Y eso me llena de orgullo porque eso es producto de la voluntad de todas, independientemente de los sectores ideológicos de los que participamos. Y considerar que nos mueve el amor, el deseo y, por supuesto, el hambre y la desidia. Y eso no hay que dejarlo afuera.

 

—Pensarte en la legislatura es romper con muchas estructuras de la política moderna ¿Cómo pensás que tu cuerpo, que no es cis-heteronormado, impactará en la cámara y en la política tradicional?

—Las estructuras partidarias son binarias, en el armado de listas: mujer, varón, mujer, varón. Tiene que haber un 30% de incorporación femenina y yo entro allí. Primero me parece una ruptura de estructuras en la política tradicional y en lo que está insertado en lo normado, en lo establecido, en las posibilidades donde se hace márgenes a determinades cuerpes. La cámara baja es el fiel reflejo de la sociedad: la sociedad es así por las decisiones políticas tradicionales. Y eso se va a ver reflejado en este esquema. Yo me propongo encarnar el Movimiento Social de los Trabajadores porque lo que no queremos es la misma política en diferentes manos, y eso es importante llevarlo a la práctica.

 

—Entiendo que tu forma de militancia política siempre fue en la calle de la mano de tus compañeres, ¿por qué consideras necesario o deseas hoy irrumpir en estos espacios?

—Mi candidatura va a obligar a repensar estas estructuras tradicionales y creo que la militancia debería entender que esto ya no es aceptado nunca más. Hay muchos partidos que dicen acompañar nuestras banderas pero ni siquiera abren las posibilidades a proponer personas de la disidencia sexual y afectiva como candidates, y si les ponen es al mejor estilo relleno en lugares donde no puedan tomar decisiones y eso no es inclusión, es discurso. Yo tengo compañeras que han transitado por otros partidos y son compañeras muy valiosas y no es menor que nosotras comencemos a ocupar estos espacios que nos han sido negados históricamente. Nosotras sabemos de vivir en la desidia, en la clandestinidad y nos ha demandado aprender a diseñar estrategias para poder sobrevivir en un mundo que no es para nosotras. Entonces no solamente sabemos hablar de nuestras problemáticas en materia de género, podemos hablar de la situación económica porque estamos atravesadas por eso, podemos hablar cómo funciona el sistema público de salud, la falta de acceso a viviendas de las personas de nuestro colectivo y de otras, de una nueva forma de hacer ecología, de una nueva forma de producción, sobre las instituciones y cómo funciona el sistema público educativo: la falta de Educación Sexual Integral, cómo repercute eso en las corporalidades de les niñes.

Podemos hablar de un montón de cosas, nuestra vida es un curriculum vitae.

La sociedad continuamente nos exige estar mostrando capacidades cuando eso no sucede en la heterosexualidad, nos encontramos subordinadas. Vos fijate que el sistema prostitutivo diseña estrategias, aún del sembrado: se sabe cuándo se siembra, en qué momento pasan, cuándo va a ser el fuerte, cuándo tienen que juntar plata para poder estirar porque la prostitución muere. Fijate que hasta eso: hacer un cronograma según el sembrado. Las travestis manejan un montón de cuestiones de la economía, cómo sobrevivir y cómo hacer de los dos pesos que me entraron hoy para estirarlos, es una locura. Sabemos sobre un montón de problemáticas que parecen muy minúsculas pero es el fiel reflejo de las estrategias que diseñamos como pobres, desclasadas de una sociedad que no nos ha permitido ser.

 

—¿Cuáles son las causas o hechos sociales en los que pensás poner especial atención y trabajo?

—Pienso en el campo de lo social, de poder hacer una vida más vivible en lo cotidiano como, por ejemplo, garantizar fuentes laborales, cupo laboral trans, casas de refugios para compañeras en situación de calle, poder legislar para las personas que adoptan al trabajo sexual como un trabajo y poder garantizar que las compañeras que quieran salir de la prostitución, puedan tener otras herramientas. Una declaración de emergencia provincial por violencia de género, entendiendo la enorme cantidad de denuncias y que existe una desidia del Estado y que después se ven obligadas a volver a sus casas. Propuestas para que los políticos cobren igual que un directivo docente, que la democracia sea revertida por una democracia social, comandada por trabajadores y trabajadoras. Que se elimine la concepción de que solo podemos estar gobernades por terratenientes que sólo van a garantizar la pobreza del pueblo. Proponer que les hijes de les funcionaries vayan a escuelas públicas, para que eso ideológicamente ponga en énfasis la situación que atraviesa una sociedad que ve en el sistema público la única posibilidad de poder dignificarse como sujetes de derechos. La contaminación es uno de los problemas que acoge nuestro territorio. Creo que el debate va a insertar nuevos paradigmas y es hablar con otras corporalidades con otro lenguaje, hablar el lenguaje del barrio, de la villa, de la pobreza, de la estigmatización. Es nuestras voces rompiendo con esas que son privilegiadas, que históricamente fueron reconocidas y legitimadas por una sociedad que les permitió llevar adelante la sociedad que hoy tenemos: fracasada. Estamos así producto de las malas decisiones. Y creo que la corporalidad travesti allí es producto de una organización colectiva, y ahí están las voces de mis compañeras independientemente de que acompañen el proyecto o no.

Foto de Brenda Luciana Gonzalez